
El tabaquismo daña todos los órganos del cuerpo humano, y el cerebro no es la excepción. Cada vez más evidencia muestra que dejar de fumar no solo mejora la salud respiratoria y cardiovascular. Dejar atrás la nicotina brinda mayor agudeza mental y fortalece la función cognitiva.
Un nuevo estudio señaló que dejar de fumar se asocia con un riesgo de demencia un 16% menor en adultos mayores, y este efecto positivo aumenta con los años de abstinencia y si se evita una ganancia excesiva de peso tras abandonar el cigarrillo.
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Según la investigación publicada en Neurology, la revista médica de la Academia Estadounidense de Neurología, los beneficios para el cerebro tras dejar de fumar pueden equipararse a los de quienes nunca fumaron, especialmente después de siete años de abstinencia.
Abandonar el tabaco reduce la probabilidad de deterioro cognitivo en comparación con quienes continúan fumando. Sin embargo, este beneficio puede perderse si después de dejar el tabaco la persona gana más de 10 kilos de peso.
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Mantener una subida leve o moderada permite conservar la protección sobre la salud cerebral. Es importante destacar que el análisis no probó causalidad: describió una asociación.

El estudio sobre ex fumadores y riesgo de demencia
“Dejar de fumar es una prioridad universal para la prevención de enfermedades cardiovasculares y cáncer, pero su impacto en el riesgo de demencia sigue siendo incierto. Nuestro objetivo fue evaluar la relación entre dejar de fumar y el aumento de peso posterior al abandono del hábito con el riesgo a largo plazo de demencia y las trayectorias cognitivas”, plantearon los investigadores.
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El estudio, dirigido por un equipo de la Universidad de Zhejiang en Hangzhou, China, analizó a 32.802 estadounidenses mayores de 50 años sin demencia al inicio del seguimiento. Tenían una edad promedio de 61 años y fueron monitoreados durante un promedio de 10 años.
Fueron evaluados cada dos años entre 1995 y 2020 mediante pruebas de memoria, cálculo y habilidades cognitivas. Durante un seguimiento con mediana de 10 años, cerca de 6.000 participantes desarrollaron demencia, según reportaron los investigadores.
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Tras ajustar por factores como edad, actividad física y salud cardiovascular, quienes dejaron de fumar tuvieron un 16% menos de riesgo de demencia que quienes continuaron fumando.
El impacto del peso tras dejar de fumar

“A menudo, la gente se preocupa por lo que sucede después de dejar de fumar, incluyendo el aumento de peso y los cambios metabólicos asociados”, afirmó Hui Chen, doctora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zhejiang y autora principal del estudio.
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“Lo que hemos descubierto es que dejar de fumar sigue estando asociado con mejores resultados para el cerebro, pero mantener un peso saludable puede ayudar a preservar esos beneficios”, agregó.
La investigación destaca que controlar el peso tras dejar de fumar es esencial para mantener los beneficios cognitivos. Quienes evitan un aumento importante de peso después de la cesación logran preservar la memoria, el razonamiento y la orientación.
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Si la ganancia de peso es moderada, de hasta cinco kilos, el efecto neuroprotector persiste.
La vía “pulmón-cerebro” podría explicar el riesgo de demencia

Un estudio previo de la Universidad de Chicago, publicado en abril Science Advances, planteó que fumar podría aumentar el riesgo de demencia al activar señales químicas dañinas que viajan desde los pulmones al cerebro, una línea de investigación que busca explicar por qué los fumadores intensos suelen mostrar mayores riesgos neurodegenerativos.
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El equipo describió una ruta que involucró a las células neuroendocrinas pulmonares (PNECs, por sus siglas en inglés). Según los investigadores, la exposición a la nicotina llevó a estas células a liberar exosomas, partículas que transportan productos celulares, que alteraron el equilibrio de hierro en neuronas y se asociaron con marcadores vinculados a neurodegeneración.
Los autores añadieron que este desbalance de hierro se relacionó con estrés oxidativo, disfunción mitocondrial y aumento de expresión de α-sinucleína, y que incluso podría activar ferroptosis, un tipo de muerte celular programada que otros estudios asociaron con Alzheimer y Parkinson. El trabajo aclaró que se necesita más investigación antes de afirmar un vínculo causal en humanos y adelantó que el próximo paso será evaluar si bloquear exosomas podría tener aplicaciones terapéuticas.
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