Visitas a los vestuarios y recitales privados: la aventura de Carlos Gardel en el primer mundial de fútbol, a 91 años de su muerte

El “Zorzal criollo” entabló encuentros con los planteles de Argentina y Uruguay durante la Copa del Mundo de 1930 y dejó frases que los jugadores recordaron por décadas. Una faceta poco difundida del hombre que convirtió al tango en un fenómeno universal

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Los uruguayos, campeones mundiales de 1930, junto a Carlitos Gardel. Registro fotográfico del festejo íntimo de la Celeste con "el Zorzal Criollo" tras vencer a la Argentina en la final del primer Mundial
Los uruguayos, campeones mundiales de 1930, junto a Carlitos Gardel. Registro fotográfico del festejo íntimo de la Celeste con "el Zorzal Criollo" tras vencer a la Argentina en la final del primer Mundial

Carlos Gardel fue uno de los primeros grandes artistas en entender el fútbol como lo que era: no un deporte, sino un lenguaje popular. En el invierno de 1930, mientras Montevideo albergaba el primer Campeonato Mundial organizado por la FIFA, el Zorzal visitó los planteles de Argentina y Uruguay, cantó tangos en las concentraciones, tocó la guitarra hasta entrada la noche y dejó frases que los jugadores recordaron por décadas. Previo a la final, incluso admitió que su corazón estaba “dividido en dos”.

Esos momentos, poco difundidos frente a la vastedad de su obra musical, revelan una faceta desconocida del hombre que convirtió el tango en un fenómeno y lenguaje universal: la de un artista que comprendió antes que nadie que el fútbol y el género que consagró nacían del mismo lugar, de los mismos barrios, la misma gente, la misma necesidad de expresar algo que las palabras solas no lograban. Cinco años después de aquel evento deportivo, la tragedia interrumpió su vida de golpe.

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La noche del 23 de junio de 1935, Gardel cantó por última vez desde el balcón de Radio La Voz de Medellín, en Colombia. El tango que eligió fue Tomo y obligo. Antes de terminar, se despidió con una frase que quedó en las crónicas de la época: “La emoción no me deja hablar. ¡Gracias y hasta siempre!”. Al día siguiente, el 24 de junio, el avión en el que viajaba colisionó con otra aeronave en el aeropuerto de Las Playas mientras carreteaba para despegar. Tenía 44 años. A 91 años de esa muerte, su vínculo con el primer mundial permanece como uno de los episodios menos explorados de su vida.

Los jugadores del Barcelona rodean a Gardel, que fue hincha de los azulgranas
Los jugadores del Barcelona rodean a Gardel, que fue hincha de los azulgranas

El tango como mal presagio y el fútbol como pasión

“Noventa y seis años después del primer Campeonato Mundial de Fútbol, resulta imposible no advertir un curioso paralelismo entre aquel acontecimiento fundacional y la historia de Carlos Gardel”, dice Walter Santoro, presidente de la Fundación Internacional Carlos Gardel.

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Y cuenta que en 1930, el fútbol era un espectáculo todavía en formación. “Trece selecciones viajaron en barco hasta Montevideo para disputar un torneo que estaba lejos de convertirse en la industria mundial que se conoce hoy”, relata. Los entrenamientos eran rudimentarios, los estadios apenas comenzaban a desbordar de público y la gloria era, para aquellos jugadores, la única motivación posible. Aun así, el acontecimiento tuvo, para quienes lo vivieron, una dimensión épica.

“Y allí estaba Gardel, no como espectador ocasional sino como una de las figuras más populares del Río de la Plata“, subraya. En julio de ese año, el cantor se encontraba en Buenos Aires con una agenda de actuaciones casi colmada cuando el torneo comenzó a desarrollarse al otro lado del río. ”Su presencia era tan gravitante que cruzó para visitar tanto al plantel argentino como al uruguayo durante las concentraciones previas a la final”, relata Santoro.

