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Cómo recuperar el apetito en adultos mayores y frenar el riesgo de desnutrición

Pequeños cambios en la rutina diaria y en la socialización ayudan a recuperar la vitalidad y previenen complicaciones en la vejez, según la Harvard Medical School

Ilustración de un adulto mayor sentado a una mesa de madera con numerosos platos pequeños de comida variada y una persona con palillos en primer plano.
La disminución del apetito en mayores de 60 años es una tendencia en aumento que preocupa a sistemas de salud de todo el mundo (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La disminución del apetito afecta a una de cada cuatro personas mayores. No se trata de un simple cambio en los hábitos alimentarios sin consecuencias, sino de una tendencia que puede desencadenar consecuencias graves como desnutrición, pérdida de masa muscular y reducción de la autonomía.

Reconocer los factores que intervienen y adoptar intervenciones específicas resulta fundamental para preservar la salud y la calidad de vida en esta etapa, según advierte la Harvard Medical School. En muchos casos, la disminución del apetito en quienes superan los 60 años tiene su origen en el envejecimiento, menor actividad física, efectos de ciertos medicamentos o enfermedades subyacentes.

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De acuerdo con la Harvard Medical School, repartir las comidas en porciones pequeñas y frecuentes, priorizar alimentos ricos en proteínas, enriquecer el valor nutricional de cada plato, fomentar la socialización y consultar al médico si hay pérdidas persistentes de apetito o peso son estrategias recomendadas para mantener una buena nutrición.

Causas fisiológicas y médicas de la pérdida de apetito

Adultos mayores pueden experimentar una reducción progresiva del apetito debido a factores fisiológicos y médicos, situación que puede derivar en pérdida involuntaria de peso, deficiencias nutricionales y menor independencia funcional.

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Las causas principales identificadas por la Harvard Medical School comprenden un metabolismo más lento, menor actividad física, efectos secundarios de medicamentos, depresión, dificultades para masticar o deglutir y enfermedades subyacentes.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Hasta uno de cada cuatro adultos mayores experimenta anorexia del envejecimiento, lo que debilita el sistema inmunológico y aumenta la fragilidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hasta uno de cada cuatro adultos mayores presenta una disminución significativa del hambre, fenómeno conocido como “anorexia del envejecimiento”, que incrementa la fragilidad y debilita el sistema inmunológico.

Este proceso no solo afecta el estado nutricional, sino que también aumenta el riesgo de caídas, hospitalizaciones y complicaciones médicas, lo que puede comprometer la autonomía y la calidad de vida de quienes lo padecen. Reconocer estos factores permite intervenir de manera oportuna y evitar consecuencias graves para la salud.

Estrategias prácticas para aumentar el apetito

Para revertir esta tendencia, la Harvard Medical School recomienda acciones cotidianas. Dividir los alimentos en comidas pequeñas y frecuentes puede resultar menos abrumador y facilita regular las señales naturales de hambre.

Consumir alimentos más densos y nutritivos en los momentos de mayor apetito, como el desayuno, es especialmente útil. Además, los expertos subrayan la relevancia de priorizar alimentos ricos en proteínas en cada comida para preservar la masa muscular, ya que las necesidades energéticas disminuyen pero los requerimientos proteicos aumentan con la edad.

Vista aérea de una mesa de madera con un desayuno proteico: huevos revueltos, dos yogures griegos, leche, requesón y una tabla de quesos variados.
Priorizar alimentos ricos en proteínas, como huevos, pollo, queso y legumbres, favorece la preservación de la masa muscular en personas mayores (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre los ejemplos sugieren huevos, frutos secos, queso,yogur, pollo, atún, hummus y legumbres. Aprovechar cada bocado para aumentar la densidad calórica y nutritiva es otro pilar: enriquecer comidas añadiendo mantequilla de maní a la tostada, usar yogur entero, cocinar con leche y preparar sopas sustanciosas permite que incluso porciones pequeñas ofrezcan el máximo valor.

Los batidos y las sopas espesas constituyen alternativas sencillas, ya que pueden tomarse entre comidas o como tentempiés nocturnos y, al ser fáciles de digerir, aportan energía de forma eficiente.

Hábitos de estilo de vida y entorno que favorecen el apetito

Incorporar rutinas de actividad física ligera, como paseos cortos antes de la comida, estimula naturalmente el hambre y favorece el mantenimiento de la salud general. Disfrutar de sabores, aromas y una presentación cuidada de los platos potencia el placer de comer y puede animar a incrementar la ingesta.

Las comidas en compañía ejercen un efecto positivo tanto en el apetito como en el bienestar emocional. La directora de nutrición Tina Reilly, citada por la Harvard Medical School, señala que compartir la mesa ayuda a fortalecer lazos sociales y a reducir la soledad, un factor que a menudo disminuye el deseo de comer.

El centro recomienda recurrir a almuerzos comunitarios, comidas virtuales o programas sociales para fomentar estas experiencias. Además, una dieta flexible —siempre bajo control médico— permite recuperar el placer de la comida y garantizar los requerimientos nutricionales, salvo indicación específica de restricción.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Compartir las comidas, participar en almuerzos comunitarios y mantener la flexibilidad dietética mejora el apetito y el bienestar emocional en la tercera edad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuándo consultar al médico y recomendaciones adicionales

Es recomendable acudir al médico si la pérdida de apetito persiste, si hay pérdida involuntaria de peso o si se sospechan causas médicas. El profesional revisará posibles factores como medicamentos, problemas al masticar o deglutir, y estado emocional.

En algunos casos, bajo supervisión sanitaria, pueden considerarse medicamentos para estimular el apetito u otros ajustes alimentarios.

Mantener la alimentación como un acto que combine movimiento, socialización y disfrute puede transformar la experiencia cotidiana y favorecer la salud en todas las etapas. Comer bien no solo nutre, sino que puede convertirse en una fuente cotidiana de satisfacción y bienestar cuando se aprovechan todas las oportunidades para estimular el apetito.

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