
Una investigación de la Universidad de Virginia sobre 352 suplementos probióticos vendidos en las principales cadenas farmacéuticas de Estados Unidos halló que los microorganismos incluidos en esos productos no guardan una relación consistente con los beneficios de salud que promocionan, un resultado que expone el escaso conocimiento que aún existe sobre el vínculo entre bacterias específicas y usos comerciales concretos, informó el portal especializado en ciencia Phys.org.
El análisis, dirigido por Jason Papin, investigador de la Escuela de Medicina de la universidad, y publicado en la revista científica Nature Microbiology, revisó productos de venta libre y encontró que, en conjunto, contenían apenas 36 especies bacterianas únicas.
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Más de la mitad de los suplementos incluía una sola especie, mientras que los más diversos llegaban a 17 especies distintas. Entre las bacterias más frecuentes aparecieron variantes de Lactobacillus, un tipo de microorganismo presente de forma habitual en el yogur.
Un patrón inexistente entre bacterias y beneficios prometidos
La conclusión central del estudio fue que no existe una consistencia real en la combinación de especies utilizada para respaldar afirmaciones comerciales sobre salud intestinal, salud vaginal u otros beneficios. Algunas marcas mantuvieron un número similar de cepas bacterianas entre productos, pero otras no siguieron ese patrón.
Ese hallazgo surge en un mercado que creció durante las últimas dos décadas. Aunque las personas pueden incorporar bacterias beneficiosas a través de la dieta, por ejemplo mediante yogur y alimentos fermentados, también se expandió la oferta de productos etiquetados como probióticos.
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Los investigadores recordaron que el cuerpo humano alberga al menos tantos microorganismos como células propias. Ese conjunto, conocido como microbioma, incluye bacterias y otros microbios que viven dentro y sobre el organismo y que cumplen funciones vinculadas con el mantenimiento de la salud.
Según el estudio, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos solo aprobó hasta ahora dos productos microbianos con fines terapéuticos, ambos destinados a tratar infecciones recurrentes por C. difficile en el colon. Los suplementos, en cambio, no están regulados con el mismo rigor que los medicamentos en Estados Unidos.
La herramienta que apunta a probióticos más precisos
Para mejorar la eficacia de estos productos, el equipo desarrolló HaPaPro, una colección de más de 1.000 modelos informáticos de metabolismo bacteriano. Con esa herramienta, los científicos evaluaron si podían identificar probióticos con potencial para mejorar la salud vaginal femenina.
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El microbioma vaginal funciona como un ecosistema natural compuesto por bacterias, hongos y otros microbios. Cuando ese equilibrio se altera, puede aparecer la vaginosis bacteriana, una condición asociada con complicaciones en el embarazo, enfermedad inflamatoria pélvica, mayor riesgo de enfermedades de transmisión sexual y malestar general.
A partir de esos modelos, los investigadores hallaron microorganismos capaces de contribuir a prevenirla. Para el investigador, ese resultado muestra que HaPaPro puede servir para detectar formas de modificar el microbioma con beneficios concretos y orientar el desarrollo de probióticos que sí cumplan lo que prometen.

Por su parte, Glynis Kolling, investigadora del Departamento de Ingeniería Biomédica de la universidad, dijo que estas bacterias ocupan un nicho especializado dentro de los billones de microbios que habitan el cuerpo humano. También sostuvo que la combinación de estos métodos avanzados puede ampliar el conjunto de bacterias beneficiosas disponibles y abrir la puerta a soluciones dirigidas para apoyar la salud humana.
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Papin afirmó que resulta llamativo el papel que desempeñan los microbios en la salud y el bienestar, y agregó que los modelos computacionales de estos sistemas biológicos complejos permiten generar nuevas ideas para terapias y ayudar a comprender procesos biológicos fundamentales.
El equipo declaró no tener intereses financieros en la industria de los probióticos, aunque Papin informó tener participación en Cerillo, empresa fabricante de instrumental utilizado en algunos de los análisis del estudio.
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