
Se sabe que practicar actividad física ayuda a vivir más tiempo y a evitar enfermedades que aparecen con la edad. Sin embargo, todavía no se conoce bien cómo se relaciona el ejercicio con la edad biológica, que se puede medir con pruebas especiales del ADN.
Una revisión sistemática y metaanálisis realizada por la Universidad Nacional de Singapur y el Consejo Nacional de Investigación Médica de Singapur y publicada en The Lancet Health Longevity, halló que mayores niveles de actividad física se asociaron con una menor edad biológica medida a través de relojes de metilación del ADN conocidos como relojes epigenéticos. La investigación fue destacada por el reconocido médico especialista en longevidad Eric Topol en su cuenta de X.
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Los llamados aging clocks, o relojes epigenéticos, son herramientas científicas que permiten medir el desgaste de los órganos y ofrecen pistas sobre nuestra salud y mortalidad. Señalan la edad biológica, explican en MIT Technology Review.

“Mientras la edad cronológica solo indica cuántos cumpleaños hemos celebrado, la edad biológica pretende reflejar algo más profundo: cómo afronta nuestro organismo el paso del tiempo y, quizá, cuánto tiempo nos queda. No podemos cambiar la edad cronológica, pero tal vez sí influir en la biológica", señala la publicación.
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Según los autores del metaanálisis, “Una mayor actividad física se asocia significativamente con una menor edad biológica".
El estudio propone que el ejercicio regular podría ayudar a mantener patrones de metilación más propios de una biología joven, posiblemente mediante la regulación de la inflamación, la mejora de la función metabólica y la reparación del ADN.
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La actividad física ocupacional (caminar y levantar cargas en el trabajo) no mostró asociación estadística con la edad epigenética en los relojes evaluados, ni en el análisis general ni por sexo, aclararon los investigadores.
Los autores señalaron que la mayoría de los 44 estudios incluidos (con más de 145.000 participantes de ambos sexos y rangos de edad de 24 a 78,5 años) se basaron en análisis transversales, lo que impide establecer si la actividad física causa una reducción de la edad biológica o si personas con menor envejecimiento epigenético tienden a ser más activas.
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Una edad biológica avanzada está asociada a un mayor riesgo de padecer enfermedades graves como cáncer, enfermedades cardíacas, demencia y diabetes, entre otras.
Otros estudios que corroboran la relación ejercicio y menor edad biológica

Diversas investigaciones han comprobado el papel clave del ejercicio en un envejecimiento saludable.
Realizar distintos tipos de actividad física, además de aumentar la cantidad de ejercicio semanal, podría contribuir a sumar años de vida, según un estudio publicado en BMJ Medicine.
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El estudio encontró que quienes realizaron más tipos diferentes de ejercicio presentaron hasta un 19% menos riesgo de muerte por cualquier causa. Además, el riesgo de fallecimiento por enfermedades cardiovasculares, cáncer o respiratorias disminuyó entre un 13% y 41% comparado con quienes se limitaron a una o dos actividades. Caminar se destacó como la práctica con mayor asociación positiva: aquellos que más caminaban tenían un17% menos de riesgo de muerte que el grupo menos activo en esa disciplina. Subir escaleras también mostró beneficios notables, así como deportes de raqueta, remo, calistenia y entrenamiento de resistencia.

Un reciente estudio científico demostró que el ejercicio de fuerza puede rejuvenecer el cerebro en adultos mayores. Fue publicado en la revista GeroScience.
En diálogo con Infobae, el científico argentino Agustín Ibáñez, uno de los expertos de la investigación afirmó “del mismo modo que la demencia acelera el envejecimiento cerebral, el ejercicio, junto con otros factores como el sueño, la creatividad o la interacción social, podría retrasarlo. Esto abre una gran oportunidad para el desarrollo de políticas públicas equitativas que promuevan el capital cerebral”, subrayó el doctor quien también es profesor de Salud Cerebral Global en el GBHI del Trinity College, en Irlanda.
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Ejercicio físico y relojes epigenéticos: lo que muestran los datos moleculares

La forma en que funcionan los genes puede cambiar, explican en MIT Technology Review. “Moléculas llamadas grupos metilo pueden adherirse al ADN y controlar cómo los genes producen proteínas. Este proceso se denomina metilación y puede ocurrir en millones de puntos del genoma. Estos marcadores epigenéticos, como se los conoce, pueden activar o desactivar genes, o aumentar o reducir la cantidad de proteína que generan. No forman parte de nuestro ADN, pero influyen en su funcionamiento".
Los relojes Horvath (primera generación) y GrimAge (segunda generación) son herramientas científicas de vanguardia utilizadas para medir la edad biológica de una persona analizando patrones de metilación del ADN, lo que permite evaluar el desgaste real del organismo más allá de los años cronológicos, según explica MIT.
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La investigación analizó la relación entre la actividad física, medida en MET-minutos por semana (una unidad que combina la cantidad y la intensidad del ejercicio), y la aceleración de la edad epigenética, que se calcula como la diferencia entre la edad biológica y la edad cronológica.
Los resultados indican que un aumento de una desviación estándar en la actividad física semanal se asoció con una disminución de 0,03 desviaciones estándar en la edad epigenética según el reloj Horvath y de 0,09 desviaciones estándar según GrimAge. No se observaron asociaciones significativas para los relojes Hannum ni PhenoAge.
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El reloj Horvath, basado en la metilación de diferentes tejidos, refleja cambios epigenéticos que pueden verse influidos por hábitos como la actividad física. GrimAge, en cambio, integra marcadores de inflamación, glucosa y células inmunes, factores que también pueden modificarse mediante el ejercicio.
El reloj de Hannum es un biomarcador epigenético de primera generación utilizado para calcular la edad biológica a través de la metilación del ADN en sangre. El reloj PhenoAge incorpora datos de salud como recuentos de células sanguíneas y signos de inflamación junto con la metilación.
No se analizaron relojes de cuarta generación con enfoque causal ni relojes centrados en sistemas biológicos concretos, como inmunidad o envejecimiento vascular. Tampoco se abordó la “edad inmunológica” por metilación, una de las áreas en las que la actividad física, de confirmarse el vínculo, podría revelar beneficios más específicos para la longevidad saludable.

Los avances en la medición epigenética del envejecimiento
Los autores propusieron que futuras investigaciones armonicen la medición objetiva del ejercicio y la evaluación longitudinal de los cambios en metilación del ADN, comparando además los efectos de distintos tipos de ejercicio. Estudios que incluyan medidas como velocidad de marcha, fuerza y capacidad cardiorespiratoria mediante biomarcadores de metilación serían especialmente valiosos.
La revisión concluyó que se justifican nuevos ensayos clínicos con medición objetiva y diversidad poblacional para establecer si el ejercicio regular puede modificar de modo directo la trayectoria biológica del envejecimiento.
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