
Jorge Fedio es un especialista en el análisis técnico de los índices financieros que dicta cursos desde épocas en las que los gráficos de tendencias se confeccionaban con lápiz y papel milimetrado. Los avances tecnológicos permiten contar hoy con bases de datos especializadas y herramientas analíticas mucho más sofisticadas. Sin embargo, algunas cosas no han cambiado con el paso del tiempo.
La base del análisis técnico supone que la historia se repite y que cuando los precios de las acciones son ridículamente bajos, el inversor inteligente debe acopiar papeles a la espera de una revalorización importante en un período de tiempo imposible de determinar, pero que puede estimarse en dos o tres años.
Luego de la “falsa ruptura” del megáfono o triángulo invertido que se mencionó en una nota anterior en Infobae, los precios se desmoronaron hasta alcanzar cotas mínimas (medidas en moneda dura) muy pocas veces vistas con anterioridad.
En el momento de escribir estas líneas, el megáfono está a punto de ser quebrado nuevamente al alza, ya que el Índice Merval (medido en pesos) ha rebotado y lleva quince ruedas seguidas de subas, trepando de 39.500 a 51.000 puntos.
Expectativas de rebote de precios sin fecha
Sin embargo, como el valor de la divisa ha tenido en este período una suba superior, la mayoría de las acciones se encuentra en niveles de precios irrisorios y cabe esperar una valorización que multiplique los precios en cinco o diez veces, durante el período descripto anteriormente.
La acumulación de papeles por parte de inversores con fuerte respaldo financiero continúa sin prisa pero sin pausa. Son los que en el mercado se denomina “manos fuertes”. El silencio reinante obedece al deseo de seguir acopiando paquetes accionarios que saben, podrán “distribuir” a los inversores menos avisados, cuando la tendencia sea otra y los medios bombardeen a la opinión pública con noticias rimbombantes sobre “las subas reiteradas” del mercado.
Otro motivo por el cual, actualmente, se invierte en papeles empresarios es el deseo de desprenderse rápidamente de los flujos entrantes de la repudiada moneda nacional, adquiriendo cualquier clase de activo que sirva como resguardo de valor.
El siguiente gráfico muestra un ejemplo que se repite en todas las épocas y en todos los países del globo. El precio de las acciones es “siempre y en todo lugar” el que obtiene mayor rentabilidad a lo largo del tiempo, aunque tiene un riesgo asociado también más elevado y es capaz de soportar serruchos contra tendenciales prolongados, como ocurre en la actualidad.

Hace dos años que los precios caen sin cesar, encontrándose en la actualidad en niveles considerados ridículamente bajos por los conocedores de las tendencias históricas de este mercado. Por tal motivo, existe un potencial de suba tan significativo, que sólo suele presentarse con una periodicidad mayor a diez años. Se estaría, entonces, ante una oportunidad histórica de compra que no debería desaprovecharse.
En anteriores crisis Jorge Fedio invitaba a los inversores a agacharse y recoger las acciones del “piso” como hojas secas, dispersas en el suelo sin que nadie se dignara a levantarlas.
Una visión realista del mercado, permite esperar dos etapas diferenciadas de evolución de la futura tendencia alcista, que se espera comience en un horizonte cercano.
Etapa 1: Dolarización de los precios. Muy pronto debería corregirse la divergencia entre los precios en pesos de las acciones argentinas, que se encuentra en suba en el corto plazo y el de los ADR que cotizan en Nueva York, cuyos valores se encuentran en mínimos históricos.
La fuerte liquidación, en la plaza americana, de inversores extranjeros que quedaron atrapados en pesos en el mercado local, en algún momento no demasiado lejano debería extinguirse. Los fondos Pimco y Templeton se consideran “engañados” por el Gobierno con una falsa promesa de permitirles salir por el Mercado Oficial de Cambios y al no poder hacerlo, abastecen continuamente la oferta de ADRs, sobretodo del papel insignia del Merval, Grupo Financiero Galicia, haciendo que su precio baje fuertemente y contagie a las cotizaciones locales.
