
Las extensas sesiones de interrogatorio que han protagonizado el empresario Víctor de Aldama y el exasesor ministerial Koldo García esta semana en el Tribunal Supremo han dejado algo más que dos intentos de cubrir su posición procesal: dos versiones irreconciliables de los hechos que se investigan en el ‘caso mascarillas’.
Más de ocho horas de declaración por parte de cada uno, en jornadas consecutivas, han servido para confrontar dos relatos que no solo difieren en matices, sino que se contradicen de raíz en los elementos esenciales de la causa.
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Pagos, comisiones y el dinero en efectivo
Si hay un punto donde la fractura es más evidente es en el de los pagos en metálico. Aldama dibujó ante el tribunal un flujo constante de dinero: entregas mensuales de 10.000 euros a Koldo, cantidades más elevadas procedentes de adjudicaciones y, en último término, una supuesta financiación encubierta del PSOE.
Koldo García desmontó ese esquema sin matices. Tras horas de interrogatorio, respondió de forma tajante a la pregunta que sobrevolaba la sala desde el inicio: “El PSOE no coge dinero de nadie”. No hubo medias tintas tampoco al referirse a los pagos periódicos. A preguntas del fiscal jefe Anticorrupción, Alejandro Luzón, negó haber recibido un solo euro de Aldama con carácter regular. Ni 10.000 euros al mes, ni regalos, ni favores personales.
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La paradoja emerge cuando se entra en el terreno del efectivo. El exasesor sí reconoció haber manejado dinero en metálico, incluidos billetes de 500 euros, las conocidas ‘chistorras’, pero siempre en el contexto de dietas, reembolsos o gestiones cotidianas. Para Aldama, esos mismos elementos formaban parte de un circuito opaco de pagos. Para Koldo, eran simple operativa habitual.
La figura de Pedro Sánchez
El relato de Aldama elevaba la cuestión un peldaño más, al situar en la cúspide de la supuesta estructura al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Según su versión, existía conocimiento y una cadena jerárquica clara.
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La respuesta de Koldo García fue casi de incredulidad. Admitió que en tiempos de primarias podía cruzar palabras con Sánchez, pero negó cualquier contacto posterior. “No tenía su teléfono”, insistió, apelando al “sentido común” como argumento frente a lo que considera una exageración interesada.
También aquí la figura de Ábalos se convierte en terreno de disputa. Aldama lo sitúa como pieza clave de la operativa; Koldo lo presenta como un ministro al que él trataba de “quitarle problemas de la cabeza”, actuando por iniciativa propia en muchas gestiones, pero sin capacidad de decisión real en adjudicaciones o contratos.
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Mascarillas y urgencia
En el origen de todo, la compra de material sanitario durante la pandemia vuelve a evidenciar la distancia entre versiones. Aldama se describe como un intermediario necesario en un contexto donde, según su relato, las adjudicaciones abrían la puerta a comisiones e incluso a la entrega de “mordidas” que, según dijo, llegaban a transportarse en efectivo dentro del ministerio.
Koldo García, en cambio, enmarca su actuación en la urgencia de aquellos meses. Habla de llamadas constantes, de ofertas que llegaban de todas partes y de una única prioridad: conseguir material cuanto antes. Reconoce haber estado en la recepción de mascarillas en Barajas, pero insiste en que su papel era operativo: “que se sacaran rapidito para que llegaran donde se necesitaban”. Su función, según explicó, se limitaba a “traspasar” información entre empresas y la administración, sin capacidad de decisión.
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En esa misma línea, restó cualquier carácter excepcional a determinadas decisiones que hoy están bajo sospecha. Sobre el incremento del volumen de compra en cuestión de minutos, aseguró no recordar el motivo concreto, aunque lo justificó con una frase que resume su planteamiento: “si me hubieran ofrecido 16 millones los habría traído”. Todo ello en un contexto que definió como caótico, con “200.000 estafas” circulando y múltiples ofertas que había que filtrar sobre la marcha.
Niega, además, uno de los elementos más llamativos del relato de Aldama: que este se moviera con libertad por el Ministerio o que tuviera acceso directo a decisiones clave. Para el exasesor, la explicación es más prosaica y generalizada: en plena crisis sanitaria, “medio mundo sabía que los gobiernos, las comunidades autónomas y los ministerios buscaba material sanitario”.
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También rechazó haber tenido conocimiento de la vinculación de Aldama con Soluciones de Gestión, la empresa adjudicataria, insistiendo en que, si recurrió a él en algún momento, fue por pura necesidad logística. “Estaba agobiado”, admitió, y sabía que el empresario podía echar una mano en cuestiones relacionadas con el transporte aéreo. Una explicación que contrasta con la versión del propio Aldama, que se situó como pieza central en toda la operativa.
El ámbito personal
Las discrepancias no se quedan en lo estrictamente político o económico. También alcanzan episodios personales que han terminado incorporados a la causa. El caso de Jessica Rodríguez, expareja de Ábalos, es uno de los más claros.
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Aldama apuntó a pagos y gestiones directas vinculadas a su vivienda. Koldo García ofreció otra versión: asegura haberla conocido a través del propio empresario y, aunque evitó entrar en detalles “por respeto”, sí admitió que tuvo que hacer frente a parte del alquiler. Según su testimonio, no fue por iniciativa propia, sino porque la joven llegó a amenazar con acudir “a la opinión pública para contar ciertas cosas personales” si no se solucionaba su situación.
El exasesor negó, en cualquier caso, que detrás de esos pagos estuviera Aldama. Sostuvo que siempre creyó que el piso era facilitado por otro empresario y que nunca se le reintegró cantidad alguna. “Yo nunca he recibido dinero por ese piso”, resumió, marcando distancia con la versión del comisionista.
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Tampoco coincide su relato en lo relativo a los contratos laborales de Rodríguez. Donde la investigación aprecia irregularidades, Koldo García insiste en que desconocía cualquier anomalía. “Pensé que teletrabajaba”, afirmó, antes de subrayar que él “no ha dicho a nadie que no vaya a trabajar”. Sí reconoció haber hecho gestiones para facilitar su incorporación, en línea con otras actuaciones que enmarcó dentro de su habitual disposición a “ayudar”.
En esa misma línea, negó tener conocimiento de que la joven no acudiera a su puesto o de que se hubieran producido irregularidades en su contratación en empresas públicas. También rechazó haber intervenido en un segundo contrato o haber ejercido presión alguna para favorecer su situación laboral, desmontando así otro de los elementos señalados en la declaración de Aldama.
Un pulso de credibilidad
Más allá de los detalles concretos, lo que dejan estas dos jornadas es un pulso directo por la credibilidad. Aldama construyó un relato amplio, con conexiones que alcanzan distintos niveles del poder político y administrativo, aunque sin aportar pruebas en ese momento procesal. Koldo García, por su parte, optó por una estrategia de negación total, desmontando uno a uno los elementos expuestos el día anterior.

En ese choque, el tribunal se encuentra ante dos versiones que no solo discrepan, sino que se excluyen mutuamente. Donde uno afirma, el otro niega; donde uno ve estructura, el otro ve coincidencias y contexto. Entre medias, un procedimiento que avanza con dos narrativas que difícilmente pueden sostenerse al mismo tiempo.
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