La intimidad del día de la victoria

 

Tuve el privilegio de ser uno de los acompañantes que lo secundaron a Carlos Saúl Menem durante la interna partidaria de 1988 y la campaña presidencial de 1989. La primera fue una epopeya porque Carlos le ganó a toda una dirigencia partidaria con el solo acompañamiento de la gente. La segunda tuvo el valor de triunfar por sobre la campaña del miedo que impuso el oficialismo en los últimos tramos de la contienda electoral. El día del triunfo el candidato electo, con gran generosidad, convocó todos. Aquí tan solo unos pasajes del día de la victoria.

Carlos Saúl Menem guardaba sus secretos hasta último momento y los iba administrando de a poco. Amaba las sorpresas. Varios días antes del domingo 14 de mayo de 1989 sabía que ganaba la contienda electoral y comenzó a armar un equipo de transición. Cuando los juntó a todos les dijo: "Antes de referirme a la transición quiero dejar planteada una cuestión. Esta fue la campaña más barata que hizo el PJ en toda su historia, ya que la mitad de ella se basó en mi esfuerzo personal; ustedes me acompañaban, pero por tramos. El esfuerzo principal lo tuve que hacer solo".

Mientras en Buenos Aires los equipos de trabajo se preparaban para instalar las oficinas en el Hotel Presidente y rodearlo al Presidente Electo, Menem durante una conversación a solas en su departamento de la calle Posadas al 1500, el 4 de mayo, me preguntó: "¿Sabes lo que voy a hacer el 15? Me voy a la Rioja a sumir la gobernación. El que quiera verme que viaje y te reitero que deseo que me acompañes a Anillaco el 14". Ya había hecho el mismo viaje en julio del año anterior, cuando ganó la interna y solía decir que le traje suerte. El cardenal Raúl Francisco Primatesta le dijo algo parecido: "Festeje el triunfo en La Rioja con su gente" y le dio una carpeta con unas sugerencias para la noche de la victoria. Menem pensando a futuro le dijo: "Tenemos que ubicar un Ministro de Educación" y el influyente cardenal le contestó: "Mire doctor, el Ministerio de Justicia es para los abogados y en Educación los educadores". Lo miró en silencio, como todos los que fuimos testigos de este diálogo. Cuando partió le preguntó a Hugo Franco, en cuyas oficinas se realizó el encuentro: "¿Qué me quiso decir?" y el dueño de casa le respondió (Antonio) "Nino" Salonia. La memoria puede tener algunos vacíos que mis libretas no lo permiten.

Las encuestas aventuraban la victoria del candidato del Frente Justicialista de Liberación (FREJUPO) pero la gente se lo aseguraba en las calles. El 8 de mayo realizó su última caravana electoral en Córdoba. José Manuel de la Sota se jugó entero. Horas antes había realizado doce horas de caravana en Rosario y Miguel Ángel Vico, uno de sus secretarios, tuvo que hacerle unos masajes.

En esas horas en las que el gran público miraba la campaña por televisión en algunos despachos u oficinas se conversaba sobre adelantamiento de la entrega del gobierno y una futura reforma constitucional. "Nosotros le damos dos años y ellos ceden seis meses" me cuenta el dirigente rosarino Rubén Cardozo, como resultado de un encuentro de Eduardo Bauza con el Ministro del Interior, Enrique Nosiglia. En otras palabras el peronismo aceptaba un período presidencial de cuatro años y el radicalismo con Raúl Alfonsín a la cabeza dejaría el poder antes de diciembre de 1989, como sucedió.

