
La vitamina C es un nutriente esencial que el cuerpo humano no puede producir por sí mismo, por lo que debe obtenerse a través de la alimentación diaria. Conocida también como ácido ascórbico, cumple funciones clave en la formación de vasos sanguíneos, cartílagos, músculos y colágeno, además de fortalecer el proceso de recuperación y cicatrización de tejidos. Actúa como un potente antioxidante, ayudando a neutralizar los radicales libres, moléculas que pueden dañar las células y contribuir al desarrollo de enfermedades crónicas como el cáncer, las patologías cardíacas y la artritis. Entre sus beneficios más reconocidos se encuentran el refuerzo del sistema inmunológico, la mejora en la absorción de hierro proveniente de vegetales y el mantenimiento de una piel saludable y firme.
En el contexto del envejecimiento, adquiere una relevancia particular. Diversas investigaciones sugieren que mantener niveles adecuados de este nutriente podría ser un aliado importante para los adultos mayores, ya que participa activamente en la protección y el funcionamiento del cerebro. Se ha observado que una dieta rica en vitamina C podría estar vinculada a una mejor preservación de la función cognitiva y a la mitigación del deterioro cerebral asociado a la edad, factores que son especialmente significativos para quienes buscan mantener su calidad de vida durante la vejez. Por ello, emerge como un componente fundamental tanto para la salud general como para el bienestar de las personas mayores.
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Vitamina C, función cerebral y envejecimiento

Investigaciones recientes relacionan niveles bajos de vitamina C en plasma con menor volumen de materia gris en el cerebro de personas mayores de 60 o 65 años, lo que se asocia a mayor riesgo de déficit cognitivo, según expertos citados en J Alzheimers Dis. Un estudio en Japón publicado en 2026 en PLOS ONE encontró que quienes tenían menor concentración de este nutriente presentaban estructuras cerebrales menos preservadas y menor conectividad en la llamada red neuronal por defecto, crucial para la memoria y la atención.
El doctor Tomohiro Shintaku, de la Universidad de Hirosaki, explicó: “Nuestro estudio demuestra que niveles más altos de vitamina C en plasma se asocian con una mejor preservación de la conectividad estructural de la red neuronal por defecto, una red cerebral clave implicada en la función cognitiva”.
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Si bien no se ha demostrado una relación causal directa entre los niveles de vitamina C y la prevención de demencia, la evidencia recogida por epidemiólogos y especialistas indica que una ingesta adecuada puede resultar en una ralentización del deterioro cognitivo propio de la edad. Entre la población adulta mayor, hasta un 30% puede presentar niveles bajos de vitamina C, porcentaje que se eleva en quienes enfrentan dificultades para acceder a alimentos frescos o padecen problemas de salud.
Los estudios coinciden en que los beneficios resultan más relevantes en casos de riesgo de deficiencia, mientras que los suplementos no han mostrado mejoras significativas en la función intelectual de adultos sanos con una dieta adecuada.
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Propiedades antioxidantes y otros beneficios en la tercera edad
Según Cleveland Clinic, destaca por su papel antioxidante: neutraliza los radicales libres y reduce el estrés oxidativo, factores que contribuyen al envejecimiento celular y la aparición de enfermedades crónicas. Devon Peart, experta en nutrición de esa institución, recalcó: “Es un potente antioxidante que protege las células del daño que contribuye a afecciones como el cáncer, la enfermedad de Alzheimer y la artritis”.
De acuerdo con la Mayo Clinic, facilita además la absorción del hierro no hemo, favorece la reparación de tejidos al intervenir en la síntesis de colágeno y resulta relevante en la cicatrización de heridas. Su incorporación en productos dermatológicos responde a su capacidad de estimular el colágeno, contribuyendo así a reducir la aparición de arrugas y la pérdida de tonicidad cutánea.
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Las entidades médicas coinciden: no existen pruebas suficientes para afirmar que los suplementos de vitamina C, por sí solos, previenen infartos, cáncer o resfriados. En personas sometidas a esfuerzos físicos extremos o inmunodepresión, una ingesta adecuada puede ayudar a mitigar síntomas de enfermedades virales, pero el efecto sobre la duración del resfriado es, en general, mínimo. El consumo regular de frutas y verduras ricas en este nutriente se asocia a menor riesgo de cataratas y otras enfermedades oculares relacionadas con la edad, según la Mayo Clinic.
Cuáles son los alimentos ricos en vitamina C, según el National Institutes of Health:
- Morrón rojo crudo (media taza): 95 mg de vitamina C
- Kiwi (una unidad mediana): 64 mg de vitamina C
- Brócoli cocido (media taza): 51 mg de vitamina C
- Frutillas frescas (media taza): 49 mg de vitamina C
- Naranja (una unidad mediana): 70 mg de vitamina C
Recomendaciones y precauciones para adultos mayores
La deficiencia de vitamina C puede ser más común de lo estimado en la tercera edad. Factores como dieta poco variada, enfermedades crónicas, institucionalización y problemas de memoria dificultan alcanzar una ingesta suficiente, de acuerdo con J Alzheimers Dis. La carencia grave de este nutriente puede derivar en escorbuto, causando anemia, hemorragias, lenta cicatrización y debilidad general, según la Mayo Clinic.
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Las recomendaciones estándar señalan una ingesta diaria de 90 miligramos para varones y 75 para mujeres adultas, cantidades que aumentan en fumadores o personas con requerimientos especiales, señalan tanto la Cleveland como la Mayo Clinic. La alimentación basada en alimentos frescos sigue siendo la vía preferente para conseguir un nivel adecuado; los suplementos solo son necesarios en situaciones de riesgo o limitaciones físicas importantes.
Tomar más de 2.000 miligramos diarios como suplemento puede provocar náuseas, cólicos, insomnio, enrojecimiento de la piel y, en casos severos, cálculos renales. Puede también interactuar con medicamentos como anticoagulantes, tratamientos para el colesterol y la quimioterapia. Los especialistas insisten en que evitar la deficiencia probablemente sea más beneficioso que recurrir sistemáticamente a suplementos en ausencia de una indicación médica.
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Consumir vitamina C junto a alimentos vegetales ricos en hierro mejora la absorción de este mineral, un efecto útil en personas mayores con riesgo de anemia. En contrapartida, se recomienda precaución en quienes presenten enfermedades que impliquen acumulación de hierro en el organismo. El cuerpo no almacena el nutriente: el exceso se elimina y no existen beneficios comprobados de las megadosis en adultos mayores sanos. Cumplir las dosis recomendadas es suficiente para mantener la acción antioxidante bajo condiciones normales.
La evidencia científica respalda que una dieta rica en vitamina C desde edades tempranas ayuda a conservar la salud cerebral y física en la vejez. En este sentido, ajustes sencillos en los hábitos alimentarios diarios pueden tener un impacto relevante en la calidad de vida y en la prevención de complicaciones asociadas al proceso de envejecimiento.
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