El miedo es de muy fácil activación. Con un solo pensamiento podemos entrar en un miedo aterrador y profundo, sin necesidad de otros estímulos que nos ayuden a recrear la emoción. Un solo pensamiento es suficiente para ponerla en acción y para hacernos trastabillar emocionalmente.
"Con un entrenamiento adecuado podemos reducir y controlar sus efectos, pero jamás lograremos anularla por completo. Sigue siendo la emoción que ante un peligro real nos salva la vida y ante uno imaginario, la arruina", explicó en diálogo con Infobae la psicóloga y escritora Celia Antonini.
"Las fuerzas especiales de la armada estadounidense observaron que los errores que los soldados cometían dentro del campo de batalla casi siempre estaban asociados al miedo o al pánico. Para tratar de reducir su impacto, trabajaron con un grupo de soldados para ayudarlos a entrenar y controlar el miedo que sentían y de esa forma minimizar los errores que cometía en el frente de batalla. Para ello Eric Potterat, psicólogo de la armada norteamericana, desarrolló un programa innovador de resistencia mental que consistía en un conjunto de técnicas para en medir la capacidad de los aspirantes a controlar el miedo, incluso en situaciones extremas", ahondó.

Los reclutas fueron puestos en entrenamientos especiales para cambiar la manera en que sus cerebros reaccionan ante el miedo. Desde el primer día se los sometió a los estudiantes a un caos absoluto. Los que lograron llegar al final del entrenamiento con mejores resultados fueron aquellos que pudieron adaptar sus cerebros a las exigencias del trabajo que les impusieron.
"Cuando nos enfrentamos al miedo, la amígdala es la que procesa la información recibida por nuestros sentidos y la que activa instintivamente el botón de pánico del cuerpo, eso lo hace a través de la liberación de hormonas de adrenalina y cortisol al torrente sanguíneo", aseguró la experta. "Estas hormonas actúan como un comando de operaciones especiales que preparan el cuerpo para la acción y producen una serie de respuestas corporales, aumentan la respiración, sudoración, el ritmo cardíaco y la presión sanguínea. Los sentidos se tornan más agudos, la memoria más veloz y el cuerpo se vuelve menos sensible al dolor: la persona se encuentra en estado de alerta máxima".
Hoy, psicólogos y neurocientificos están de acuerdo con que la forma de conquistar el miedo no es tratando de suprimirlo sino confrontándolo tantas veces como sea necesario. De esa forma el cerebro aprende.

Con el tiempo y el entrenamiento adecuado, el pánico/miedo se hace cada vez menor. El cerebro al exponerse a situaciones de miedo va acostumbrándose y después a aprender a reaccionar ante esas situaciones. Al estar en constante exposición ante situaciones aterradoras, se aprende a suprimir el miedo para esas situaciones, pero si aparecen nuevos escenarios aterradores, hay que entrenar nuevamente al cerebro.
Las técnicas de resistencia mental que desarrolló Eric Potterat para enfrentar miedos paralizantes son conocidas con el nombre de Las 4 Grandes y estas son:
1.- Establecer metas. Fijarse metas funciona con la ayuda de los lóbulos frontales (el supervisor del cerebro) son los responsables del razonamiento y la planificación. Concentrarse en metas específicas permite que el cerebro ponga orden en el caos y mantiene controlada la amígdala (el centro emocional del cerebro).

2.- Ensayar mentalmente (visualización). Debe realizarse mentalmente y de manera continua mientras se realiza cualquier actividad de tal forma que cuando llegue el momento de realizarlo, la actividad se desarrolle normalmente. Eric Potterat dice: "Si practicas primero en tu mente y luego haces un ensayo de lo que deberías hacer en un momento estresante, cuando tengas que enfrentarte con estas situaciones en la realidad será la segunda vez que lo hayas hecho frente a dicha dificultad, entonces tendrás una reacción de menor angustia".
3.- Tener pensamientos positivos. Esta técnica ayuda a enfocar los pensamientos. Pensar en las dificultades que tenemos que enfrentar o en situaciones negativas disminuye la posibilidad de éxito.
4.- Activar el control: esta técnica se centra en la respiración. Cuando conscientemente se respira lentamente logramos combatir los efectos que produce el pánico. Al efectuar largas exhalaciones hacemos que llegue mas oxigeno al cerebro con lo que logramos mejorar su funcionamiento. Una gran estrategia de focalización se logra a través de la respiración, esto debe hacerse sobre todo porque en respuesta al miedo, el cerebro deja de trabajar apropiadamente.
"La activación del control no funciona por sí sola, somos nosotros quienes tenemos que hacerlo de manera consciente. Cuando sentimos miedo, la amígdala envía señales tan poderosas que es difícil anularlas si no intervenimos en el proceso", afirmó Antonini.
"Tenemos que animarnos a sortear aquello que de entrada creemos que no vamos a poder. Ese es nuestro desafío Los límites los ponemos nosotros. Si a través del entrenamiento podemos luchar contra el miedo, podemos sobrepasar casi cualquier obstáculo", concluyó.
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