Cual es el mecanismo biológico que impulsa las ganas de hacer ejercicio y mejora el metabolismo

Investigaciones identificaron una señal producida por los músculos durante la actividad física que influye directamente en el cerebro. El hallazgo podría ayudar a comprender por qué algunas personas tienen más facilidad para mantenerse activas

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Ilustración acuarela de un cuerpo humano musculoso con una bombilla en la cabeza, hélice de ADN y moléculas. Fondo de acuarela melocotón.
Un hallazgo científico sobre la motivación para la actividad física identificó un mecanismo biológico que activa el metabolismo y el interés por moverse (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un hallazgo científico cambió la comprensión sobre la motivación para la actividad física. Según un análisis publicado en la revista Muy Interesante por Cintia Folgueira Cobos, doctora en Endocrinología por la Universidad de Santiago de Compostela (USC), se ha identificado un mecanismo biológico que activa tanto el metabolismo como el interés por moverse.

Esto indica que, durante el ejercicio, el músculo emite señales que influyen directamente en el cerebro, incrementando las ganas de mantenerse activo. La existencia de este interruptor interno indica que el deseo de hacer actividad está determinado por procesos corporales y no solo por decisiones conscientes.

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El músculo como órgano endocrino

El músculo ha dejado de ser considerado únicamente un tejido encargado del movimiento. La investigación sostiene que también actúa como un órgano endocrino, capaz de liberar mioquinas: moléculas que circulan por el organismo y permiten el diálogo con órganos como el hígado, el tejido adiposo o el cerebro.

Vista lateral de una mujer trotando en un parque soleado. Viste camiseta gris, shorts negros, calcetines de compresión y un cinturón con sensores.
La interleuquina-15 aumenta después del ejercicio y cumple un papel central en la regulación del metabolismo y la actividad corporal (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre las sustancias liberadas destaca la interleuquina-15 (IL-15), cuya concentración aumenta tras la actividad física. Esta proteína desempeña un papel central en la regulación del metabolismo y la actividad corporal. La existencia de esta red molecular revela cómo el músculo puede modificar funciones esenciales del organismo, desde el estado de ánimo hasta la eficiencia metabólica.

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Cómo funciona el interruptor interno

El estudio describe que, durante el movimiento repetido, se activan dos proteínas con funciones opuestas: una potencia la señal que impulsa la actividad física, y la otra actúa como freno para evitar excesos. Este mecanismo de equilibrio permite que el cuerpo regule de manera precisa el equilibrio entre actividad y descanso, ajustando la motivación según las necesidades internas.

Este interruptor interno es responsable de que la tendencia a realizar ejercicio pueda aumentar o disminuir en función de cómo se activen estas proteínas. Así, la motivación para moverse no depende únicamente de factores externos o psicológicos, sino que está estrechamente relacionada con el funcionamiento de este sistema biológico interno.

Figura de género ambiguo sentada en ropa deportiva gris, flexionando un brazo. Rayos de luz azul y naranja fluyen desde su bíceps hacia la cabeza.
La IL-15 viaja por la sangre hasta el córtex motor y refuerza la conexión entre músculo y cerebro para favorecer el movimiento espontáneo (Imagen Ilustrativa Infobae)

El papel de la IL-15

La IL-15 es una molécula clave en la conexión entre músculo y cerebro. Al ser liberada tras el ejercicio, viaja por la sangre y llega al córtex motor, la región cerebral encargada del control del movimiento. Esta señalización favorece el aumento de la actividad física espontánea, es decir, movimientos voluntarios no planificados.

Los experimentos citados por Muy Interesante muestran que el incremento de IL-15 se asocia con una mayor predisposición a moverse. Así, el ejercicio no solo mejora la condición física, sino que también modifica la disposición cerebral a continuar activos. Esto demuestra que la motivación para el movimiento tiene una base biológica.

La dificultad para iniciar o mantener una rutina de ejercicio no se explica únicamente por la voluntad o los hábitos. Según el análisis de Cintia Folgueira Cobos, se ha comprobado que en personas con obesidad existen niveles más bajos de IL-15 en sangre, lo que se vincula con una menor activación de las señales que incentivan el movimiento. Esta carencia puede dificultar la ruptura del ciclo de sedentarismo.

Fotografía macro de un antebrazo genérico con gotas de sudor, sobre el cual se superpone una molécula estilizada de IL-15 en azul y verde.
El mecanismo biológico relacionado con la IL-15 se asocia con menor ganancia de peso, mejor regulación de la glucosa y posibles aplicaciones en salud pública contra la obesidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Beneficios metabólicos y aplicaciones en salud pública

Además de influir en la motivación, la activación de este sistema conlleva beneficios metabólicos directos. En modelos experimentales, se ha observado que su funcionamiento se asocia con menor ganancia de peso, mejor regulación de la glucosa y menos acumulación de grasa en el hígado. Esto refuerza la idea de que el ejercicio modifica procesos internos que influyen en el riesgo de enfermedades metabólicas.

El conocimiento de este mecanismo plantea posibles aplicaciones en salud pública. La IL-15 podría emplearse como marcador biológico para personalizar programas de entrenamiento o intervenciones médicas, especialmente frente a la obesidad.

Aunque no reemplazaría los beneficios del ejercicio, el desarrollo de estrategias basadas en estas moléculas podría complementar terapias para personas con limitaciones físicas.

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