
La declaración en el Tribunal Supremo del exministro José Luis Ábalos ha terminado de convertir el ‘caso mascarillas’ en un cruce de relatos difícil de encajar, con tres versiones que discurren en paralelo y presentan diferencias claras en aspectos clave. A lo ya expuesto la semana pasada por el empresario Víctor de Aldama y el exasesor Koldo García se suma ahora un tercer y último relato que amplía las discrepancias en cuestiones como el dinero, el papel en las adjudicaciones y los vínculos personales.
La intervención del exministro, que se prolongó durante cerca de seis horas, tuvo como estrategia negar cualquier vínculo con el cobro de comisiones y poner en duda el relato de Aldama. Ábalos sostuvo que las acusaciones del empresario no contienen “ninguna evidencia” y deslizó incluso cierta ironía al señalar que cada vez se le atribuyen “más millones”. “No van a encontrarme nada”, aseguró en el tramo final de su declaración.
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Dinero en efectivo y pagos
El rastro del dinero vuelve a concentrar las principales contradicciones. Aldama describió ante el tribunal un sistema continuado de pagos en metálico, con entregas mensuales de 10.000 euros a Koldo y cantidades superiores vinculadas a adjudicaciones. Su relato apunta a un flujo constante de dinero que, según dijo, llegaba a moverse en efectivo en distintos momentos de la operativa.
Koldo García rechazó de forma tajante esa versión. “El PSOE no coge dinero de nadie”, afirmó, al tiempo que negó haber recibido cantidades regulares: “Ni 10.000 euros al mes, ni nada”. Su relato, sin embargo, sí incluye el uso de efectivo en el día a día, incluso billetes de 500 euros —las conocidas ‘chistorras’—, que enmarcó en gastos habituales, dietas o gestiones corrientes.
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Ábalos se desmarca de ambos en la interpretación de ese mismo terreno. Niega haber recibido “mordidas” en cualquier formato, pero reconoce que en su entorno existía una dinámica de adelantos de dinero. Según explicó, Koldo asumía pagos que después se le reembolsaban, también en metálico. “Te pagaban moneda a moneda”, señaló al describir el funcionamiento interno del partido, donde, según dijo, esa práctica era habitual.
Contratos, pandemia y grado de implicación
Las diferencias se amplían al abordar la compra de material sanitario en los momentos más críticos de la pandemia. Aldama se presentó como un intermediario con acceso directo y capacidad de influencia. Su relato le sitúa dentro del proceso de adjudicación, con un papel relevante en un contexto donde, según afirmó, se producían pagos asociados a contratos.
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Koldo García describió un escenario distinto, caracterizado por la urgencia en aquel momento. “Había que traer material como fuera”, resumió. En su testimonio, las ofertas llegaban de múltiples fuentes y su función consistía en canalizarlas. Reconoció haber estado en la recepción de mascarillas y en gestiones logísticas, aunque insistió en que no tomaba decisiones. “Yo trasladaba ofertas”, explicó en varias ocasiones.
Ábalos reduce aún más la presencia del empresario en ese proceso. Asegura que ninguna oferta de mascarillas pasó por sus manos y que no trató con Aldama cuestiones relacionadas con contratos. “Conmigo no habló”, afirmó. En su explicación, el empresario podía estar presente en algunas conversaciones, pero como oyente: “Yo se lo diría a Koldo y a lo mejor Aldama estaba delante”.
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El entorno personal y los pagos del alquiler
El ámbito personal vuelve a aparecer como un punto de fricción entre los tres relatos. El episodio de la vivienda de la expareja de Ábalos, Jésica Rodríguez, se mantiene como uno de los más sensibles.
Aldama vinculó ese episodio a pagos relacionados con la operativa investigada. Koldo García reconoció haber intervenido en ese asunto y haber asumido parte del alquiler en determinados momentos. Según su versión, lo hizo por una situación personal concreta y negó que el dinero procediera del empresario. “Yo nunca he recibido dinero por ese piso”, afirmó.
Ábalos aportó un elemento adicional al confirmar que el alquiler fue pagado por un socio de Aldama. “Es cierto que lo pagó”, reconoció, aunque enmarcó ese hecho en el ámbito privado. Según explicó, se trata de una cuestión personal sin relación con decisiones políticas o administrativas.
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Durante su declaración, el exministro también puso en duda el testimonio de su expareja, sugiriendo que pudo haber sido “coaccionada” o que su versión fue “pactada” con Aldama. “Estoy convencido, porque la conozco”, afirmó, al tiempo que mostraba su sorpresa por algunas de sus declaraciones.
Delegación y funciones
Las declaraciones también abren diferencias en el reparto de funciones. Koldo García se presentó como un perfil centrado en la gestión diaria, sin capacidad de decisión. “Yo intentaba quitarle problemas”, explicó en relación con su trabajo junto al ministro. Ábalos confirmó que delegaba en él determinadas cuestiones, incluidos gastos y aspectos logísticos. Reconoció que su asesor llevaba cuentas, realizaba pagos y que, en ocasiones, adelantaba dinero. Aun así, situó las decisiones sobre adjudicaciones fuera de ese ámbito.
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A lo largo de su comparecencia, el exministro insistió en que el procedimiento está marcado por su dimensión pública. Lo definió como un caso “claramente mediático” y sostuvo que existe una “condena clara” instalada fuera de la sala antes de que termine el juicio.
También rechazó interpretaciones que, según él, tergiversan situaciones cotidianas. Al referirse al uso del lenguaje, defendió que cuando pedía “folios” a su asesor, se refería literalmente a papel: “Los folios son folios”, subrayó, descartando cualquier código vinculado al dinero.
El exministro también cuestionó el relato de Aldama, al que acusó de “mentir” en varios puntos y de construir una versión que, a su juicio, no se corresponde con lo ocurrido.
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Con las tres declaraciones ya sobre la mesa, el caso avanza entre coincidencias parciales y discrepancias profundas. El uso de efectivo, el papel en las adjudicaciones y el significado de determinados episodios personales siguen siendo puntos donde los relatos se cruzan sin llegar a coincidir plenamente.
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