
Desde el diagnóstico sobre el agotamiento del fósforo hasta las prácticas para mejorar la salud del suelo, especialistas internacionales coincidieron en que todavía es posible revertir el deterioro, pero advirtieron que el cambio debe comenzar ahora.
Al analizar la pérdida de resiliencia de los suelos agrícolas argentinos y las estrategias para recuperarla el brasileño Leonardus Vergütz, Chief Scientific Officer en OCP Nutricrops, aseguró que “es posible revertir el daño de los suelos argentinos”, pero advirtió que “el cambio es urgente y necesario”. Según explicó, Argentina cuenta con suelos de alta fertilidad que durante décadas fueron sometidos a una extracción de nutrientes superior a la reposición, especialmente en el caso del fósforo.
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“Argentina tiene suelos óptimos y fértiles, pero extrajo durante décadas más fósforo del que repuso”, señaló Vergütz, quien advirtió que ese proceso impacta sobre la sustentabilidad de la agricultura, la productividad y también sobre la capacidad de secuestro de carbono. En la misma línea, Fernando García, consultor en fertilidad de suelos y nutrición de cultivos, precisó: “Le sacamos al suelo alrededor de 4.5 millones de toneladas de fósforo”.

Aunque en los últimos años la reposición alcanzó aproximadamente el 60%, García planteó el desafío de revertir el balance negativo. Vergütz señaló además que Argentina se encuentra entre los países con menores tasas de reposición de fósforo y advirtió que la pérdida de este nutriente también repercute sobre la materia orgánica y la estructura del suelo. “Gastamos la resiliencia de la agricultura argentina en general, especialmente frente al cambio climático”, expresó.
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Para revertir ese proceso, el especialista de OCP Nutricrops destacó la necesidad de reponer aquello que fue extraído y recuperar los niveles de resiliencia y materia orgánica. En ese camino, puso el foco en las denominadas 4 R, que permiten definir “qué nutriente, en qué dosis, en qué momento y de qué forma” debe aplicarse.
“Cuando las 4Rs se aplican de manera conjunta, no sólo se puede producir más, sino también ganar más”, afirmó Vergütz, al señalar que una nutrición adecuada permite fortalecer cultivos y pasturas, reducir las pérdidas de nutrientes y mejorar el aprovechamiento de los recursos. El planteo busca que la fertilización deje de ser considerada únicamente como una herramienta para elevar los rindes y pase a formar parte de una estrategia integral de salud del suelo.
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Desde otra perspectiva, la doctora Cristine Morgan, directora científica del Soil Health Institute, quien participó del Congreso AAPRESID 2026, sostuvo que “el buen manejo del suelo genera resiliencia agrícola”. La especialista definió la salud del suelo como su “buen funcionamiento para cumplir un propósito” y destacó prácticas como reducir la perturbación física, mantener raíces vivas “tantos días como sea posible”, proteger la superficie, incorporar diversidad e integrar el pastoreo.
Morgan también remarcó la importancia de medir los resultados de las prácticas de manejo y comunicar esa información a productores, cadenas de suministro, responsables de políticas públicas e inversores. Entre los indicadores mencionó el carbono orgánico, la capacidad de retención de agua, el potencial de mineralización del carbono y la estabilidad de los agregados. “Todos los suelos pueden ser sanos pero su expresión puede ser diferente”, explicó, al remarcar la necesidad de contar con mediciones que sean relevantes para cada ambiente y, al mismo tiempo, comparables a mayor escala.
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La especialista estadounidense resumió el objetivo de todas estas estrategias en un concepto central: resiliencia frente al clima. Las características propias de cada suelo condicionan su comportamiento y requieren manejos adaptados, pero el desafío es común. “Cuando pienso en un suelo sano, pienso en resiliencia, porque nos proporciona un amortiguador frente al clima”, concluyó Morgan.
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