
La cocina argentina es un territorio en el que conviven recetas heredadas de la inmigración europea con sabores criollos y productos regionales que atraviesan el mapa de norte a sur. Desde las empanada del norte hasta los quesos patagónicos, pasando por el ritual del mate compartido, la milanesa y el flan con dulce de leche, la gastronomía del país cuenta una historia que hoy forma parte de las mejores del mundo.
Así lo reconoce la guía culinaria Taste Atlas, la cual reafirmó el puesto de la Argentina entre las 25 mejores cocinas del planeta en su ranking anual 2024/2025, una clasificación elaborada a partir de más de 470.000 valoraciones de comensales y expertos sobre ingredientes, técnicas, recetas y restaurantes tradicionales. El listado fue difundido como recomendación para quienes planean viajar a mitad de año en busca de destinos donde la gastronomía sea protagonista.
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En el ranking de las 100 mejores cocinas del mundo, Argentina ocupa el lugar número 25, y comparte escenario con las grandes potencias del paladar. En los primeros diez lugares figuran Grecia, Italia, México, España, Portugal, Turquía, Indonesia, Francia, Japón y China.
Además, por si fuera poco, Buenos Aires está entre las 100 ciudades gastronómicas más destacadas del globo terráqueo, de acuerdo con la misma publicación.

Taste Atlas califica la cocina argentina con un promedio de 4,28 puntos sobre 5, basado en 477.287 reseñas válidas sobre 15.478 alimentos evaluados en todo el mundo. Entre los platos e ingredientes más valorados figuran el asado, la técnica de la parrilla, la carne argentina, el dulce de leche, las empanadas, la provoleta, la milanesa, las medialunas y el choripán.
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Entre ellos, el asado se llevó el sexto puesto en el ranking de los mejores platos de todo el planeta. Desde la guía lo explican como “un evento culinario y social al que asisten amigos y familiares para compartir la alegría de cocinar al aire libre”. Por otro lado, el dulce de leche y el choripán también se destacaron como representantes nacionales a nivel global. En la categoría de “mejor postre”, el manjar argentino se posicionó en el lugar 11, mientras que el choripán obtuvo el puesto 23 entre los “mejores sándwiches del mundo”.
La Ciudad de Buenos Aires, entre las mejores ciudades del mundo para comer
En paralelo, Taste Atlas también recomendó viajar a las urbes que conforman su ranking de las 100 mejores ciudades gastronómicas del mundo, dentro del cual la capital argentina fue incluida en el puesto 37. Comparte la lista con metrópolis como Nápoles, Milan, París, Madrid, Nueva York, Osaka y Lima, entre otras. El reconocimiento entre 17,073 centros urbanos no solo apunta a la calidad de los platos porteños, sino a su capacidad para transmitir identidad.
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Se destaca por su variedad de propuestas, desde el bodegón hasta el restaurante de autor, y por la persistencia de sus sabores clásicos, que la convirtieron en un destino gastronómico de referencia en América Latina. El listado de platos típicos que ayudaron a consolidar su lugar incluye el asado, la provoleta fundida con orégano y aceite de oliva, la infaltable milanesa con papas fritas, las medialunas de manteca recién horneadas y el esencial choripán con chimichurri.
La escena local también se define por sus restaurantes emblemáticos ya mencionados, que funcionan como custodios de una tradición que evoluciona sin perder su esencia. Se trata de espacios donde se condensan décadas de historia culinaria, innovación silenciosa y fidelidad al producto.
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Buenos Aires, según la publicación, no solo ofrece una cocina sólida: ofrece una experiencia. Comer en la ciudad es atravesar una cartografía de inmigraciones, de mezclas culturales, de rituales domésticos y de invenciones populares.
La capital argentina fue reconocida junto a otras ciudades latinoamericanas como Lima (15°), Guadalajara (28°), Ciudad de México (36°), y São Paulo (38°), todas elegidas por su vitalidad gastronómica y su vínculo entre comida, historia y paisaje urbano.
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La doble inclusión de Argentina y Buenos Aires en los rankings globales de Taste Atlas, y en sus recomendaciones oficiales de lugares que se deben disfrutar para comer bien, no es solo una estadística: es un reflejo del valor cultural de una cocina que respira en cada barrio, en cada casa, en cada sobremesa. Un mapa del sabor que conecta el pasado con el presente, y que invita a sentarse a la mesa, en cualquier estación del año, con el apetito abierto y los sentidos atentos.
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