
Más de un siglo después de su desaparición, el mar devolvió una historia que había quedado suspendida en el tiempo. Un equipo de buzos británicos logró localizar los restos del guardacostas estadounidense Tampa, considerado el mayor buque naval de ese país perdido durante la Primera Guerra Mundial.
La escena original, reconstruida a partir de registros históricos, es tan breve como devastadora: frente a la costa sur de Inglaterra, un submarino alemán detectó la silueta del Tampa recortada contra el atardecer y lanzó un único torpedo. En apenas tres minutos, el buque se hundió en el Atlántico con sus 131 tripulantes a bordo. Nadie sobrevivió.
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Durante más de 100 años, el destino final del barco permaneció sin confirmación. Hasta ahora. Según informó la Guardia Costera de Estados Unidos, el hallazgo se produjo el último fin de semana, a unos 91 metros de profundidad y a unos 80 kilómetros de la costa de Cornualles.
El descubrimiento fue realizado por Gasperados, un grupo de buceo técnico integrado por voluntarios que desde hace años trabaja junto a historiadores e investigadores para identificar naufragios en aguas del Reino Unido. La búsqueda del Tampa había comenzado en 2023 y requirió múltiples expediciones.
“Este hallazgo es el resultado de tres años de trabajo. El Tampa tiene un enorme valor simbólico, tanto para Estados Unidos como para las familias de quienes murieron ese día. Finalmente, sabemos dónde descansa”, expresó Steve Mortimer, líder del equipo, en redes sociales.
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Desde la Guardia Costera estadounidense explicaron que colaboraron con información clave para confirmar la identidad del pecio, incluyendo imágenes de archivo de la estructura del barco, su timón, armamento y otros elementos distintivos.

El último viaje del Tampa está documentado en detalle. El 17 de septiembre de 1918 había partido para escoltar un convoy en el Atlántico. Días después, el 26, su capitán pidió autorización para separarse de la formación: el barco se estaba quedando sin carbón y necesitaba repostar con urgencia. Con el visto bueno de sus superiores, puso rumbo a un puerto en Gales. Nunca llegó.
Cerca de las 20:15 de ese mismo día, fue interceptado por el submarino alemán UB-41. El torpedo impactó en el centro del buque y, según los registros, la explosión inicial fue seguida por una segunda detonación, posiblemente causada por la combustión de polvo de carbón o por cargas de profundidad que llevaba a bordo.
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Al día siguiente, una aeronave enviada en su búsqueda encontró restos flotando en la superficie. Era la única señal de lo ocurrido.
En el Tampa viajaban 111 guardacostas estadounidenses, cuatro marinos de la Armada de ese país y 16 británicos, entre personal naval y civiles. Entre ellos había inmigrantes y también 11 tripulantes afroamericanos, los primeros miembros de minorías étnicas de la Guardia Costera en morir en combate.
“El hundimiento del Tampa dejó una marca profunda en nuestra historia”, señaló el almirante Kevin Lunday. “Encontrar sus restos nos vuelve a conectar con ese sacrificio y con la idea de que el compromiso con el deber trasciende el tiempo”.
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Ahora, las autoridades evalúan avanzar con nuevas exploraciones mediante tecnología robótica y sistemas autónomos, con el objetivo de estudiar el sitio sin alterar lo que, para muchos, es también una tumba de guerra.
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