Dormirse tarde y salud mental: qué advierten los estudios sobre los hábitos nocturnos

Investigaciones con miles de adultos asociaron los horarios de descanso más tardíos con una mayor frecuencia de depresión, ansiedad y conductas que afectan el bienestar físico

Dibujo de una figura sentada en una cama, una espiral con manecillas que brota de su cabeza y una ventana con luna menguante en una habitación azul.
Un estudio de Stanford Medicine vinculó el horario tardío de descanso con un alza en diagnósticos de depresión y ansiedad (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Quedarse despierto hasta altas horas de la noche puede responder a preferencias biológicas, exigencias laborales, responsabilidades de cuidado o hábitos que se consolidan con el tiempo. En algunos casos, el horario nocturno coincide con una mayor sensación de energía y productividad; en otros, surge de la necesidad de adaptar el descanso a la vida familiar, al trabajo por turnos o al uso prolongado de pantallas.

El cronotipo, es decir, la preferencia individual por horarios más matutinos o vespertinos, no define por sí solo la hora efectiva de dormir. La genética, la edad, la exposición a la luz, las normas culturales y la organización cotidiana intervienen en esa diferencia entre el momento que una persona preferiría para descansar y el que realmente puede sostener.

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De acuerdo con Stanford Medicine, los horarios tardíos son frecuentes entre quienes se identifican con una preferencia vespertina, aunque también pueden aparecer en personas de cronotipo matutino cuyos compromisos diarios desplazan el descanso. Un estudio citado por la institución educativa incluyó a 73.880 adultos de mediana edad y mayores del Reino Unido, con registros objetivos de sueño durante siete días mediante acelerómetros.

El análisis distingue entre cronotipo y horario de sueño-vigilia. El primero alude a la preferencia circadiana, mientras que el segundo describe cuándo se duerme y se despierta una persona en la práctica. Esta separación resulta relevante porque las condiciones de vida pueden modificar el horario sin transformar necesariamente la preferencia biológica.

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Mujer con expresión de angustia acostada en la cama oscura, con los ojos abiertos. Un reloj digital en la mesita de noche marca las 3:33 AM.
La genética y las obligaciones cotidianas determinan la diferencia entre el cronotipo biológico y la hora efectiva de descanso (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las etapas de la vida también influyen. Según una revisión publicada en Springer, los adolescentes suelen desplazar hacia más tarde tanto su cronotipo como su horario de sueño, mientras que en adultos mayores ocurre una tendencia gradual hacia horarios más tempranos. Aun así, las obligaciones académicas, familiares, laborales y sociales pueden sostener una rutina nocturna en cualquier grupo etario.

Acostarse tarde se asocia con mayor vulnerabilidad en la salud mental

El estudio vinculado a Stanford Medicine encontró que las personas que se acostaban tarde presentaban una mayor frecuencia de diagnósticos de trastornos mentales y del comportamiento, entre ellos depresión y ansiedad. La asociación apareció tanto entre quienes se consideraban madrugadores como entre quienes tenían una preferencia nocturna, lo que llevó a los investigadores a observar el horario real de sueño como un factor de mayor peso que la coincidencia con el cronotipo.

Una mujer recostada en la cama con los ojos cerrados. Un cerebro virtual brillante y azul se proyecta sobre su cabeza en un dormitorio oscuro.
Las personas de preferencia vespertina que trasnochan registran entre 20% y 40% más probabilidades de sufrir trastornos mentales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los datos indicaron que los participantes con preferencia vespertina que mantenían horarios tardíos tenían entre 20% y 40% más probabilidades de haber recibido un diagnóstico de salud mental que aquellos con la misma preferencia, pero con una rutina de sueño temprana o intermedia. Además, un subgrupo sin diagnósticos previos fue seguido durante ocho años y las personas nocturnas que dormían tarde mostraron la mayor probabilidad de desarrollar un trastorno mental durante ese período.

Jamie Zeitzer, profesor de psiquiatría y ciencias del comportamiento de Stanford y autor principal del estudio, sostuvo que el hallazgo no permite resolver por qué trasnochar se vincula con peores resultados. La investigación descartó que la duración total del sueño y la regularidad del horario explicaran por completo las diferencias detectadas entre los grupos.

Entre las hipótesis en estudio figura la llamada “mente después de medianoche”, un concepto que describe una posible mayor vulnerabilidad durante la noche biológica. De acuerdo con la revisión, la privación de sueño y la vigilia prolongada podrían afectar la regulación emocional, el juicio y la capacidad de inhibir conductas impulsivas. El aislamiento social nocturno, la acumulación de estrés durante el día y ciertas actividades realizadas de madrugada también forman parte de las explicaciones que la literatura analiza.

Persona de espaldas sentada en una cama frente a una ventana de noche, junto a una mesa con lámpara encendida y un libro.
La hipótesis de la mente después de medianoche plantea que la vigilia prolongada altera el juicio y la regulación emocional (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un trabajo de la Universidad de Surrey, citado por la BBC, halló además que estudiantes con patrones nocturnos presentaban mayor tendencia a la rumiación, es decir, a la repetición persistente de pensamientos y preocupaciones. Esa investigación, basada en 546 estudiantes, también relacionó el perfil vespertino con peor sueño y una mayor probabilidad de consumo de alcohol, sin establecer que un único factor explique por sí mismo los síntomas de depresión o ansiedad.

Los hábitos nocturnos también se vinculan con otros riesgos para la salud

Las consecuencias de dormir tarde no se limitan a la esfera emocional. UCLA Health indicó que los cronotipos vespertinos suelen concentrar conductas que pueden afectar la salud general, como horarios irregulares de comida, menor descanso nocturno, menor actividad física y mayor frecuencia de consumo de tabaco o alcohol. La institución aclara que estos hábitos, y no solo la preferencia por la noche, forman parte de los factores asociados con enfermedades crónicas.

La institución educativa señala que algunos estudios observaron en las personas nocturnas niveles más altos de colesterol LDL (malo) y triglicéridos, junto con una mayor presencia de factores que afectan la salud cardiovascular. También refiere que el sueño insuficiente, definido allí como menos de siete horas, se asocia con un incremento del riesgo de problemas vasculares y cardíacos. Estas asociaciones no implican que toda persona con rutina nocturna desarrolle esas afecciones.

Una mujer duerme en una cama con mantas grises dentro de un dormitorio oscuro con una ventana al fondo.
Harvard advierte que las comidas tardías, la cafeína y afecciones como la apnea fragmentan el descanso nocturno (Imagen Ilustrativa Infobae)

En materia metabólica, la Universidad de California (UCLA) menciona que los cronotipos vespertinos pueden registrar una mayor ingesta calórica, más antojos y concentraciones elevadas de glucosa en sangre. La entidad agrega que la mala calidad del sueño y las siestas prolongadas durante el día también se han vinculado con obesidad, aunque la relación entre horario, alimentación, actividad física y metabolismo depende de múltiples condiciones individuales y ambientales.

Por su parte, Harvard señala que factores como el alcohol cerca de la hora de dormir, las comidas tardías, las siestas extensas, la cafeína y algunos medicamentos pueden interrumpir el sueño. También identifica afecciones como la apnea del sueño, el dolor crónico, la ansiedad y la depresión entre los motivos que pueden dificultar un descanso continuo. La revisión de esos factores requiere atención profesional cuando el problema persiste o afecta el funcionamiento diario.

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