A 30 años de los indultos de Menem: reuniones confidenciales, secretos y la trastienda de una decisión que buscó dejar atrás la violencia de los ’70

Un repaso por los días que llevaron al ex presidente a tomar la decisión de indultar a militares condenados por delitos de lesa humanidad y a dirigentes de organizaciones armadas que lideraron acciones extremistas

(Carlos Luna)
(Carlos Luna)

Hace 30 años el presidente constitucional Carlos Saúl Menem daba a conocer una primera lista de indultos a militares condenados por violaciones a los derechos humanos y dirigentes montoneros que actuaron en la década del setenta. También fueron incluidos militares que se había sublevado contra las autoridades constitucionales del radicalismo. En realidad la decisión presidencial no nació de un día para otro sino que fue parte de un prolongada y cuidada decisión. La cuestión de los indultos, además, formaba parte de la agenda de debate político que venía del gobierno del presidente Raúl Ricardo Alfonsín.

“¿Rumbo a un indulto?” fue el título de la nota de tapa del semanario Somos del 12 de octubre de 1988. Es decir, la cuestión se planteaba a siete meses de la elección presidencial del año siguiente y una prevista asunción del nuevo mandatario –según se entendía—de más de un año. En ese momento la idea que primaba en el gobierno radical era alargar los plazos de la justicia en las causas incoadas para “no pagar ahora el costo político de alguna forma de indulto”.

Hace 30 años, el gobierno de Carlos Menem daba a conocer los primeros indultos
Hace 30 años, el gobierno de Carlos Menem daba a conocer los primeros indultos

Frente a la tensión entre el sector gubernamental y el militar tras los hechos de Semana Santa y Monte Caseros el peronismo renovador (derrotado por el menemismo en la interna de julio de 1988) intentaba “conversar sobre un costo compartido” para alcanzar “una solución definitiva”.

A su vez, desde la trinchera menemista se sostenía que la cuestión era “un problema del radicalismo que tendrá que resolver por sí solo una situación que ese partido, desde el poder, ayudó a crear”.

En esos días pocos se atrevían a hablar de indultos, amnistías o “borrón y cuenta nueva” y se refugiaban detrás de algunos eufemismos, pero lo cierto era que el problema golpeaba las puertas de los despachos cotidianamente. Es más, se conocían diálogos que manifestaban un absoluto desconcierto.

Semana Santa de 1987. Alfonsín hace su histórico discurso de "Felices Pascuas". A su lado está Antonio Cafiero, el líder peronista que respaldo la democracia en su hora más aciaga
Semana Santa de 1987. Alfonsín hace su histórico discurso de "Felices Pascuas". A su lado está Antonio Cafiero, el líder peronista que respaldo la democracia en su hora más aciaga

El diario Página 12 dio a conocer un encuentro realizado el 28 de septiembre de 1988 entre el Presidente de la Nación con el jefe del Estado Mayor del Ejército, teniente general Dante Caridi y un diálogo muy particular.

“Yo no sirvo más, me voy”, dijo el militar al presidente, al tiempo que adelantaba que se iba a producir un “retiro en cascada de los altos mandos”.

Alfonsín: ¿Esto es un planteo, general?

Caridi: No es un planteo pero en estas condiciones yo no mando en el Ejército y así no tiene sentido seguir. Yo necesito tener algo que ofrecer a la fuerza. Lo único que pido es que los juicios queden congelados. La solución de fondo ya la tengo arreglada con Menem.”

Todavía no se habían realizado las elecciones presidenciales y ya Alfonsín daba la sensación de ser un “pato rengo”.

Lo sintomático de todo esto es que nadie salía a aclarar si lo publicado era cierto, medianamente cierto o totalmente falso. Lo real, entonces, era que la tensión castrense era cada día mayor, que el gobierno nacional podía hacer cada vez menos para solucionar los problemas porque había sumergido al país en una creciente crisis económica y social y que no estaba en condiciones de ofrecer una “solución final” al problema. Mientras se maceraba una respuesta al problema militar, los políticos (sus operadores) y los jefes militares aseguraban que la cuestión “no tiene salida jurídica, sino política”.

Como si no faltaran inconvenientes en esos días de octubre, el candidato presidencial Menem recibió un documento de un observador militar que le informaba de un pronóstico hecho llegar en julio de 1988 al Estado Mayor por el Pentágono de los Estados Unidos, en forma secreta, que pronosticaba que en caso de triunfar el peronismo se instauraría “un régimen totalitario de ultraderecha” con el respaldo de “fuerzas armadas nacionales”. El pronóstico inducía a un sector del radicalismo y “la cúpula liberal de las FFAA a impedir por cualquier medio el acceso de Menem al poder”. Ese adelanto confirmaba el contenido de otra carpeta que se expresaba en términos similares.