El anuncio de la primera de las tres licitaciones prometidas por Economía a los fondos mencionados, con un retraso de varios meses, serviría como válvula de escape a la montaña de pesos indeseados que les “enchufó” Luis Caputo, ex ministro de Finanzas en el gobierno de Cambiemos, a tasa fija en moneda local.
Cuando aminoren las ventas forzadas de lo que en el mercado se denomina Contado con Liquidación (CCL), los precios de los ADR debieran estabilizarse y abandonar su tendencia fuertemente bajista. Se deberíamos asistir, entonces, a una variación de los precios de las acciones en Buenos Aires similar al recorrido que tenga la divisa norteamericana en el mercado libre de cambios.
Etapa 2: Despegue y tendencia alcista de proporciones gigantescas. La política económica actual es insostenible. Su duración es una incógnita, pero una vieja máxima de los economistas más experimentados reza que “a todo (Ber) Gelbard le llega su Celestino (Rodrigo)”. Las suba desproporcionada que se espera para los próximos años podría darse por una de tres razones diferentes, o una combinación de ellas.
• Licuación del stock de Base Monetaria, Pases y Leliqs que elimine el exceso de dinero mediante un fogonazo inflacionario de importantes proporciones. La inacción del Gobierno, si continuara, provocaría además, una fuerte disminución del poder adquisitivo de los salarios públicos y las jubilaciones, que haría bajar significativamente el peso del gasto público sobre el PBI. Como muchos saben, “después de Remes (Lenicov)”, siempre es posible que haya un “(Roberto) Lavagna exitoso”. La estafa a los tenedores de pesos despejaría el horizonte y podrían sobrevenir varios años de rebote en la producción, las ganancias empresarias y los precios de las acciones, hasta alcanzar promedios históricos que, como dijimos anteriormente se encuentran cinco o diez veces por encima de los valores actuales.
• Un susto mayúsculo en las filas del oficialismo, que obligue a adoptar “un plan económico” sustentable desde el punto de vista fiscal y monetario y la aprobación de alguna de las reformas estructurales largamente retrasadas, todo esto en consonancia con un nuevo acuerdo con el FMI que asegure algún desembolso próximo para recomponer las inexistentes reservas del BCRA.
• Una “paliza electoral” en contra del oficialismo el año próximo. No se necesitan encuestas sino auscultar el ánimo de la gente común para adivinar este futuro acontecimiento. La expectativa de cambios políticos haría que la Bolsa se anticipe, como siempre lo hace, y comience a subir fuertemente, mucho antes de que los hechos se hagan realidad.
El ciclo de los precios
En síntesis, por un motivo o por otro, los viejos conocedores del mercado bursátil se friegan las manos a la espera de un ciclo alcista que borre las amarguras de los dos últimos años, en el que “pasaron cosas” y los precios rodaron cuesta abajo hacia un barranco que parece interminable.
Este interesante gráfico, ilustra la magnitud de la suba necesaria para regresar a niveles “normales”, compatibles con lo que, estadísticamente, se denomina “regresión a la media”.

Como se puede observar, el solo retorno a niveles previos a la última crisis, y sin contar con eventuales cambios políticos que otorguen seriedad y confiabilidad a la economía local, implicaría abandonar el segundo subsuelo y subir diez pisos. No debería ser instantáneo, pero la probabilidad de ocurrencia puede ser mayúscula.
Del piso siempre se sale, repiten los conocedores del mercado. Nunca se sabe cuando comienza el cambio de ciclo, que dicho sea de paso, no necesita noticias positivas, pudiendo producirse ahora mismo, en medio de una de las crisis de credibilidad gubernamental más grandes de la historia.
Para aquel inversor que tenga recursos, tiempo y temple para soportar los avatares del mercado y las noticias engañosas con la que muchas veces se confunde a los novatos, parece una apuesta audaz pero segura.
Solo el tiempo aprobará o negará la validez de estas apreciaciones.
El autor es Economista y asesor financiero
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