
¿Fue Qatar quien movió los hilos para conseguir que el fiscal general de la Corte Penal Internacional emitiera órdenes de arresto contra el primer ministro Benjamin Netanyahu y el ex ministro de Defensa Yoav Gallant? La pregunta es obligada después de sendos artículos de The Guardian y The Wall Street Journal que aportan pruebas de un presunto quid pro quo entre el fiscal general Karim Khan y el estado qatarí.
Estos serían los tres vértices que sostienen la información. Primero, el fiscal Khan es acusado por conducta sexual coercitiva y abuso de autoridad por parte de una abogada, estrecha colaboradora suya. Dicho presunto abuso se habría producido en su oficina, en su domicilio y en habitaciones de hotel durante viajes de trabajo. La acusación se produjo el 29 de abril de 2024. Inmediatamente después, según el testimonio y las grabaciones que están en posesión del Wall Street Journal, Qatar habría enviado el mensaje de poder “cuidar” y “proteger” a Khan de las acusaciones, si emitía urgentemente las órdenes de detención contra los dirigentes israelíes. Y finalmente, el 20 de mayo, contra todo pronóstico dada la celeridad de la decisión, el fiscal Khan anunciaba públicamente la petición de arresto contra Netanyahu y Gallant. Es decir, veinte días después de ser acusado por abuso sexual, y supuestamente con Qatar mediante, el fiscal lanzaría la bomba contra Israel en plena situación de guerra. Sería entonces cuando el “cuidado” prometido por Qatar empezaría a perpetrarse.
PUBLICIDAD
La información publicada por The Guardian explica que la presunta víctima de Khan habría sido objeto de una operación encubierta que involucró a dos empresas de inteligencia privadas británicas, Highgate (consultora estratégica que, según propia definición, gestiona “problemas de alto riesgo”), y Elicius Intelligence, empresa especializada que, según la información del periódico, habría recopilado información sensible sobre las vidas privadas, relaciones y situaciones financieras de la mujer, su hijo, su marido y sus padres, pirateando incluso sus contraseñas y su correo electrónico. El objetivo, según la documentación conseguida por The Guardian, era intentar implicar a la presunta víctima con intereses israelíes, y el cliente que financiaba la operación sería una unidad diplomática de alto nivel dentro del estado de Qatar. Según el nuevo testimonio -cuya declaración fue presentada al FBI- dicha operación de inteligencia privada también habría apuntado a dos estadounidenses: Tom Lynch, el alto funcionario de la CPI que primero denunció la acusación de asalto, y el senador Lindsey Graham. Highgate niega parte de la información, pero reconoce sus encuentros con los representantes de Khan, y los describe como “privados, comercialmente sensibles y confidenciales”. También los abogados de Khan reconocen los encuentros, pero niegan las intenciones, como así el propio gobierno de Qatar.
En el interín, la investigación de la ONU ha encontrado bases fácticas en la denuncia contra el fiscal que ha sido apartado, a la espera de resolución y una nueva mujer, que había sido su becaria, ha presentado otra denuncia por abuso sexual. Al tiempo, según The Guardian, no se ha encontrado ninguna relación de las dos denunciantes con ningún complot contra el fiscal, y mucho menos con ningún interés israelí.
PUBLICIDAD

Los datos, pues, se acumulan tanto como se oscurece el papel del fiscal Khan, cuyo historial cuando era abogado incluye defender a personajes como el hijo de Gaddafi o a Charles Taylor, el deleznable dictador de Liberia, manchado con diamantes de sangre. Pero lo realmente importante de la información, si se confirma, es la imagen de vulnerabilidad que presenta la Corte Internacional, susceptible de sufrir una operación de inteligencia de Qatar que acaba con una decisión de alto voltaje. No olvidemos que las órdenes de detención se produjeron contra líderes democráticamente elegidos de un estado que estaba en guerra contra organizaciones terroristas, que habían perpetrado una terrible matanza. Como decía el editorial del Jerusalem Post, “la CPI criminalizó el acto de supervivencia nacional” de Israel, al basar las órdenes “en una narrativa construida por actores hostiles” y luego estampada por un fiscal en su momento más vulnerable. Ergo, no se trataría de una legítima y espontánea campaña legal contra Israel, sino de una estrategia elaborada y muy bien financiada.
Lo cual lleva, inevitablemente, al papel internacional de Qatar que se publicita como una especie de Suiza jugando a ser un mediador neutral, pero en realidad practica una política internacional invasiva y contraria a la paz. Es decir, no es un mediador sino un agente hostil. Es el mismo Qatar que durante décadas regó con millones de dólares a Hamas, mientras protegía a todo su entramado militar. Y el mismo que el Tesoro estadounidense ha considerado un “entorno permisivo” para que ricos empresarios entregaran centenares de millones de dólares a Al Nusra o al ISIS. También el mismo que ayudaba indirectamente a la financiación de grupos terroristas a través del pago de rescates para liberar a personas secuestradas. Y, por supuesto, es el mismo Qatar que, según datos del Departamento de educación de Estados Unidos, lidera la financiación extranjera de las universidades estadounidenses, con un montante que superaría los 6.600 millones de dólares desde 2001. Cabe recordar que después de una investigación federal se supo que algunas de estas universidades de élite (como Harvard, Cornell o Georgetown) no habían declarado miles de millones provenientes de Qatar, incumpliendo la ley federal de transparencia. En este punto, la correlación entre la financiación millonaria de Qatar y la inflamación antiisraelí y el creciente antisemitismo en los campus universitarios estadounidenses, parece inapelable. ¿Por qué gasta tanto dinero en universidades estadounidenses, por su amor a la ciencia, a la cultura, al conocimiento? Es evidente que nunca ha sido esa su prioridad, pero sí lo es la propaganda antioccidental y la manipulación del relato público
PUBLICIDAD
Hamas, ISIS, universidades estadounidenses, sobornos a eurodiputados (¿recuerdan el Qatargate?), mundiales de fútbol (¿o alguien cree que conseguir el Mundial para Qatar surgió por puro amor al deporte?) y ahora, según parece, operaciones de inteligencia para influir en la Corte Internacional. Es Qatar. Nunca fue Suiza. Y siempre ha sido un problema.
X: @RaholaOficial
PUBLICIDAD
Web: https://pilarrahola.com
Instagram: pilar_rahola/
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
El camino de Taiwán hacia la eliminación de la hepatitis C como amenaza para la salud pública
Las estrategias implementadas por Taiwán han permitido superar las metas establecidas por la Organización Mundial de la Salud

¿El fin de la OPEP?
El reciente anuncio de abandono no anticipa el colapso de la organización, cuyo rol como coordinador de precios y actor adaptativo refleja una capacidad de resistencia forjada a través de sucesivas crisis en el mercado energético global
Estamos en problemas, Houston
Los intentos de asesinato contra Trump no son anécdotas aisladas sino síntomas de un clima político envenenado, donde la demonización del adversario y la saturación de armas en Estados Unidos conforman un cóctel cada vez más explosivo
La transición como manipulación de las dictaduras para ganar tiempo
La necesidad de restituir la seguridad interna e internacional de Estados Unidos ha identificado los centros de ataque en las dictaduras del socialismo del siglo 21 bajo mando de Cuba con Venezuela como su base principal

¿Puede haber paz duradera entre el Líbano e Israel mientras Hezbollah no se desarme?
El diálogo entre ambos países, impulsado por la mediación estadounidense, avanza en medio de una frágil tregua y la presión internacional para el desarme del grupo terrorista