Una imagen emblemática del levantamiento carapintada de 1987 (NA)
Una imagen emblemática del levantamiento carapintada de 1987 (NA)

Semanas más tarde –en diciembre de 1988- estalló la sublevación de Villa Martelli encabezada por el coronel Mohamed Alí Seineldín y Caridi partió a su casa y llegó el turno del Colorado Francisco Eduardo Gassino. El conflicto terminó el 4 de diciembre de 1988 cuando el general Isidro Cáceres llegó a un acuerdo con los sublevados sobre el futuro tratamiento de los militares enjuiciados por la violación de los Derechos Humanos y una amnistía a los oficiales que participaron en los levantamientos contra el orden democrático. Como era de imaginar, Cáceres negó cualquier acuerdo con Seineldín.

El 14 de mayo de 1989 Menem derrotó en las elecciones presidenciales a Eduardo César Angeloz en el contexto de una crisis argentina en todos los órdenes. Días más tarde, el presidente Alfonsín y Menem se encontraron el la residencia de Olivos y la “cuestión” de los indultos volvió a salir a la luz pública. Según el presidente electo, el 31 de mayo de 1989, mientras caminaban por los jardines, Alfonsín se despachó sobre el tema: “(Alfonsín) me presentó a mí un decreto firmado de indulto para militares y quería que yo pusiera mí firma convalidando la medida”. Como era de esperar, las declaraciones de Menem al matutino Ámbito Financiero fueron negadas por el oficialismo.

Entre esta entrevista y la asunción presidencial de Menem, el 8 de julio de 1989, los medios de comunicación iban reflejando el clima que se preparaba para las futuras decisiones del Poder Ejecutivo. Nadie del mundo político podía hacerse el distraído. En uno o en otro sentido se deslizaban frases del futuro presidente o de sus operadores que intentaban esclarecer el futuro institucional.

El 8 de julio de 1989 Carlos Saúl Menem asume la presidencia, luego de las elecciones en que venciera al candidato radical Eduardo Angeloz con el 47,5% de los votos.
El 8 de julio de 1989 Carlos Saúl Menem asume la presidencia, luego de las elecciones en que venciera al candidato radical Eduardo Angeloz con el 47,5% de los votos.

Se hablaba de “operativo pacificación” y Menem sostenía: “No me gusta ver presos ni siquiera a los pájaros”. No conociendo en profundidad el pensamiento de Alfonsín, el diputado nacional César Jaroslavsky le contestó: “Hay pájaros que están encerrados porque cometieron delitos”.

El concepto inicial ya aparecía más amplio porque ya no se hablaba de beneficiar solamente a los militares sino también a jefes guerrilleros de la organización Montoneros. Sólo quedarían afuera del supuesto indulto los atacantes del Regimiento de La Tablada del 23 de enero de 1989 y algunos jefes del Ejército Revolucionario del Pueblo. También se dejaba trascender –por qué no decirlo—que se iba a revisar la calificación de la lucha contra la subversión y que, si se llegaba a la conclusión de que había sido una guerra, se pondrían en marcha algunos mecanismos de revisión del juzgamiento de los hechos.

Mientras Seineldín se encontraba preso en los cuarteles de Palermo y recibía a diferentes dirigentes políticos, el general Gassino, acompañado por el general Francisco Fiorda, el lunes 3 de julio de 1989 visitó a Menem en La Rioja. Durante el encuentro, el jefe del EMGE le rindió un crudo informe sobre el estado económico de su Fuerza puntualizando, entre otros detalles, que los proveedores habían restringido la comida entre la tropa y hacían acopio de combustible frente a los futuros aumentos. “La dirigencia política ahora está informada. Lo importante –dejó trascender el Ejército como advertencia—es que no se podrá alegar después ignorancia ni distracción”. También se habló sobre la cuestión del indulto, amnistía, pacificación. En fin, todavía no se sabía cómo calificar a la futura decisión.

El 8 de julio de 1989 Carlos Menem pronunció frente al Parlamento Nacional su discurso inaugural. Dio algunas señales de sus futuros pasos, cuando dijo:

-“Se terminó el país del ‘todos contra todos’. Comienza el país del ‘todos junto a todos’”.

-“No existe otra manera de decirlo: el país está quebrado, devastado, destruido, arrasado".

-"Si la Argentina no está donde debe estar, no es por culpa del país sino por responsabilidad de los argentinos. De nuestras divisiones, de nuestros lastres históricos, de nuestros prejuicios ideológicos, de nuestros sectarismos.”

