
Una misma situación puede provocar una reacción intensa en una persona y apenas alterar a otra. El estrés es una respuesta del organismo frente a circunstancias que interpreta como exigentes o amenazantes, pero su intensidad y duración varían de acuerdo con múltiples factores. Cuando esa activación se mantiene en el tiempo, puede asociarse con cambios en el estado de ánimo, la conducta y la salud mental.
Parte de esas diferencias se relaciona con las experiencias acumuladas a lo largo de la vida. La exposición a situaciones adversas, especialmente durante la infancia, puede influir en la sensibilidad frente a nuevas tensiones. Una revisión publicada en Neurobiology of Stress también vincula los antecedentes traumáticos con un mayor riesgo de trastorno de estrés postraumático, depresión y trastornos de ansiedad.
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A ese entramado se suma la genética, que puede contribuir a explicar por qué algunas personas muestran mayor sensibilidad o resistencia ante determinadas circunstancias. Sin embargo, los genes no actúan de manera aislada ni determinan por sí solos cómo responderá alguien.
Como explicó el médico Redford Williams, director del Centro de Investigación de Medicina Conductual de la Escuela de Medicina de la Universidad de Duke, las variantes genéticas interactúan con el ambiente y las experiencias individuales en la forma en que cada persona afronta las tensiones.
La respuesta al estrés tiene un componente genético, pero depende del entorno
La investigación sobre estrés y salud mental describe una arquitectura poligénica. Esto significa que no existe un único gen que explique la vulnerabilidad ante las tensiones: intervienen múltiples variantes distribuidas en el genoma, cada una con efectos pequeños. Su influencia cobra sentido al analizarla junto con las experiencias ambientales a lo largo de la vida.
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La revisión de Neurobiology of Stress señala que la exposición a eventos traumáticos alcanza a más del 70% de la población mundial en algún momento de la vida. Sin embargo, esa exposición no deriva de forma uniforme en trastornos relacionados con el estrés. La interacción entre predisposición genética y contexto ayuda a explicar las diferencias en la susceptibilidad.
Entre los mecanismos estudiados figura el transportador de serotonina, una proteína vinculada con la señalización de este neurotransmisor entre las células del cerebro. Williams explicó a ABC News que ciertas variantes en genes relacionados con la serotonina se han asociado con una mayor probabilidad de depresión después de eventos estresantes mantenidos durante años. También señaló que estas diferencias genéticas pueden relacionarse con una mayor tendencia a experimentar emociones negativas bajo estrés.
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No obstante, esos vínculos no son concluyentes para todas las personas ni para todos los contextos. Un estudio publicado en Neuroscience and Behavioral Physiology analizó el polimorfismo 5-HTTLPR, asociado al gen del transportador de serotonina, y recordó que existen metaanálisis que no confirman una relación directa entre el alelo S, las experiencias estresantes y el riesgo de depresión.

Los autores propusieron que parte de esa inconsistencia puede explicarse por variables intermedias, como la conectividad de las redes neuronales en reposo y las estrategias de regulación emocional. En su análisis, los portadores del genotipo LL tendían a reinterpretar las situaciones estresantes desde una perspectiva menos negativa, mientras que, en los portadores del alelo S, las respuestas al estrés se asociaban con pensamientos repetitivos y esfuerzos infructuosos por suprimirlos.
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Los hallazgos abren vías de investigación, no diagnósticos individuales
La identificación de variantes genéticas y marcas epigenéticas podría contribuir en el futuro al desarrollo de biomarcadores, es decir, indicadores biológicos que ayuden a comprender la respuesta a los tratamientos. Nature, en un análisis, señala que los avances en la caracterización molecular y en modelos celulares sugieren posibles intervenciones más específicas para los trastornos relacionados con el estrés.

Aun así, la evidencia disponible muestra límites relevantes. Las puntuaciones de riesgo poligénico, que combinan numerosas variantes genéticas para estimar predisposición, suelen explicar una proporción pequeña de las diferencias observadas entre personas.
La revisión de Neurobiology of Stress indica que los factores ambientales, como los acontecimientos vitales negativos, el conflicto familiar o la discriminación por orientación sexual, pueden tener efectos de moderados a grandes en algunos resultados de salud mental.
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Desde la epigenética, se explica que las marcas heredables en la expresión génica pueden producirse durante la vida, sin que la secuencia de ADN se modifique. Esa perspectiva permite comprender que la respuesta al estrés surge de una relación dinámica entre biología y ambiente, sin reducirla a una única variante genética ni a una experiencia aislada.
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