
Durante siglos, distintas culturas asiáticas incorporaron el hongo maitake a su alimentación por sus propiedades medicinales.
Hoy, la ciencia empieza a respaldar con evidencia controlada lo que la tradición ya intuía: que este hongo podría tener un efecto real sobre la salud del cerebro, y en particular, sobre la memoria.
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Un ensayo clínico publicado este año en el Journal of Nutritional Science and Vitaminology encontró que el consumo diario de una cepa específica del hongo maitake (Grifola frondosa) mejoró significativamente la memoria en adultos mayores sanos, en el primer estudio controlado en humanos que vincula este hongo comestible con beneficios cognitivos medibles.
Qué dice el estudio

El ensayo, aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo, siguió durante 18 semanas a 47 adultos japoneses de entre 60 y 85 años.
Los participantes se dividieron en tres grupos: uno consumía diariamente pan con 50 gramos de la cepa Y10M del maitake; otro, pan con 50 gramos de la cepa C5304; y el tercero, pan sin hongos.
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Solo el grupo Y10M mostró una mejora estadísticamente significativa en el Montreal Cognitive Assessment (MoCA), en particular en la subescala de memoria, una de las más demandantes del test.
El mecanismo: el sistema inmune como puente

Lo que llama la atención de los investigadores es el mecanismo detrás del efecto. Tras analizar muestras de sangre, detectaron que el grupo Y10M presentó un aumento en la actividad de las células asesinas naturales (NK), glóbulos blancos que actúan como primera línea de defensa del sistema inmune.
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Ese incremento correlacionó positivamente con los puntajes cognitivos, lo que sugiere que la mejora en la memoria podría estar mediada, al menos en parte, por una activación inmunológica.
La distinción entre cepas no es menor. Aunque ambas variedades contienen niveles similares de beta-glucanos —los polisacáridos que se asocian al apoyo inmune—, solo la Y10M produjo efectos cognitivos. Los autores atribuyen la diferencia a variaciones en constituyentes menores o en la estructura de los polisacáridos entre ambas cepas, aunque reconocen que el mecanismo exacto aún no se comprende del todo.
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Por qué podría funcionar para el cerebro

Jessica Cording, dietista registrada y autora de The Little Book of Game-Changers, señaló en declaraciones recogidas por Women’s Health que el maitake también contiene ergothioneína, un antioxidante que protege las células del estrés oxidativo.
“Eso importa porque el estrés oxidativo se considera un factor en el deterioro cognitivo relacionado con la edad y en las enfermedades neurodegenerativas”, explicó.
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Un artículo publicado en 2025 en la revista Frontiers in Aging Neuroscience por investigadores de la Universidad de Reading (Reino Unido) respalda esa línea: los hongos comestibles ricos en ergothioneína y beta-glucanos actúan como agentes antiinflamatorios, promueven la neurogénesis y regulan la señalización sináptica.
Lo que dice la ciencia previa

El vínculo entre hongos y cognición no es nuevo en la literatura científica. Un estudio de la Universidad Nacional de Singapur que siguió a adultos mayores durante 18 años encontró que quienes consumían más de dos porciones semanales de hongos tenían un 47% menos de probabilidades de desarrollar deterioro cognitivo leve, la etapa que suele preceder a la demencia.
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Otro análisis con datos representativos de adultos mayores en Estados Unidos, publicado en el British Journal of Nutrition, mostró que quienes consumían más hongos obtenían puntajes más altos en pruebas de memoria verbal y velocidad de procesamiento.
Clifford Segil, neurólogo del Providence Saint John’s Health Center en Santa Mónica, California, señaló que ciertos hongos —en particular el Lion’s Mane— ya mostraban indicios de beneficio en pacientes con problemas de memoria, y que el maitake podría operar a través de mecanismos similares. Con todo, Segil fue cauto: “Me gustan los hongos, pero dudo que sean un superalimento para el cerebro”, afirmó.
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Qué tener en cuenta antes de sumar maitake a la dieta

Esa precaución tiene sustento metodológico. Varios de los investigadores del ensayo trabajan para una empresa que comercializa productos de hongos, lo que representa un posible conflicto de interés. Además, la muestra de 47 personas es reducida, y los resultados deben replicarse en estudios de mayor escala antes de derivar recomendaciones de salud pública.
El maitake se consigue en mercados especializados bajo el nombre de “hen of the woods” y se puede incorporar cocido a la dieta habitual, ya que el proceso de cocción no parece alterar sus propiedades bioactivas, según indicó Cording.
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La investigación en curso en la Universidad de Reading y otros centros académicos apunta a consolidar, en los próximos años, la evidencia sobre el rol de los hongos comestibles en la salud cerebral durante el envejecimiento.
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