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Empezó Lollapalooza Chicago 2026 con el magnetismo visceral de Lorde y la electrónica emocional de John Summit

El festival celebró la primera noche de cuatro en la ciudad que hizo propia hace 21 años. Además, la redención de 5 Seconds of Summer y la irreverencia bienvenida de Sombr bajo el sol del verano

El cierre del show de John Summit en la primera noche de Lollapalooza Chicago (Instagram: John Summit)

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(Enviado especial a Chicago) Separados por unos mil quinientos metros, el cierre simbólico de la primera jornada de Lollapalooza Chicago 2026 ofreció dos caras de la misma moneda. En una esquina, Lorde, oriunda de Nueva Zelanda, con su presencia hipnótica y sus canciones a flor de piel. En la otra, John Summit, nacido y criado en las afueras de la ciudad, pinchando discos en el patio de su casa. Entre fuegos artificiales proyectados sobre los rascacielos iluminados, y con dos maneras diferentes de abordar la electrónica, el Grant Park bajó el telón de una jornada que sintetizó el espíritu libre y ecléctico del festival.

Con los últimos arrebatos del atardecer, Lorde llegó para ofrecer su corazón abierto, un electrocardiograma que manejó desde sus propias pistas y pisó fuerte con “Hammer” y “Royals”.

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De pantalón de cuero negro y top fucsia estilo hoodie, la neozelandesa caminó en soledad hacia un bebedero, mientras se iba pintando el cuadro completo en tiempo real. Los músicos a su izquierda, dos bailarines de inicio tímido que se convirtieron en los partenaires necesarios y unos bloques que, como en un juego de encastres, se multiplicaron al servicio de la cantante. Podían disparar imágenes, dialogar entre ellos o simplemente estar allí, esperando que algo sucediera. Un crescendo que tuvo su punto más alto con “Current affairs”, con la cantante elevándose casi hasta el techo.

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Durante la hora y media de concierto, Lorde conversó con sus fans en modo confesionario, desplegó todos sus trucos en escena y generó el otro gran cruce de la jornada cuando sumó a Charli xcx para “Girl, So Confusing”. ¿Repetirán el viernes cuando la británica cierre este mismo escenario?

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La despedida fue con “Ribs”, en una plataforma sobre el público, luego de recorrer la pasarela y chocar palmas con los fans. Y después del agradecimiento, otra vez los latidos del corazón, más fuertes que nunca, con esa adrenalina que solo provocan las grandes gestas.

Mientras tanto, John Summit hacía su versión libre del house para estadios ante un público que lo recibió como un hijo pródigo. Una puesta de escaleras de corte industrial en las paredes laterales del escenario y su mesa de operaciones en el centro desde donde no solo dispara su magia. También saltó, aplaudió, abrió los brazos y pareció ofrecerse a la multitud que, lejos de sacrificarlo, le celebró cada uno de sus movimientos.

John Summit en pleno trance escénico
John Summit en pleno trance escénico

“What a life” marcó un quiebre emocional, con el video en primera persona del chico que confió en sus instintos, que aprendió de los tropiezos y se animó a soñar. ¿Y quién dijo que en la electrónica no había lugar para las emociones? Entre llamaradas y fuegos artificiales, John terminó sin camisa, abrazado por los bailarines y por una multitud, que seguía bailando “Where you are” y “Come back”.

Más allá de cada propuesta, esta efervescencia propia del festival se notaba de temprano en la ciudad de los vientos, donde todos los caminos parecían conducir al Grant Park, a orillas del lago Michigan. Hasta el imponente edificio de la Ópera, un rascacielos que camina a los cien años de antigüedad, y desde su marquesina se hizo parte del evento con sus carteles de bienvenida, todo un símbolo del concepto inabarcable. Y lo visual, otra marca registrada del festival, con los looks como sentido de pertenencia a un colectivo, más allá de las tendencias o las modas, en un peregrinar incesante hasta un punto fijo.

Los primeros shows comenzaron justo al del mediodía local, inaugurando oficialmente Lollapalooza Chicago 2026. El escenario T-Mobile, el principal de esta edición, abrió con Asha Banks, la británica con pasado de actriz en el teatro infantil, que cosechó los primeros aplausos en un verano que finalmente se sintió con ganas. El sol salió como nunca en la semana para brillar en lo más alto y cualquier cosa que pudiera cubrir la cabeza se convirtió en una necesidad más que en un detalle estético. Nada de esto le importó a los fans de SB19, la boy band de origen filipino, que se agolparon en torno al Escenario Allianz. Ya habría tiempo para recargar energías en los puestos de hidratación a lo largo del predio.