El vínculo de Gardel con el fútbol, sin embargo, tenía raíces anteriores. Años atrás, su amistad con Josep Samitier, el mediocampista del FC Barcelona conocido como el Hombre Langosta, le había abierto los ojos ante un deporte que hasta entonces no le despertaba mayor interés. El propio Gardel confesó que no había entendido verdaderamente el fútbol hasta que vio jugar al Barcelona y descubrió la entrega, la emoción y el sacrificio que existían detrás de cada partido. Esa revelación lo llevó, incluso, a grabarle un tango: ¡Sami!, dedicado directamente a su amigo catalán.

Para el Morocho del Abasto, aquel descubrimiento no era ajeno a su propia manera de comprender el arte. “Entendía perfectamente ese fenómeno. Nunca se consideró una figura aislada del pueblo, por eso, repetía: 'Mi fama no es mía, es de mi país, de mi pueblo. A quien aplaude el público no es a Carlos Gardel: es al arte popular nuestro, al alma nuestra que, por una casualidad feliz, me ha tocado interpretar a mí’“. El fútbol, como el tango, era para él una expresión del mismo pueblo que lo había formado.

El día que Gardel visitó a la selección argentina durante la concentración en Santa Lucía, en el Mundial de 1930. Entre los jugadores estaban Francisco Varallo, Guillermo Stábile, Luis Monti y Carlos Peucelle, entre otros
El día que Gardel visitó a la selección argentina durante la concentración en Santa Lucía, en el Mundial de 1930. Entre los jugadores estaban Francisco Varallo, Guillermo Stábile, Luis Monti y Carlos Peucelle, entre otros

“Tengo mi corazoncito dividido”

En las concentraciones previas a la final, Gardel se convirtió en una presencia habitual entre los futbolistas. Santoro, investigador de cada paso del cantor, recuerda que Francisco Varallo, delantero de la selección argentina, contó en una oportunidad que el cantor aparecía con frecuencia en el campamento de Santa Lucía. “Allí, compartía largas sobremesas, tocaba la guitarra y cantaba hasta entrada la noche. Para aquellos jóvenes jugadores, el encuentro con la mayor estrella artística del momento tenía un peso que ninguna preparación táctica podía reemplazar”, revela.

Aunque sabía que existía una clásica rivalidad entre los países, Carlitos nunca tuvo en su filosofía fomentar divisiones. “Comprendía que las pasiones populares debían unir y no separar. Por eso, cuando los periodistas le preguntaban por quién simpatizaba en aquella final, respondía con una frase directa y verdadera: ‘Tengo mi corazoncito dividido’. Y no era una evasiva sino la expresión de quien entendía que argentinos y uruguayos compartían una misma cultura rioplatense, una misma forma de sentir la música, el barrio, el café y también el fútbol", subraya Santoro.

Y cuando le pedían predicciones resultadistas, Gardel respondía con la misma precisión. Cuando un periodista local le consultó sobre sus expectativas antes de las semifinales —en las que Estados Unidos y Yugoslavia competían por un lugar en la final—, respondió con una frase que quedó registrada en las crónicas de la época: “El fútbol es más difícil de acertar que las carreras, y en el hipódromo no acierta nadie, salvo (Irineo) Leguisamo. Solamente diré que los rioplatenses llegarán a la final”.

La predicción fue exacta. El 30 de julio de 1930, Argentina y Uruguay se enfrentaron en la primera final del Campeonato Mundial organizado por la FIFA. La Celeste se impuso 4 a 2 y se consagró campeona del mundo. Gardel no estaba en las tribunas del Estadio Centenario: había declarado a la prensa que su amor por las dos banderas era demasiado grande para inclinarse por alguna. Pero su presencia había atravesado la preparación de las dos selecciones.

También fue a ver a la Celeste en su concentración, les cantó y compartió chistes con ellos antes de ser campeones del mundo
También fue a ver a la Celeste en su concentración, les cantó y compartió chistes con ellos antes de ser campeones del mundo

Tango y fútbol: dos lenguajes del mismo barrio

La conexión de Gardel con el fútbol no se limitó a las concentraciones ni a las amistades. Grabó canciones directamente inspiradas en ese deporte: Patadura, ¡Sami! y Mi primer gol.