-“Yo quiero ser presidente de un reencuentro, en lugar de transformarme en el líder de una nueva división entre hermanos. Por eso no vamos a perder tiempo para concretar la reconciliación de todos los argentinos”.

-“Ha llegado la hora de que cada argentino tienda su mano al hermano, para hacer una cadena más fuerte que el rencor, que la discordia, que el resentimiento, que el dolor, que la muerte que el pasado. Ha llegado la hora de un gesto de pacificación; de amor, de patriotismo. Tras seis años, de vida democrática no hemos logrado superar los crueles enfrentamientos que nos dividieron hace más de una década. Vamos a decirle que jamás se alimentará un enfrentamiento entre civiles y militares, sencillamente porque ambos conforman y nutren la esencia del pueblo argentino”.


Al asumir, Menem aseguró: "Se terminó el país del ‘todos contra todos’. Comienza el país del ‘todos junto a todos"
Al asumir, Menem aseguró: "Se terminó el país del ‘todos contra todos’. Comienza el país del ‘todos junto a todos"

Por esas horas –según consta en mis apuntes—el presidente de SOMISA, Hugo Alberto Franco, recibió un llamado telefónico del Presidente de la Nación. Se conocían bien y Franco, además, había participado en la campaña nacional. Menem le dijo: “Andá a verlo al cardenal a Córdoba y decile que necesito hablar con él”. A las pocas horas, el presidente recibió la aceptación y el cardenal Raúl Francisco Primatesta se preparaba para viajar a Buenos Aires.

Para mantener la reserva, Menem sugirió una comida privada en la casa de Franco y así se hizo.

Menem trataba a Primatesta de “eminencia” y le prestaba atención, por lo menos en detalles que se convertirían en mensajes a la sociedad. Fue el que aconsejó a Menem que no se moviera de su provincia la noche de su victoria electoral. “No deje de llamar primero al candidato derrotado”, dijo y dio las pautas para el futuro ministro de Educación.

Cuando se encontraron, luego de algunas chanzas futboleras (Menem es de River y Primatesta era de Estudiantes de La Plata), se dirigieron al estudio de la casa y comenzó el diálogo. El corazón del mismo fue realizado levantando la mirada por sobre la situación que los rodeaba:

Menem: Eminencia, usé la palabra necesito porque quería escucharlo, consultarlo. Estoy herido por el país. No se puede gobernar con tantas heridas abiertas y yo que sufrí busco cerrar esas heridas. Le quiero comentar que estoy pensando en un indulto y para mí su opinión es muy importante.

Primatesta: Ustedes los políticos hablan de indultos, nosotros los curas hablamos de reconciliación. Presidente, avance con la reconciliación.

Menem: Qué puede opinar el cardenal (Antonio) Quarracino (Arzobispo de Buenos Aires) de esto?

Primatesta: En esta reunión yo soy también Quarracino.

Paralelamente, comenzó a trascender que los ex miembros de la organización Montoneros habían firmado en abril de este año una declaración titulada: “Compromiso solemne por la pacificación y reconciliación nacional sustentadas en la justicia social y la autocrítica nacional”. En la misma sostenían: “La historia argentina de las últimas décadas está signada por una guerra civil intermitente, con sucesivas falsas antinomias que dividieron y enfrentaron a sectores del Pueblo y de la Nación Argentina".

Quieto, Firmenich y Vaca Narvaja, tres de los jefes montoneros
Quieto, Firmenich y Vaca Narvaja, tres de los jefes montoneros


También afirmaban: “No hay entre los argentinos absolutamente ningún sector libre de culpa y errores.” El largo texto firmado por Mario Firmenich, Roberto Cirilo Perdía, el Vasco Vaca Narvaja, Jorge Cepernic, Oscar Bidegain y varios más fue entendido como una de autocrítica por su conducta del pasado. Debe recordarse que en la misma dirección se interpretó al discurso del jefe del Estado Mayor Conjunto, brigadier Teodoro Waldner, de diciembre de 1986, cuando definió sus palabras como una “garantía a los oficiales jóvenes”.

En agosto se pensó en realizar una misa de “reconciliación” en la Basílica de Lujan pero la idea decayó por no encontrar el entusiasmo necesario.

Ya se hablaba de un indulto por esos días que podría estar, inicialmente, acotado. No entrarían en la primera tanda los ex comandantes en jefe, el ex general Carlos Suárez Mason y Firmenich.

