
La potencia física y la coordinación suelen disminuir con los años, pero según el exranger del ejército estadounidense y entrenador de fuerza funcional Justin Lienhard, ese deterioro no es inevitable después de los 30 años si se modifica el enfoque del entrenamiento.
Más allá de buscar ganancias estéticas o levantar más peso, Lienhard sostuvo en diálogo con Men’s Health que, a partir de esa edad, el objetivo debería cambiar hacia el desarrollo de un cuerpo capaz de adaptarse y rendir en distintos entornos.
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En ese sentido, remarcó que el paso del tiempo exige una mirada más integral sobre la actividad física, en la que la funcionalidad y la prevención de lesiones pasan a ocupar un lugar central.

Uno de los puntos más relevantes de su planteo es que la potencia, entendida como la capacidad de generar fuerza de manera explosiva, suele deteriorarse antes que otras aptitudes físicas. Esta pérdida, explicó, puede impactar de forma directa en la capacidad de reaccionar ante estímulos cotidianos, desde evitar una caída hasta realizar esfuerzos repentinos.
Sin embargo, también aclaró que este proceso puede ralentizarse si se incorporan ejercicios específicos orientados a estimular esa cualidad. A partir de este diagnóstico, el especialista delineó una serie de recomendaciones para preservar la capacidad atlética a lo largo del tiempo:
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1. Entrenar la potencia con movimientos explosivos
Lienhard destacó la importancia de incluir ejercicios que obliguen al cuerpo a generar fuerza de manera rápida y coordinada. Mencionó actividades como los lanzamientos de pelotas medicinales y el levantamiento de sacos de arena, que no solo fortalecen los músculos, sino que también mejoran la sincronización entre el tronco y las extremidades.

Este tipo de movimientos favorece la transferencia eficiente de energía en todo el cuerpo, una capacidad clave para sostener el rendimiento físico con el paso de los años.
2. Abandonar los movimientos exclusivamente lineales
Otro de los cambios fundamentales que propuso es dejar atrás las rutinas centradas únicamente en patrones tradicionales de gimnasio, generalmente basados en movimientos rectilíneos. Según explicó, la vida cotidiana no se desarrolla en líneas rectas, por lo que el entrenamiento debería reflejar esa complejidad.
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Incorporar ejercicios que incluyan desplazamientos laterales, rotaciones y cambios de dirección permite desarrollar habilidades motoras más completas y adaptativas.
3. Incorporar subidas y saltos en escaleras
Dentro de las opciones para trabajar la potencia y la resistencia, el entrenador recomendó sumar carreras y saltos en escaleras. Este tipo de ejercicios fortalece la musculatura del tren inferior, mejora la capacidad cardiovascular y, al implicar una inclinación, reduce el impacto sobre las articulaciones en comparación con correr en superficies planas.

Además, exige un trabajo coordinado de caderas, rodillas y tobillos, tres zonas especialmente vulnerables al desgaste con el envejecimiento.
4. Priorizar ejercicios unilaterales
Con el paso del tiempo, la estabilidad y el equilibrio se vuelven factores cada vez más determinantes. Por eso, Lienhard subrayó la importancia de incorporar ejercicios unilaterales, es decir, aquellos que trabajan un lado del cuerpo a la vez.
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Movimientos como las sentadillas bulgaras con mancuerna, estocadas y subidas al escalón permiten identificar y corregir desequilibrios musculares además de mejorar la coordinación. Este tipo de entrenamiento también pone a prueba la capacidad de estabilización de la cadera y la pelvis, un aspecto clave para la funcionalidad en la vida diaria.
5. Desarrollar la movilidad completa de la cadera y los movimientos rotacionales
Finalmente, el especialista advirtió que muchos programas de entrenamiento convencionales se limitan a trabajar la flexión y la extensión de la cadera, como ocurre en ejercicios clásicos como la sentadilla o el peso muerto.

Sin embargo, esta articulación también cumple un rol fundamental en movimientos de abducción, aducción y rotación, que suelen quedar relegados. Para abordar esta carencia, recomendó incorporar ejercicios como abducciones con banda elástica, zancadas laterales con salto y planchas de Copenhague.
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Asimismo, sugirió incluir movimientos cruzados que integren el tren superior e inferior, como rotaciones con polea o desplazamientos en posición de gateo, que reactivan patrones motores poco estimulados en el entrenamiento tradicional.
Según Lienhard, este enfoque no solo permite sostener el rendimiento físico, sino también reducir el riesgo de lesiones y preservar la calidad de vida a medida que avanzan los años.
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