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Denunciada por sus propias hijas: los siniestros crímenes de la amable vecina que acogía personas en su casa para asesinarlas

El 8 de agosto de 2003, la policía de Raymond, Washington, detuvo a Shelly Knotek y a su marido, David, por una serie de asesinatos perpetrados a la largo de una década. Nunca los habrían descubierto si sus tres hijas, ya adultas, no se hubiesen atrevido a delatarlos. También contaron las torturas y maltratos a los que fueron sometidas durante su infancia

Shelly Knotek
Michelle Knotek, más conocida como "Shelly" (Foto del libro "If you tell" de Gregg Olson)
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En la apacible zona rural de Raymond, en el estado de Washington, los vecinos, casi toda gente sencilla y de trabajo, consideraban a los Knotek una buena familia. Shelly y su marido David eran amables con todos y se sabía que eran personas generosas y solidarias, capaces de acoger en su casa, donde vivían con sus tres hijas, a amigos y familiares que estaban pasando alguna necesidad. Las personas iban y venían, hasta que se dejaba de verlas, seguramente porque habían solucionado sus problemas y se habían ido a otro lugar para rehacer sus vidas. En el trato social, los Knotek eran un verdadero modelo, sobre todo Shelly, una mujer dada que siempre tenía una palabra bondadosa para todos, un ejemplo que seguían las chicas, a las que se veía muy bien educadas. Por eso cuando el 8 de agosto de 2003 la policía apareció por la casa de esa buena vecina y se llevó detenidos a Shelly y a David, la sorpresa fue monumental. Nadie podía creerlo, porque para todos la buena de Shelly era incapaz de cometer los crímenes que se le imputaban: torturar, matar y hacer desaparecer los cadáveres de sus víctimas, que no eran otras que aquellas personas a las que había acogido en momentos de necesidad.

La sorpresa fue aún mayor cuando se enteraron de que las hijas de Shelly, las tan educadas Nikki, Sami y Tori, les contaron a los policías primero y a la Justicia después que las tres habían sufrido abusos físicos por parte de sus padres, y que esos invitados que aparentemente se habían ido estaban en realidad muertos, asesinados por su madre con la complicidad de su marido. Los detalles que dieron eran estremecedores: relataron que Shelly había encerrado a sus víctimas, que las había dejado días sin comer, que las torturaba físicamente y las obligaba a consumir drogas y a beber su propia orina, y que incluso las había obligado a saltar desde el techo de la casa para después ponerles lavandina en las heridas.

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Cuando la investigación se profundizó, quedó claro que Shelly era la mente siniestra y principal ejecutora de los crímenes y que David la había ayudado porque vivía con ella en una relación de sometimiento y que, si bien más de una vez había pensado en denunciarla, nunca se atrevió. Él mismo se sorprendió cuando conoció el verdadero pasado de su esposa, que ella contaba a su manera, desde el lugar de víctima, cuando en realidad había sido todo lo contrario.

Shelly Knotek
Durante más de una década, los crímenes cometidos por Shelly Knotek permanecieron ocultos. Las hijas de la pareja crecieron en un ambiente de violencia y control. Fue recién en 2003 cuando Nikki y Sami, ya adultas, decidieron acudir a la policía y revelar lo que habían vivido (Fotos del libro "If you tell" de Gregg Olson)

De víctima a victimaria

Michelle Watson, a quien todos llamaban “Shelly”, nació en Raymond el 15 de abril de 1954 y creció sin alejarse de su pueblo natal. Era la mayor de los tres hijos de Sharon, una mujer desequilibrada que ahogaba sus penas en alcohol y que esporádicamente ejercía la prostitución. Shelly no vivió mucho tiempo con su madre, porque se fue para no volver cuando tenía seis años. Los tres hermanos se fueron a vivir entonces con su padre, Les Warson, y su nueva esposa, Laura Stallings.

