
La Maslenitsa, también conocida como la fiesta de manteca que despide el invierno, es una de las celebraciones tradicionales más antiguas y coloridas del mundo eslavo oriental. Cada año, miles de personas en Rusia, Ucrania y Bielorrusia se reúnen para despedir la estación fría con una semana de alegría repleta de música, juegos, desfiles y, sobre todo, deliciosos blinis, los famosos panqueques bañados en manteca y rellenos de manjares dulces o salados. Este año, la celebración se realizó entre el 16 y el 22 de febrero.
Origen y evolución de la Maslenitsa
La historia de Maslenitsa se remonta a tiempos anteriores a la llegada del cristianismo a Rusia. En aquellos días, comunidades paganas celebraban el culto al sol cerca del equinoccio de primavera, preparando rituales para despedir el invierno y celebrar el regreso de la luz, la fertilidad y la renovación de la naturaleza. “Antes de la adopción del cristianismo en el año 988, el pueblo practicaba un culto solar en el que Maslenitsa era fundamental”, señala la profesora emérita Darra Goldstein, autoridad en cultura culinaria rusa y docente de historia en Williams College en Estados Unidos.
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En esas festividades primitivas, el panqueque redondo, cocido sobre piedras calientes y de intenso sabor a manteca, representaba la forma y el calor del sol, un símbolo clave para quienes confiaban en el ciclo natural para sus cosechas y la supervivencia del pueblo.

Tras la cristianización en el siglo X, la Iglesia Ortodoxa Rusa incorporó la festividad al calendario religioso, desplazándola al período inmediatamente anterior a la Cuaresma. Este cambio, explica la profesora Goldstein en entrevista con la revista National Geographic, se debió a la intención de la Iglesia de cristianizar ritos populares.
Así, Maslenitsa fue adaptada para coincidir con el inicio de los 40 días de ayuno y penitencia previos a la Pascua —el evento más sagrado del calendario cristiano— y convertirse en una oportunidad para el desenfreno y el consumo de lácteos prohibidos durante la Cuaresma.
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“La Iglesia permitió que los blinis —esponjosos panqueques de trigo sarraceno bañados en manteca— se transformaran en el símbolo por excelencia del exceso y el placer, bendiciendo la indulgencia en los días que pronto serían de abstinencia”, detalla Goldstein.
Tradiciones y rituales de la fiesta
Durante una semana, la Maslenitsa transforma pueblos y ciudades en escenarios de música, desfiles y comida. El lunes abre la festividad con el recibimiento de la protagonista simbólica: Lady Maslenitsa, un gran muñeco de paja que representa al invierno. Vestida con ropas viejas y portada en andas o trineos, la efigie recorre las calles al ritmo de canciones populares, como: “Estamos dando la bienvenida a Maslenitsa” y “Brilla más fuerte la luz del sol”.
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Los blinis, descritos por Goldstein como “maravillosamente porosos”, dominan las mesas familiares y los banquetes callejeros. En cada jornada existe una forma de compartir estos panqueques, reforzando los lazos entre familiares y vecinos: el miércoles, por ejemplo, es costumbre que las suegras preparen blini especialmente para sus yernos.
La diversión va más allá de la comida. Las tradiciones incluyen mascaradas, concursos, espectáculos de títeres, carreras de trineos, paseos en troika (trineos tirados por tres caballos), patinaje sobre hielo y, antaño, incluso peleas amistosas con los puños y espectáculos de osos amaestrados.
“Cada día de la semana tiene su propio enfoque en la celebración y el compartir del panqueque, consolidando la unión comunitaria”, expuso Goldstein en National Geographic.
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La culminación llega el domingo, cuando los creyentes asisten a la iglesia a confesar sus pecados y piden perdón a familiares y amigos, en un acto de purificación antes de la Cuaresma. Al caer la tarde, la comunidad se reúne para despedir a Lady Maslenitsa arrojando su efigie al fuego; en algunos pueblos, históricamente se arrojaban también ropas y objetos viejos, simbolizando así el dejar atrás el pasado y asegurar buenas cosechas.

“Tras la quema de la muñeca, sus cenizas se esparcían en los campos y jardines para asegurar una cosecha fértil”, relató Goldstein a National Geographic. De forma paralela, en ciertas regiones, ahogaban al muñeco en ríos, representando el final del frío y la llegada de la primavera.
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Maslenitsa en la actualidad: celebraciones y cambios
Con el paso de los diez siglos y los cambios políticos, la Maslenitsa sorteó periodos de censura y renacimiento. Durante los primeros años de la era soviética, el régimen relegó las festividades al ámbito privado. Sin embargo, tras la disolución de la Unión Soviética, Rusia y los países eslavos vivieron un resurgimiento de las tradiciones populares. Tal como señala Goldstein para National Geographic, “hoy en día Maslenitsa ya no es tan ritualizada como antaño; es más un momento para comer blinis en casa o en la calle”.
A pesar de las restricciones actuales en algunos festejos tradicionales —como peleas públicas o quemas de muñecos en espacios inseguros— la esencia no se ha perdido. Grandes ferias de panqueques, carnavales, bailes de máscaras y conciertos animan las principales ciudades, especialmente Moscú, que se ha convertido en el epicentro de la celebración contemporánea. En 2018, 4,75 millones de personas asistieron a los cientos de eventos y ferias organizadas para recibir la primavera en la capital rusa.
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Así, la Maslenitsa sobrevive como uno de los festivales más vibrantes de la cultura eslava: entre panqueques, música y fuego, la antigua fiesta de manteca no solo anuncia el paso del invierno, sino que honra la resiliencia y la alegría colectiva.
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