Para matar al Che se había planeado un motín que no resultó
Para matar al Che se había planeado un motín que no resultó

Puede decirse que fue uno de los últimos civiles que lo ayudaron en la selva boliviana. Se llamaba Epifanía Cabrera, descripta por el propio Ernesto Guevara como "la vieja de las cabras". El raleado pelotón de guerrilleros, que soñaba con establecer un foco insurreccional en Bolivia, necesitaba información.

Así escribió el Che: "Se cumplieron los 11 meses de nuestra inauguración guerrillera sin complicaciones, bucólicamente; hasta las 12:30, hora en que una vieja, pastoreando sus chivas entró en el cañón en que habíamos acampado y hubo que apresarla. La mujer no ha dado ninguna noticia fidedigna sobre los soldados, contestando a todo que no sabe, que hace tiempo que no va por allí. Sólo dio información sobre los caminos; de resultados del informe de la vieja se desprende que estamos aproximadamente a una legua de Higueras y otra de Jagüey y unas 2 de Pucará. A las 17:30, Inti, Aniceto y Pablito fueron a casa de la vieja, que tiene una hija postrada y una medio enana; se le dieron 50 pesos con el encargo de que no fuera a hablar ni una palabra, pero con pocas esperanzas de que cumpla a pesar de sus promesas".

La mujer les dio alimentos. Ellos, dinero. Y no los delataría.
"Salimos los 17 con una luna muy pequeña, y la marcha fue muy fatigosa y dejando mucho rastro por el cañón donde estábamos, que no tiene casas cerca, pero sí sembradíos de papa regados por acequias del mismo arroyo. A las 2 paramos a descansar, pues ya era inútil seguir avanzando. El Chino se convierte en una verdadera carga cuando hay que caminar de noche". Esa es la última entrada del diario que Guevara llevó por 11 meses en una agenda alemana. Lleva como fecha 7 de octubre.

¿Quién finalmente delató al Che y a su grupo, que terminaría con la aventura guerrillera de provocar una Sierra Maestra en América del Sur?

Aleida, la hija mayor del Che, sospecha que Regis Debray, el teórico marxista que acompañaba a Guevara y que cayera prisionero de los bolivianos, lo delató. Años después, Debray se desligaría de su pasado izquierdista, fue asesor de Mitterrand y hasta publicó libros donde destruía la imagen de Guevara.

Otros pusieron sus miradas en el mendocino Ciro Bustos, capturado junto con el francés. Lo cierto es que la campaña guerrillera no tuvo eco en ese país, especialmente en el campesinado, hecho que el propio Guevara dejó asentado en su diario. Asimismo, expertos hablan de errores estratégicos de un Guevara líder pero con escasos conocimientos militares, que se movían por un terreno desconocido para ellos sin cartografía adecuada y que, apenas fueron vistos por lugareños, habían sido denunciados. Y también flotaban en el ambiente la indiferencia y oposición de líderes del partido comunista boliviano, que no querían saber nada con este foco revolucionario.

Lo cierto es que el dato certero de la ubicación de Guevara y su gente llegó a Aníbal Quiroga, el Corregidor de La Higuera, y este le contó todos los detalles al Ejército, al que le resultaba dificultoso hallar a un número tan reducido de personas. En la tarde del domingo 9 de octubre de 1967, el Che Guevara fue capturado luego de haber sido herido en una pierna, en un tiroteo en la Quebrada del Yuro. Todo el grupo fue trasladado –incluidos los muertos- a La Higuera, distante dos kilómetros de donde habían sido sorprendidos. Al momento de registrar a Guevara, le encontraron, además de su diario, una pistola 9 mm, una daga, dólares, pesos bolivianos, un Rolex y dos pipas.

Esa misma noche, en una reunión que el presidente boliviano René Barrientos mantuvo con el general Ovando, otros altos jefes militares y hasta el jefe de la CIA en Bolivia, John Tilton, se decidió la ejecución de Guevara, aun cuando en ese país no estaba instaurada la pena de muerte.

Mantenerlo detenido y enjuiciarlo hubiese significado meses de protestas, manifestaciones, pedidos de libertad y arriesgarse al surgimiento de otros grupos guerrilleros.

La orden en clave emitida para los militares en La Higuera fue: "Saluden a papá". La recibió el coronel Miguel Ayoroa Montano; este se la transmitió al teniente Pérez Panoso. Les correspondería aplicarla al suboficial Mario Terán Ortuño y al sargento Bernardino.

¿Cómo matarlo?

Se planeó que estallara un motín entre la tropa y, en la confusión, que el Che fuera muerto. Pero los soldados se negaron. Entonces Terán y Huanca debieron ponerse la misión al hombro.

Primero, fueron a la choza donde estaban Willy Cuba y Aniceto Reynaga, compañeros de la malograda guerrilla. Terán mató al primero de un tiro en la cabeza y a Huanca, al segundo.

Terán cambió su arma por una automática y entró al aula de la escuela donde permanecía Guevara, quien, apenas lo vio, le dijo:

—¿Usted ha venido a matarme?
Terán no respondió. El argentino preguntó:

—¿Qué han dicho los otros? ¡Eran unos valientes!, respondió el propio Guevara.

Al ver el estado de turbación de Terán, el condenado le ordenó:"¡Póngase sereno y apunte bien. Va usted a matar a un hombre!".

Terán retrocedió unos pasos y, sin mirar, disparó una primera ráfaga que impactó en las piernas de Guevara, quien se desplomó entre gritos de dolor. Ya en el piso, volvió a disparar: una bala dio en el brazo, otra en el hombro y una tercera impactó en el corazón. Guevara estaba muerto. El primero en verificarlo fue Eduardo González, agente de la CIA.

Las autoridades bolivianas comunicaron que el Che Guevara había fallecido a consecuencia de las heridas recibidas en un enfrentamiento con el Ejército. Una explicación inverosímil que los hechos refutarían.

Ese mismo día, por la tarde, el cuerpo del Che fue llevado a Vallegrande, y colocado sobre una pileta del lavadero del hospital. Ahí, por casi un día desfilaron militares y civiles que se tomaban fotografías junto al cadáver, que aún mantenía sus ojos abiertos.

Entre oficiales y soldados se repartieron sus pertenencias. Algunos le cortaron mechones de su cabello. El día 10 amputaron sus manos para su identificación e hicieron desaparecer el cuerpo. Sus restos, junto a los de sus compañeros, serían hallados en junio de 1997 en una fosa común cercana al aeropuerto de Vallegrande. Al mes siguiente, fueron colocados en una urna en la localidad cubana de Santa Clara.

El 15 de octubre, Fidel Castro anunciaba: "Hemos llegado a la conclusión de que la noticia referente a la muerte del comandante Ernesto Guevara es dolorosamente cierta". Dicha declaración había sido hecha sin la autorización de la familia, que no deseaba dar precisiones para alimentar el mito del Che aún vivo.

Los guerrilleros que lograron escapar de Bolivia corrieron suerte disímil. Unos serían muertos en distintos enfrentamientos, algunos retornaron a Cuba y otros se exiliarían, descontentos y perseguidos por Fidel Castro. Y Epifanía Cabrera, "la vieja de las cabras", cuando se enteró de la muerte de Guevara, por el miedo a las represalias al haber ayudado a los guerrilleros, eligió un destino más modesto: se escondió en el monte junto con sus hijas.