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Según el periodista de The New York Times Gregg Olsen, autor de un libro revelador sobre la vida de Shelly Knotek, If You Tell: A True Story of Murder, Family Secrets, and the Unbreakable Bond of Sisterhood (Si lo cuentas: una historia real de asesinato, secretos familiares y el vínculo inquebrantable de la hermandad), Warson era un empresario de éxito y Stalling una mujer de belleza poco común, que había concursado para Miss América en la década de los ’50. Shelly odiaba a la mujer de su padre y se lo hacía notar, pero sobre todo hacía notar su frustración maltratando a sus hermanos menores. Los culpaba de no hacer los deberes escolares y les pegaba sin que atinaran a defenderse. Entrevistada por Olsen después de la detención de Shelly, la madrastra Laura Stallings contó: “Solía ​​cortar trozos de cristal y meterlos en el fondo de las botas y los zapatos de los niños. ¿Qué clase de persona hace algo así?”.

El comportamiento de Shelly empeoró al enterarse de que su madre había muerto o, mejor dicho, que la habían matado a golpes en la calle, donde vivía con otro alcohólico. Por alguna razón, decidió desquitarse con su padre. Una tarde de marzo de 1969, cuando tenía 14 años, no volvió a su casa después del colegio. Les Warson llamó por teléfono y la directora le dijo que estaba en un centro de detención juvenil, pero no le aclaró por qué. El padre fue a buscarla creyendo que había cometido alguna travesura grave, pero al llegar se llevó la sorpresa de su vida: Shelly lo acusaba de violarla. Pronto se descubrió que se trataba de una acusación falsa, porque el examen médico demostró que no había sido abusada. En realidad, Shelly había ideado su denuncia después de leer un artículo en la revista Confesiones verdaderas titulado “¡Fui violada a los 15 años por mi padre!”. Su relato era el mismo del texto de la revista.

Después de eso la enviaron a vivir con los padres de Laura Stallings, pero tampoco duró mucho tiempo ahí, porque también acusó al hombre de violarla. Otra denuncia que se comprobó que era falsa. Volvió a la casa de su padre, donde ya no sabían qué hacer con ella. Todos respiraron aliviados cuando finalmente se fue para casarse con su primer marido, con quien tuvo dos hijas, Niki y Sami, antes de separarse. A principios de 1987 volvió a casarse, esta vez con el obrero de la construcción y veterano de la Marina llamado David Knotek, con quien tuvo a su tercera hija, Tori. El matrimonio se fue a vivir a la casa rural de las afueras de Raymond. Poco después Shelly, en complicidad con su marido, empezó su raid criminal.

Shelly Knotek
Las tres hijas de Shelly junto al primo y víctima de los asesinos: Shane Watson (Fotos del libro "If you tell" de Gregg Olson)

Un rosario de víctimas

La primera víctima fue Kathy Loreno, una amiga de Shelly que se mudó a la casa familiar en 1991, luego de perder su trabajo como peluquera y ser desalojada del departamento donde vivía. La investigación demostró que Loreno fue sometida a maltratos físicos y psicológicos durante años. Shelly la obligaba a realizar tareas humillantes, la golpeaba y la dejaba sin comida. En 1994, murió producto de los abusos a los que la sometieron los Knotek. Shelly y David dijeron que se había fugado con un amante, cuando en realidad habían incinerado sus restos y ocultaron el hecho durante casi una década.

El segundo en morir fue Shane Watson, sobrino de Shelly, que vivía con ellos desde 1988. Tenía 13 años cuando su padre, miembro de un club de motociclistas, fue encarcelado. Shelly lo obligaba a realizar trabajos forzados, lo golpeaba y lo aislaba del resto de la familia. En 1995, David Knotek lo mató de un tiro. En los interrogatorios, David dijo que lo hizo por orden de Shelly, quien lo convenció de que Shane representaba una amenaza. El crimen no se descubrió hasta 2003, cuando los detuvieron.

