Vuelven las clases, después del frío: entre el alivio y el rigor del reloj

Las vacaciones de invierno se terminan, los niños retornan al colegio y los padres experimentan sentimientos encontrados. Infobae consultó a especialistas para analizar cómo reorganizar la rutina familiar

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Los niños y los padres afrontan
Los niños y los padres afrontan el regreso a clases con sensaciones encontradas (Shutterstock)

La dinámica familiar retoma el ritmo natural. Las vacaciones se terminan, los niños vuelven al colegio, el caos se regulariza, los horarios se reestructuran. La agenda, los madrugones, las actividades, el reloj reanuda su organigrama común. Para asimilar este nuevo proceso, el cuerpo y la mente precisan readaptarse: niños y adultos necesitan recuperar su espíritu para afrontar su rutina.

En los más jóvenes, el regreso a clases experimenta una conducta ambivalente: el entusiasmo por reencontrarse con compañeros y volver a compartir juegos empata contra la carga de exigencias y obligaciones que impone la escuela. Es común que durante esta transición, el niño revele sentimientos de irritabilidad y mal humor.

Una serie de recomendaciones y consejos postula una adaptación natural y eficiente al segundo semestre de actividades. Estas conductas y apreciaciones pueden ser fácilmente trasladadas al comienzo del año lectivo, un cambio de mayor impacto en la dinámica diaria. En cuestiones de hábitos, es menester graduar los horarios en los que el niño se acuesta y se levanta en procura de regular su reloj biológico. Los padres deben estimular la propuesta creativa y didáctica del colegio para motivar a sus hijos de manera positiva y no reforzar ni validar sus conductas inapropiadas: es prioritario no legitimar los reproches de los niños que no quieren ir a clases para evitar consolidar esos comportamientos negligentes.

El alivio de los padres
El alivio de los padres se suma al entusiasmo de los niños de volver a ver a sus amigos (Shutterstock)

El psicólogo Santiago Gómez, consultado por Infobae, consideró que la adaptación tras las vacaciones invernales es menos traumática que el regreso a clases luego del verano. "Los niños experimentan sensaciones de expectación y felicidad por el reencuentro con sus compañeros. El receso en el invierno los ayuda a recuperarse y recargar energías para afrontar los últimos meses del año", añadió el director de "Decidir Vivir Mejor" y del "Centro de Psicología Cognitiva".

Gómez, a su vez, analizó la visión de los padres por el egreso del período vacacional. "Para muchísimos padres es un alivio. Para quienes no tienen vacaciones laborales, se genera una desorganización bestial a nivel familiar, en el que se ve alterada toda la rutina. Estos desequilibrios son peligrosos porque pueden provocar situaciones de mucho estrés, conflicto o incluso caos".

Sobre este aspecto de inestabilidad y desorden, profundizó en diálogo con Infobae el psicólogo clínico Gervasio Díaz Castelli. Antes, como núcleo del desenlace, develó las sensaciones dispares de aquellos padres que disfrutan y se desgastan durante las vacaciones de invierno: "Representan ciertos sentimientos encontrados. Se terminan las semanas libres de ocio y disfrute con los hijos, y por otro lado reviste cierto alivio porque vuelve la rutina, porque ahora podrá descansar. Hay cierta ambivalencia afectiva en ese sentido".

“El receso en el invierno
“El receso en el invierno ayuda a los niños a recuperarse y recargar energías” (Shutterstock)

El profesional tejió la trastienda de la desorganización familiar que interrumpe el año lectivo: "A muchos padres les cuesta darle contenido, ocio y dinámica a sus hijos cuando éstos ya no van a clases. Cuando el ritmo de la familia moderna se enfrenta con la cuestión del ocio prevalecen ciertos trastornos. Porque en algún punto el tiempo es quien nos lleva a nosotros y no nosotros al tiempo. Cuando se quiebra esa lógica, cuando los padres empiezan a hacerse cargo de las horas perdidas, la familia adopta una ritmo frenético, desordenado".

Sobre la experiencia por volver a ver a sus pares, por retornar a clases, ambos psicólogos advirtieron sobre consecuencias de respuesta negativa a este suceso. El común de los niños recibe con alegría y entusiasmo el hecho de reencontrarse con sus compañeros, con sus juegos. Más allá de los trastornos durante el período de adaptación, algunos niños pueden denunciar con el paso del tiempo el síndrome postvacacional: síntomas de angustia, tristeza y ansiedad que empeoran y se intensifican. "Es posible que estos indicios evidencien una fobia escolar y que encubran una problemática más grave, como bullying u hostigamiento físico y psicológico", finalizó el especialista Santiago Gómez.