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Ejercicio y diabetes: por qué moverse puede ser más efectivo que la medicación

La ciencia acumula evidencia de que el entrenamiento físico regular mejora la sensibilidad a la insulina, reduce el riesgo de complicaciones cardiovasculares y puede favorecer la remisión de la variante más extendida de la enfermedad

Alexander Zverev ganó Roland Garros con diabetes tipo 1, se aplicó insulina entre sets y conquistó su primer Grand Slam en el Abierto de Francia de 2026 (REUTERS/Stephanie Lecocq)
Alexander Zverev ganó Roland Garros con diabetes tipo 1, se aplicó insulina entre sets y conquistó su primer Grand Slam en el Abierto de Francia de 2026 (REUTERS/Stephanie Lecocq)
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Ganar el Roland Garros con diabetes tipo 1 fue la consagración deportiva de Alexander Zverev y una demostración pública de que el ejercicio físico no es un enemigo de la diabetes sino, en muchos casos, su mejor tratamiento. En la final del Abierto de Francia de 2026, se aplicó insulina entre sets y luego ganó su primer Grand Slam.

El caso de Zverev resume una transformación profunda en la medicina del deporte. Durante décadas, los pacientes con diabetes tipo 1 recibieron advertencias para evitar la competición.

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El propio tenista relató al diario Frankfurter Allgemeine Zeitung en 2025 que, de niño, los especialistas le repetían que el alto rendimiento era imposible. “Estoy completamente convencido de que ocurre todo lo contrario: que el deporte puede ser lo mejor para los diabéticos”, declaró.

Der Spiegel recopiló la evidencia científica y los testimonios de expertos que respaldan ese convencimiento, tanto para el tipo 1 como para el tipo 2.

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La diabetes tipo 1 y el miedo al ejercicio

La diabetes tipo 1 exige inyecciones de insulina de por vida y expone al riesgo de hipoglucemia durante el ejercicio físico y la competición deportiva
La diabetes tipo 1 exige inyecciones de insulina de por vida y expone al riesgo de hipoglucemia durante el ejercicio físico y la competición deportiva

La diabetes mellitus tipo 1 es una enfermedad autoinmune en la que el organismo produce poca o ninguna insulina. Quienes la padecen deben inyectarse la hormona de por vida, lo que introduce una variable constante en cualquier actividad física: el riesgo de hipoglucemia, una caída del azúcar en sangre que puede provocar temblores, somnolencia o pérdida de conciencia.

Othmar Moser, profesor de Fisiología del Ejercicio en la Universidad de Graz, señaló a Der Spiegel que ese miedo es la principal razón por la que muchos pacientes evitan moverse. La Asociación Alemana de Diabetes (DDG) sostiene, no obstante, que las personas con tipo 1 pueden participar en cualquier deporte, incluso de forma competitiva, siempre que lleven un botiquín de emergencia con glucómetro y bebidas azucaradas.

La evidencia práctica respalda esa posición. El jugador de hockey Timur Oruz se proclamó campeón mundial en 2023; la futbolista Sandra Starke integra el RB Leipzig y la selección nacional alemana; y el equipo ciclista estadounidense Novo Nordisk está formado íntegramente por atletas con diabetes tipo 1.

El propio Zverev fundó una organización para ayudar a niños con la enfermedad y, cuando en el Abierto de Francia de 2023 los organizadores le exigieron usar sus pausas de baño para inyectarse, respondió: “Dicen que parece que me dopo. Pero si no me inyecto, mi vida corre peligro”.

El tipo 2: nueve millones de pacientes y el deporte como medicina

Mujer de mediana edad sentada a una mesa de madera insertando una tira reactiva en un glucómetro, con un cuenco de fruta y un vaso de agua.
La diabetes tipo 2 afecta a más de nueve millones de personas en Alemania y la DDG estima que cambiar el estilo de vida puede reducir entre un 40% y un 70% su desarrollo (Imagen Ilustrativa Infobae)

La diabetes tipo 2 presenta una escala diferente. Según la DDG, más de nueve millones de personas en Alemania la padecen, el 95% de todos los casos. Se desarrolla de forma gradual —las células pierden sensibilidad a la insulina y la glucosa se acumula en sangre— y está ligada al sedentarismo, la obesidad y el tabaquismo, aunque la entidad estima que modificar el estilo de vida puede reducir entre un 40% y un 70% la probabilidad de desarrollarla.

Katrin Esefeld, médica deportiva en Múnich y coautora de la guía Diabetes, deporte y ejercicio de la DDG, fue categórica en declaraciones a Der Spiegel al señalar que “el ejercicio actúa como una medicina” y remarcar que la diabetes tipo 2 puede curarse mediante la actividad física, especialmente en combinación con dieta y pérdida de peso.

El mecanismo es directo: durante el esfuerzo, la glucosa llega a los músculos por vías independientes de la insulina; con el tiempo, el ejercicio regular restaura la funcionalidad de los receptores hormonales y normaliza la regulación del azúcar.

Cuánto y de qué tipo

Primer plano lateral de una mujer corriendo, sudando, con un top deportivo rosa y una bomba de insulina y monitor de glucosa en su brazo derecho. Fondo urbano borroso.
Las guías para la diabetes recomiendan 150 minutos semanales de actividad moderada y señalan que combinar entrenamiento de resistencia y fuerza mejora el control metabólico a largo plazo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las guías recomiendan al menos 150 minutos semanales de actividad moderada repartidos en tres días. La DDG sugiere deportes de resistencia como la marcha nórdica, la natación o el ciclismo, entre el 50 y el 60 por ciento de la frecuencia cardíaca máxima.

Othmar Moser precisó a Der Spiegel que la combinación de entrenamiento de resistencia y fuerza es la más eficaz a largo plazo. Un estudio con datos de casi medio millón de personas concluyó, además, que la masa muscular influye en el riesgo de diabetes tipo 2 de forma independiente al peso corporal.

Katrin Esefeld cerró con un mensaje directo: no hace falta correr una maratón, cada paso cuenta, aunque al principio solo se trate de una caminata de cinco minutos al día.

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