La tercera víctima fue Ronald Woodworth, un hombre mayor que también fue acogido por los Knotek. Woodworth fue sometido a un régimen de abuso físico y psicológico. Shelly lo obligaba a realizar tareas degradantes, lo golpeaba y lo forzaba a bañarse en productos químicos. En 2003, Woodworth murió como consecuencia de esos abusos. Shelly y David ocultaron el cuerpo y dijeron que se había ido.

Ese mismo año murió James McClintock, un marino mercante jubilado de 81 años al que Shelly visitaba en su casa desde el año anterior porque no podía valerse por sí mismo. Un día, poco después de llegar, Shelly llamó a una ambulancia, pero cuando los paramédicos llegaron el hombre ya estaba muerto, con una herida en la cabeza. Shelly aseguró que el se había golpeado al tropezar y caer. La policía nunca pudo vincular oficialmente a Knotek con su muerte, a pesar de que figuraba como beneficiaria de un seguro por 140.000 dólares.

Shelly Knotek
David Knotek y Shelly (Foto del libro "If you tell" de Gregg Olson)

Denunciada por sus hijas

Las tres hijas de Shelly crecieron sufriendo los abusos de su madre y fueron testigos mudas de sus crímenes hasta que, ya adultas, decidieron hablar. Las que se atrevieron fueron las dos mayores, Niki y Sami que, armándose de valor, la denunciaron a la policía. Sus testimonios fueron clave para el arresto de Shelly y David Knotek.

La policía de Raymond inició una investigación que incluyó entrevistas con testigos, revisión de antecedentes y búsqueda de restos humanos en la propiedad de los Knotek. Los agentes encontraron pruebas que confirmaban los testimonios de las hijas, incluyendo restos óseos y evidencia de tortura. Shelly Knotek fue acusada de homicidio en segundo grado por la muerte de Kathy Loreno y Ronald Woodworth. David Knotek fue acusado de homicidio en primer grado por el asesinato de Shane Watson.

El juicio se llevó a cabo en 2004. Shelly Knotek fue declarada culpable de dos cargos de homicidio en segundo grado y fue condenada a 22 años de prisión. A su marido se lo encontró culpable de un homicidio en primer grado y fue condenado a 15 años. Durante el proceso judicial se presentaron testimonios, los de las hijas y de otros testigos que confirmaron los abusos cometidos por Shelly. La fiscalía describió un patrón de comportamiento que incluía manipulación, violencia física, aislamiento y control psicológico.

En 2019, las tres hijas de Shelly fueron entrevistadas por Greg Olsen para su libro. En esas entrevistas contaron en detalle los maltratos a las que las sometía su madre. Relataron que cuando eran niñas, las obligaba muchas veces a dormir afuera. También que las hacía desnudarse y revolcarse en el barro mientras ella les rociaba agua fría con una manguera como castigo por supuestas desobediencias, como usar el baño sin permiso. Niki contó que a ella la obligó a bailar desnuda con su primo Shane Watson, el primo al que después David mató de un tiro.

David Knotek fue liberado en 2016, después de cumplir trece años de su condena de quince. Cuando obtuvo la libertad condicional contactó a las hijas de Shelly para pedirles perdón. Sami y Tori han declarado públicamente que, a pesar de todo, perdonan David, a quien consideran una víctima más de Michelle Knotek. Niki, sin embargo, no aceptó las disculpas del hombre. Para ella, el abuso al que fueron sometidas fue imperdonable.

Shelly Knotek fue liberada en 2022, a los 68 años, luego de cumplir dieciocho de prisión. Sus tres hijas se opusieron a su liberación. “Mi madre es como una bomba de relojería. Nunca se sabe cuándo va a estallar y tampoco ha dado muestras de arrepentimiento”, declaró Niki cuando supo que saldría de la cárcel. Tori fue más allá: “Le encantaba hacer sufrir a otras personas. La hacía sentirse superior. Ella nunca ha sido diagnosticada formalmente como psicópata, pero muestra todos los rasgos. Es un peligro para la sociedad”, dijo. Sami la definió como “alguien más siniestro que algunos personajes literarios de Stephen King como Cujo o Pennywise”. Ninguna de las tres ha querido volver a verla.

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