Apuntes de mi libreta correspondientes al 13 de mayo de 1989
Apuntes de mi libreta correspondientes al 13 de mayo de 1989

El sábado 13 de mayo de 1989, antes de partir a La Rioja, Menem hizo declaraciones a la RAI en sus oficinas de la avenida Callao. Al corresponsal italiano le dijo: "Necesitamos inversiones de riesgo, producción, para una distribución con justicia social". Luego fue a la cocina a comer algo rápido y Mari le dio unos pedacitos de panal de abeja. Luego bajó a su despacho donde lo esperaban Alberto Pierri, Eduardo Menem, Humberto Toledo, José Luis Manzano, Rubén Cardozo y Ramón Hernández. El reloj marcaba las 11.29 cuando recibió un llamado del vicepresidente 1º del justicialismo riojano, Bernabé "Pochito" Arnaudo. Frente a todos le dice: "Prepará el festejo, me voy a quedar para festejar con mi pueblo". Frente a esta determinación varios de los presentes comenzaron a realizar planes para trasladarse a La Rioja después de votar en sus respectivas provincias. A las 11.29 lo visitaron el dirigente desarrollista Rogelio Frigerio y su hijo Octavio. Hablaron a solas 20 minutos y al salir se los vio muy sonrientes: Octavio Frigerio sería designado presidente de YPF. Después conversó telefónicamente con María Julia Alsogaray y finalmente atendió al publicista Eduardo Miller que le trajo una muestra de un cartel que se pegaría en las calles de Buenos Aires el lunes 15 de mayo, y decía así: "Derroté a un adversario, recupere a un amigo". Su contrincante, el radical Eduardo César Angeloz, era su amigo de juventud.

A las 13.30 del sábado Menem en el Lear Jet Merlin despegó para La Rioja con la compañía de su hermano Eduardo, Ramón Hernández y su hijo Norberto y yo. Durante el viaje los dos hermanos conversaron, entre otros temas, sobre la inconveniencia del adelantamiento del mando presidencial. "Crearía un precedente de alto riesgo", es una de las opiniones que escucho y anoto. Después ambos hermanos aprovechan para descansar un rato.

Cerca de las 15 el avión llegó a la provincia y al abrirse las puertas una multitud de funcionarios y periodistas gráficos se abalanzaron sobre el candidato. Luego, junto con el candidato y Ramón Hernández, nos fuimos a la residencia y cerca de las 15.30 nos sentamos a almorzar con un nutrido grupo de visitantes. A ambos lados se sentaron los pilotos del avión, uno de ellos Jorge Igarzábal que combatió en Malvinas. Frente a él lo hace Alfonso Millán, el dirigente del vidrio. Muy cerca Carlos Spadone con un acompañante sorpresa: Richard Newcombe, un técnico en kiwi, que llegó de Nueva Zelanda para invertir en la provincia.

"Cómo va a ser su estilo de gobierno" le preguntó un periodista y Menem le dijo: "Yo necesito el contacto con la gente, por eso no me voy a encerrar en Olivos, voy a viajar mucho por el país". Después de sacarse fotos con cronistas, los fotógrafos y sus amigos, el candidato se retiró a descansar "una horita" porque después participará de un "picado". A las 18 llegó a la cancha de la parroquia Santo Domingo, luciendo la camiseta del "scracht" verde-amarilla, pantalón rojo y una vincha blanca. Juega para el equipo de "San Nicolás Sociales" contra "Confitería Río". A los 10 minutos del segundo tiempo y tras mantenerse el empate, Menem toma la pelota con la mano y dice: "Se acabó el partido, el desempate lo jugamos la próxima vez en Olivos". De ahí a la residencia donde se prepara para jugar un partido de tenis con Martín y Adrián Menem, los hijos de Eduardo, y un amigo. De árbitro oficia el infaltable "Pato" Carreño", mientras lo observan Julio Corzo, Spadone y un innumerable grupo de periodistas llegados de Buenos Aires de la mano de Adalberto Díaz García. Tras el partido, a las 21.56, se sometió a una sesión de masajes con su amigo Carlos Bongiorno. Al rato, con un refulgente "jogging" morado de los "Reskins" de Washington DC, comenzó a circular por la residencia saludando a los diferentes grupos que se agolpaban. Mientras, "Don Omar" y "Panchita" se dedicaban a preparar un arroz con camarones.

