
La niña que creció en una familia humilde en Charlemagne, Quebec —un pueblo de menos de 6.000 habitantes a unos 30 kilómetros de Montreal—, encontró desde muy pequeña en la música el único refugio frente al bullying que sufría en la escuela. Sus compañeros se burlaban de su marcada dentadura y extrema delgadez. Corría al sótano de su casa para tocar instrumentos y evadirse.
Charlemagne era, y sigue siendo, un suburbio predominantemente francófono. Allí, Adhémar, carnicero, y su esposa Thérèse Tanguay, ama de casa, criaron a sus 14 hijos. La música era parte esencial de la vida familiar: los padres y los hijos formaban un grupo que actuaba en el restaurante familiar cercano a Repentigny, y la menor de la casa se sumaba desde que tuvo edad para pararse frente a un público. Tenía cinco años cuando actuó por primera vez, formalmente, en la boda de su hermano Michel.
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A los 12, junto a su madre y a su hermano Michel, compuso su primera canción: Ce n’était qu’un rêve (“No era más que un sueño”). “El único sueño que tuve fue ser famosa, cantar toda mi vida y viajar por todo el mundo cantando”, le diría tiempo después al Montreal Gazette. “Y este es mi sueño hecho realidad.”
Fue precisamente esa canción la que lo cambió todo. Michel envió una grabación al reconocido mánager René Angélil, cuyo nombre había visto en la contratapa de un disco de Ginette Reno. Angélil tenía 38 años. Lo que escuchó lo hizo llorar. “Era esta niña sencilla. La madre daba toda la conversación y la niña no decía ni una palabra”, recordó Angélil en declaraciones al Montreal Gazette. “Entonces empezó a cantar con un lápiz, haciendo de cuenta que era un micrófono. Oí una voz especial como nunca había escuchado antes.”
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Angélil apostó todo. Al no conseguir financiamiento para grabar el primer álbum, hipotecó su propia casa y fundó una discográfica. El disco se convirtió en un éxito local en Quebec. El 19 de junio de 1981, con apenas 13 años, la joven cantante hizo su primera aparición televisiva en un programa conducido por Michel Jasmin. Cuando Jasmin le preguntó cuál era su mayor ambición, ella no supo qué responder. “No comprendía qué me estabas preguntando”, admitió ella misma en una entrevista de 2000, entre risas.
Tres años después, el 11 de septiembre de 1984, con 16 años, interpretó Une colombe ante 60.000 personas en el Estadio Olímpico de Montreal, durante la visita del Papa Juan Pablo II a Canadá. La canción ganó dos Premios Félix: sencillo más vendido y canción pop del año.
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En 1986, Angélil tomó una decisión que marcaría el rumbo de su protegida: la retiró del ojo público durante 18 meses. Cuando reapareció, tenía los dientes corregidos, el pelo diferente, era completamente bilingüe y había tomado clases de canto y baile. “El día que apareció por primera vez en el show de Johnny Carson, sus discos estaban en todos los estantes de todo el continente”, contó Angélil al Montreal Gazette. “Todas las piezas del rompecabezas encajaron perfectamente.”
En 1988 ganó el Festival de Eurovisión, aunque no en representación de Canadá sino de Suiza, con la canción Ne Partez Pas Sans Moi. Dos años después lanzó Unison, su primer álbum en inglés, que vendió más de tres millones de copias en el mundo. En 1991, el disco ganó el Premio Juno al álbum del año, y ella se llevó también el galardón a mejor vocalista femenina.
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Pero la historia más profunda no transcurría en los escenarios. Mientras Angélil la convertía en estrella, entre ambos nacía un sentimiento que ninguno de los dos quería nombrar. Ella tenía 12 años cuando lo conoció; él, 38. Durante años, él evitó los encuentros a solas. Ella guardaba una foto suya bajo la almohada para que nadie la encontrara. “Estaba enamorada de un hombre al que no podía amar, que no quería que lo amara, que no quería amarme”, confesó tiempo después. Cuando Angélil se divorció de su segunda esposa en 1985 y ella llegó a la mayoría de edad, la relación profesional derivó en algo distinto. La madre de la cantante se opuso: no aceptaba la diferencia de edad. Aun así, ella dio lugar a sus sentimientos.
Durante años intentaron mantenerlo en secreto. Fue ella quien en 1992 decidió hacerlo público. Se comprometieron el 30 de marzo de 1993 —el día de su cumpleaños número 25— y se casaron el 17 de diciembre de 1994. Su hijo mayor nació el 25 de enero de 2001, gracias a un tratamiento de feritlización in vitro. Tras un aborto espontáneo, los mellizos llegaron el 23 de octubre de 2010, concebidos por el mismo método.
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La familia que ella siempre soñó duró lo que duró la salud de Angélil. Él llevaba años peleando contra un cáncer de garganta mientras ella intentaba sostener la vida cotidiana sin entender del todo lo que le ocurría a su propio cuerpo desde 2008. “Tuve que criar a mis hijos. Tuve que esconderme. Tuve que intentar ser una heroína mientras sentía que mi cuerpo me abandonaba, aferrándome a mis propios sueños”, explicó. Sentía, además, que les mentía a sus fanáticos al no contarles lo que atravesaba, una carga que, dijo, se había vuelto insoportable. El 14 de enero de 2016, Angélil murió a los 73 años.
Tras la muerte de Angélil, continuó con una carrera extraordinaria. Volvió a los escenarios, mantuvo sus residencias en Las Vegas, lanzó nueva música y siguió presentándose ante millones de seguidores, aun mientras atravesaba otros desafíos personales y de salud. Su voz, la misma que había impresionado a su manager cuando era apenas una niña, permaneció como el sello de una de las artistas más reconocidas de la música mundial.
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Respuesta: la niña de la foto es Celine Dion
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