La iniciativa, finalmente, se dio en dos pasos, si bien algunos presionaban para que se concediera en una sola instancia. En una prueba de comprensión y generosidad, el dirigente radical Eduardo César Angeloz me dijo: “Decile a Carlos que dé el paquete completo y que yo voy a salir a respaldarlo”. Fue durante un café que tomamos en el café Rond Point de avenida Figueroa Alcorta y Tagle. Cuando transmití el mensaje el Presidente me contestó: “No puedo, los ‘eduardos’ se niegan”. Los “eduardos” eran Bauza, Menem y Duhalde. Menem en esas horas deseaba producir las iniciativas cuanto antes y de una sola vez.

Mientras se definían las distintas situaciones jurídicas de los imputados más importantes, el sucesor de Gassino, el correntino general Isidro Cáceres, el lunes 24 de julio convocó a 27 oficiales que habían participado en los episodios de Semana Santa, Monte Caseros y Villa Martelli y les solucionó su situación militar. Se cumplía así con el compromiso de amnistía interna acordado en Villa Martelli.

Algunas voces se alzaron en contra de la medida tomada por Menem
Algunas voces se alzaron en contra de la medida tomada por Menem

La cuestión más delicada se prolongó porque el presidente debió viajar a la cumbre de Países No Alineados en Belgrado, mientras Raúl Granillo Ocampo, el Secretario Legal y Técnico de la Casa de Gobierno, y un grupo de juristas, estudiaban caso por caso. Frente a lo que se hablaba y se veía el fiscal Luis Moreno Ocampo (el fiscal del juicio a las juntas militares) adelantó: “No quiero vivir en una república bananera. Por eso quiero que Firmenich, Videla, Massera, Camps y los corruptos estén presos. Es la única forma de vivir en un país en serio”.

El sábado 7 de octubre de 1989, de manera sorpresiva, en La Rioja, Menem le dijo al periodismo: “Voy a anunciar el indulto; el que no está de acuerdo se puede ir, que nadie va a ofenderse”. Salvo alguna excepción, a decir verdad, nadie se conmovió y conservaron sus puestos. Años después opinarían diferente. El mismo sábado, el Presidente se comunicó con Granillo Ocampo y salieron a la luz pública los decretos 1002, 1003, 1004 y 1005 (y sus anexos) que ya habían sido rubricados la noche anterior en Olivos. Al decir del teniente general Cáceres, “los indultos que anulan las penas pero no las faltas cometidas”; eran una decisión presidencial comprendida por el artículo 86, inciso 6 de la Constitución Nacional (de 1853). Los primeros decretos que beneficiaron a 300 imputados fueron conocidos el domingo 8 de octubre, día del cumpleaños de Juan Domingo Perón y la captura de Ernesto Che Guevara en Bolivia.

Decreto 1002/89: Indultaba a todos los jefes militares procesados que no habían sido beneficiados por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, excepto el ex-general Carlos Guillermo Suárez Mason, que había sido extraditado de los Estados Unidos.

Decreto 1003/89: Indultaba a líderes y miembros de los grupos guerrilleros y otras personas acusadas de subversión, entre ellas personas que se encontraban muertas o “desaparecidas”. También indulta a militares uruguayos.

Decreto 1004/89: Indultaba a todos los participantes de las rebeliones militares de Semana Santa y Monte Caseros en 1987 y de Villa Martelli en 1988.

Decreto 1005/89: Indultaba a los ex-miembros de la Junta de Comandantes Leopoldo Galtieri, Jorge Isaac Anaya y Basilio Lami Dozo, condenados por los delitos cometidos en la conducción de la Guerra de las Malvinas.

El 30 de diciembre de 1990 se conoció la segunda tanda de indultos a los jefes militares y ex guerrilleros:

Decreto 2741/90: Indulta a los ex miembros de las juntas de comandantes condenados en el Juicio a las Juntas de 1985 Jorge Rafael Videla, Emilio Massera, Orlando Ramón Agosti, Roberto Viola, y Armando Lambruschini. Indultaba también a los militares condenados en crímenes de lesa humanidad Ramón Camps y Ovidio Riccheri.

Decreto 2742/90: Indultaba a Mario Eduardo Firmenich, líder de la organización guerrillera Montoneros.

Decreto 2743/90: Indultaba a Norma Bremilda Kennedy procesada por malversación de fondos públicos.

Decreto 2744/90: Indultaba a Duilio Antonio Rafael Brunello condenado a inhabilitación absoluta y perpetua por el delito de malversación de fondos públicos.

Decreto 2745/90: Indultaba al ex-ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz procesado por el secuestro contra Federico y Miguel Ernesto Guthein. El ex Ministro fue prontamente sobreseído durante el gobierno de Alfonsín.

Decreto 2746/90: Indultaba al ex militar Guillermo Suárez Mason.

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