Menem durante la sobremesa del 13 de mayo de 1989. A su lado Jorge Igarzábal
Menem durante la sobremesa del 13 de mayo de 1989. A su lado Jorge Igarzábal

En un momento le digo: "Carlos, el turco (Jorge) Asis está en línea". Menem toma el teléfono diciendo "¿qué tal Jorge, como andás, quería agradecerte todo lo que has hecho por mí, desinteresadamente, durante la campaña. Te voy a necesitar para que me ayudes porque sin el apoyo de todos no vamos a salir adelante".

El domingo 14 amaneció nublado en La Rioja. Carlos Menem de traje gris claro y corbata concurrió a votar en la Escuela Normal de Maestros "Doctor Pedro Ignacio de Castro Barros" y tras depositar su sobre en la mesa masculina Nº 43 comentó: "Casi nunca gano en esta mesa". A pesar de la solemnidad del momento nunca perdió el humor cuando los reporteros gráficos pugnaban por obtener una foto desde todos los costados. Con una leve sonrisa les dijo: "Espero que no sean para el prontuario".

Luego volvió a la residencia y a las 10.46 pidió permiso para decolar un Piper monomotor. Parisi, el jefe de torre, le respondió: "Bueno tatita, posición y despegue, suerte, la próxima lo esperamos en el Tango 01" (el avión presidencial). Lo acompañaron el copiloto Ricardo "Bill" Beale, su custodia Roberto Ortiz y yo. Iba a cumplir su cábala: almorzar en su pueblo, con su gente, como lo hizo en cada elección que debió enfrentar.

Carlos Menem abraza a Firpo Delgado, mientras lo mira el guitarrista “Carlitos” Marcial Brizuela.
Carlos Menem abraza a Firpo Delgado, mientras lo mira el guitarrista “Carlitos” Marcial Brizuela.

Tras 20 minutos de vuelo descendió en la ruta asfaltada donde los habitantes lo esperaban en la banquina. Tras los innumerables abrazos, se dirigió a la casa de Amado, su hermano mayor, y luego vino la fiesta popular en el patio de la casa de Juan Nieto, un anciano que no dejaba de contar "aquí se hizo Carlos, de chango, y aquí se refugió en una ocasión cuando lo perseguían". Bajo un algarrobo blanco, rodeado por mucha gente, estaba sentado Domingo Nicanor Nieto, un amigo del padre de Carlos Menem, contando sus crónicas al periodismo, mientras en la otra punta unos corderos y tiras de asado terminaban de cocinarse a las brasas.

Era todo bastante tumultuoso pero con respeto y cariño. Al poco rato se sintieron los primeros sones del acordeón de Firpo Delgado, primero con una polka, después un chamamé que cantó en guaraní. "Tocate un tango", le pidió Carlos Menem, mientras contaba que Firpo Delgado era su compañero de serenatas en su juventud. Entre los invitados especiales, familiares, y gente del pueblo sobrevolaron nostálgicamente las anécdotas de sus picardía de juventud.

Tras el asado llegó la hora de la despedida. "No te vamos a volver a ver más" le dijo su cuñada Mirta, y el candidato respondió, nuevamente: "Se equivocan, los voy a necesitar". "No sé por qué hay que esperar tanto; le ponemos la banda aquí nomás" sentenció una señora entre llantos.

Volvió a la capital de La Rioja donde lo aguardaban diplomáticos, dirigentes políticos y sociales y el periodismo. Todavía no se habían cerrado los comicios cuando en la residencia se rodeo de sus amigos a la espera de los resultados. No se esperaba otra cosa que la victoria pero era cuestión de que se proclame.

Menem y Zulema rodeados en la residencia en el momento de los festejos.
Menem y Zulema rodeados en la residencia en el momento de los festejos.