El grupo australiano cerró su actuación en Lollapalooza Chicago con uno de sus hits

La primera gran explosión del turno tarde llegó cuando 5 Seconds of Summer invadió el escenario principal con toda su energía y en pleno estado de reinvención. Apoyándose en su nuevo disco, con un auto rosa como principal escenografía, los australianos presentaron las canciones de Everyone’s a star, sin descuidar los hits de su carrera.

En su hora de concierto, el grupo reflexionó con crudeza e ironía aquellos inicios teloneando a One Direction y esa etiqueta de boy band que sintieron peyorativa. Una sensación que ratificaron con un falso documental que intercalaron entre los temas y que terminó de cobrar forma en la corrida hasta el escenario alternativo. En el corazón del predio, rockeando con la misma energía que en una sala de ensayo, las cuatro posiciones que ocupaban los músicos se elevaron para confundirse simbólicamente con los rascacielos de Chicago y dejar ver una frase que sonó a gratitud: “Los fans reales salvan a las bandas”.

De vuelta al main stage, el grupo formado por Luke Hemmings, Michael Clifford, Calum Hood y Ashton Irwin se preparó para la recta final con su gran hit “Youngblood”, coreado casi como una declaración de principios que anticipa lo que se verá en Buenos Aires en el Movistar Arena.

Se sabe que la música es la principal excusa para vivir Lollapalooza, pero no la única. La caminata entre cada escenario supone un desafío sensorial a cada paso, desde los stands de merchandising y gastronomía del mundo al detalle de cada look. La hoja de ruta puede fallar, entre sonidos que seducen, la luna escondiéndose en el lago Michigan o el mágico skyline de la ciudad, que en un momento refleja los rayos de sol y que luego mutará en una luminaria infinita.

Y en eso apareció Sombr, con todos los clichés de una estrella de rock, esos que cada tanto viene bien recordar. Mientras los músicos ocupaban sus posiciones en el escenario, las pantallas mostraban cómo el neoyorquino llegaba al predio en tiempo real. A bordo de un deportivo de época, bajó con un cigarrillo en la boca y un margarita en la mano, con una exuberante boa en su cuello que movía de lado a lado y una irrupción inolvidable en cuerpo y alma para empezar con “We never dated”.

Sombr conquistó el escenario principal a pura elegancia rockera
Sombr conquistó el escenario principal a pura elegancia rockera

Durante la siguiente hora, todo fue una energía desbordante, con aroma a club nocturno efervescente, pero bajo un sol que de a poco empezaba a apagarse. Con un dress code total black, Sombr y ambientó el escenario a tono con una Nueva York oscura, de tachos humeantes, calles cerradas y graffitis a tono.

Sombr eligió este nombre artístico como una suerte de acrónimo de su nombre, Shane Michael Boose, y para reflejar un estado anímico complicado. Y en escena mostró que si quedó algo de aquello, es un artista dispuesto a ponerle el cuerpo a su propuesta y a sus canciones. Rock garagero en su actitud, su registro vocal le permite suavizar o ensuciar las canciones según le convenga, viajando desde la elegancia pop a coquetear con el punk.

Y, cabe aclarar, un performer dispuesto a todo, desde recostarse en el escenario durante “Homewrecker” o a grafittear una bandera en “Back to a friend” y correr las pasarelas de punta a punta. Y en el medio, invitar a los 5 Seconds of Summer para que “She looks so perfect” sonara por segunda vez en el Grant Park.

Este viernes seguirá la historia, con Charli xcx y Smashing Pumpkins como headliners de una grilla que también presenta a Zara Larsson, Yungblud y Turnstile como otros números destacados. En Lollapalooza Chicago, como en cada edición del festival, cada uno elige su propia aventura y de paso escribe esta historia, que nació en 1991, que estuvo a punto de quedar en el camino y que resurgió con la fuerza de quien tiene mucho para contar. La misma que desde 2014 tiene su capítulo en Argentina y mira siempre el line up de Chicago para empezar a pensar qué artistas pueden visitarnos en la cita obligada de cada marzo en el Hipódromo de San Isidro.

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