Mientras buena parte de la intelectualidad de la época miraba el fútbol con distancia, Gardel entendió que compartía con el tango un mismo origen: los barrios de inmigrantes y criollos que construían una identidad nueva en el Río de la Plata. “Ambos nacían en los barrios, hablaban el lenguaje de la calle y representaban los sueños de millones de inmigrantes y criollos que estaban construyendo una nueva identidad nacional”, define Santoro.

Según el gardeliano, el cantor solía afirmar "no soy yo el que triunfa, es nuestro tango el que se impone“. Lo mismo podría decirse de aquellos futbolistas que en 1930 comenzaban a llevar los colores rioplatenses por el mundo. Para Gardel, tango y fútbol eran dos expresiones del mismo sentimiento: el de una sociedad que buscaba reconocerse a sí misma a través de sus propias creaciones populares.

Carlos Gardel en busca de una identidad
Carlos Gardel obtuvo su primera cédula argentina en octubre de 1920

La propia identidad de Gardel reflejaba esa ambigüedad rioplatense. En su testamento confirmó haber nacido el 11 de diciembre de 1890 en Toulouse, Francia, hijo de Bérthe Gardés. El 8 de octubre de 1920, inició su estrategia legal al registrarse en el Consulado de Uruguay en Buenos Aires, donde declaró (falsamente) haber nacido en Tacuarembó en 1887, tres años antes de la fecha real.

Un mes más tarde, el 4 de noviembre de 1920, utilizó esa certificación para obtener su primer documento argentino: la Cédula de Identidad de la Policía de la Capital. Con este respaldo, el 7 de marzo de 1923 solicitó formalmente la ciudadanía argentina ante el Juzgado Federal N° 1. El proceso culminó con éxito el 1 de mayo de 1923, fecha en la que obtuvo la ansiada nacionalidad argentina, permitiéndole tramitar su primer pasaporte definitivo el 10 de mayo de ese mismo año para lanzarse a la conquista del mundo. Aunque la historia está documentada, Argentina y Uruguay todavía se disputan su origen, del mismo modo en que habían disputado aquella final de 1930.

Cinco años después del primer Mundial, mientras recorría América en una gira que lo había alejado de Buenos Aires por meses, el accidente aéreo de Medellín interrumpió esa historia. El 24 de junio de 1935, el destino apagó la voz más pura del tango cuando el trimotor Ford en el que viajaba chocó contra otra aeronave en plena pista del actual aeropuerto Olaya Herrera. El trágico incendio desatado en segundos no solo le costó la vida al “Zorzal Criollo” y a su gran compañero Alfredo Le Pera, también fallecieron sus tres músicos.

Una de las ultimas fotos de Carlos Gardel, antes de que despegara la aeronave, en Colombia
Una de las ultimas fotos de Carlos Gardel, antes de que despegara la aeronave, en Colombia

La fatalidad sumió al mundo entero en un dolor profundo. Horas antes de subir al avión, Gardel pareció presentir el final con un desgarrador mensaje de despedida ante los micrófonos: “No sé si volveré, porque el hombre propone y Dios dispone”. Aquel fatídico instante transformó al cantor de la sonrisa perfecta en un mito popular imborrable, dejando al tango huérfano de su máximo creador.

El cuerpo de Gardel fue enterrado en el cementerio de San Pedro, en esa ciudad colombiana. Luego de un extenso trámite burocrático que involucró al presidente del país en el que murió, Alfonso López, y una disputa diplomática entre Argentina y Uruguay por la repatriación de sus restos, el féretro llegó al puerto de Buenos Aires el 5 de febrero de 1936. Más de 40.000 personas lo esperaban y acompañaron en una procesión multitudinaria —una de las mayores de la historia argentina— que se sucedió ininterrumpidamente a lo largo de la Avenida Corrientes hasta el Cementerio de la Chacarita, donde fue alojado, primero, en el Panteón de los Artistas.

En diciembre de ese mismo año, el cuerpo fue trasladado a una doble parcela en la misma necrópolis, hasta que finalmente el 7 de noviembre de 1937 sus restos fueron exhumados por última vez para ser depositados de forma definitiva en el imponente mausoleo coronado por su eterna estatua de bronce.

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