Luego de esperar la llegada de Zulema y sus hijos a las 17 se recostó un rato y poco después de las 19 abrió la puerta de su habitación. Lucía un traje gris cruzado y una corbata con pintitas blancas. Alcancé a decirle: "te espera una multitud" y eso era lo que había en el living: Julio Corzo, Luis Uriondo, Rodolfo Iribarne, Juan Archibalde Lanús, Jorge Asís, Oscar "Sardinita" Spinoza Melo, Joaquín Alonso, Jorge Vázquez, José Luis Manzano, Raul Matera, Carlos Bulgheroni, Blas Medina, Emilio "Osito" Akil (el que lo levantó en andas) y su innumerable parentela entre muchos. Ya en esos momentos, frente a los datos que llegaban desde Buenos Aires, se hablaba de una proyección "por arriba del 50 por ciento". Al poco rato, Menem hablaba de 57% pero el primer dato firme llegó a las 19.40 cuando la radio dio cuenta de una proyección nacional del 53, 8% y 32,14 para Eduardo Angeloz.

Los resultados electorales llegaban desde Buenos Aires y eran festejados con vítores y aplausos. "Hay que hacer una denuncia a la policía", dijo Menem.

–"Por qué" preguntó Zulema en voz alta.

–Y la respuesta del presidente electo fue: "No te das cuenta que estamos ganando por robo". Finalmente, esa noche, el resultado arrojó 49,2% a favor de Menem y 37,1 % para Angeloz.

Cuando el resultado electoral era irreversible llamó a su contrincante radical y lo saludó con enorme estima al decirle "ahora gané un amigo". El cordobés, tras felicitarlo, le prometió que iba a "poner el hombro" desde su provincia. Cerca de las 23 salió al balcón de la Casa de Gobierno de la provincia a saludar a la multitud que lo esperaba. Abrió los brazos y brindó un discurso con un mensaje amplio y generoso. Convocó a todos. "Me siento uno más de mi pueblo, seguiré siendo el mismo y voy a poner toda mi fuerza al servicio de toda la patria argentina". Más tarde se traslado a un canal de televisión para conceder un reportaje con alcance nacional. "Ganó la bronca. Perdió el miedo", proclamó el influyente periodista Bernardo Neustadt.

La herencia

La victoria de electoral de Menem no fue una sorpresa, la adelantaban las empresas encuestadoras desde hacía varias semanas. Incluso hasta las que eran pagadas por el oficialismo radical. Ahora venía lo más difícil. Hacerse cargo de un país en estado catastrófico. Lo dijo Julio A. Ramos en la tapa de su matutino "Ámbito Financiero": "La Argentina ha podido llegar al acto electoral haciéndose jirones y sumiéndose en la peor crisis económica de su historia Se justifica el esfuerzo tremendo hecho –y el peor que aún vendrá—en que era la primera vez que en 62 años un gobierno electo cumplía con normalidad su mandato…o sea pasó ahora lo que no pasa en el país desde el gobierno de Alvear en 1922 a 1928".

Sólo algunos índices reflejan el estado de postración en que se encontraba la Argentina: El 8 de julio de 1989 (día de la asunción presidencial) el gobierno recibía un Banco Central con reservas inferiores a los 100 millones de dólares; una inflación acumulada del 664.801% entre el 10 de diciembre de 1983 hasta el 8 de julio de 1989; en el mismo período, la devaluación del peso, medida por la relación entre la misma moneda y el valor del dólar, implicó un 1.627.429%, una inflación sólo en junio de 1989 del 114,5%. "El pueblo argentino debería saber que el retraso de las tarifas de los servicios públicos equivalió a una política de tierra arrasada", expresó un informe que fue dado a los medios de comunicación. Menem y su futuro equipo económico sabían que deberían tomarse medidas muy duras. Eso fue tema de conversación desde la época de la campaña interna, así como que esta radiografía de la situación tenía que ser conocida. Y así se hizo el 14 de julio de 1989 a los pocos días de asumir.

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