
¿Nuestra filosofía de vida puede cuidar la salud del cerebro? Los científicos dicen que sí: un estudio a gran escala comprobó que el optimismo es un importante “activo psicosocial” para ayudar a un envejecimiento saludable.
Según una investigación de un equipo de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, quienes presentaban mayores niveles de optimismo tenían un riesgo significativamente menor de desarrollar demencia en un período de 14 años. El estudio fue publicado en el Journal of the American Geriatrics Society.
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Los investigadores analizaron los datos de 9.071 adultos mayores entre 2006 y 2020 (edad promedio 74 años) del Estudio de Salud y Jubilación y hallaron que las personas más optimistas tienen un 15% menos de probabilidades de desarrollar demencia que aquellos con una visión más triste de la vida.
La autora del artículo, Sara Henning-Stout, describió que “el optimismo es un estado mental proactivo -la creencia de que los resultados positivos son probables- que parece proporcionar un amortiguador biológico único para el cerebro”.
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En diálogo con Infobae, el doctor Alejandro G Andersson, director del Instituto de Neurología Buenos Aires (INBA), afirmó que el estudio ofreció resultados sólidos.

Aquello que lo hace especialmente valioso -explicó el neurólogo- es que los investigadores ajustaron los resultados por depresión, condiciones de salud preexistentes, nivel educativo e ingresos. Esto permite afirmar que el efecto protector no se explica simplemente por el hecho de “no estar deprimido” ni por tener mejor acceso a la salud.
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“El optimismo parece ejercer una influencia propia e independiente sobre el cerebro que envejece”, agregó el experto, aunque aclaró: “Correlación no es causalidad. Un estudio observacional como este no puede afirmar que el optimismo cause directamente la protección neuronal. Pero la consistencia del hallazgo, a través de diferentes grupos poblacionales y su solidez metodológica, lo convierten en una señal muy relevante para la neurología del envejecimiento".
En coincidencia, Emilce Schenk, coordinadora del equipo de Psicología de Centro Hirsch, afirmó que el optimismo es un condimento importante para la salud cerebral. “Esta asociación es relevante, aunque no es una garantía, ya que la demencia es multifactorial. Una persona optimista puede tener mayor probabilidad de ser físicamente activa: comer mejor, no fumar, cuidarse, controlarse y tener una mejor vida social. Todos estos son factores que ayudan a lidiar con enfermedades graves. No puedo decir que previenen una demencia, pero quizás pueden demorar su aparición o los síntomas", señaló la especialista.
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Según una estimación, aproximadamente 57 millones de personas en el mundo viven con demencia. “Dada su alta prevalencia y las limitadas opciones de tratamiento curativo, identificar estrategias de prevención es fundamental”, dijeron los autores del estudio.
Para cuantificar el nivel de optimismo, utilizaron la prueba Life Orientation Test-Revised en participantes cognitivamente sanos, tomando la medición en un margen de dos años respecto de la evaluación inicial de sus funciones cognitivas.
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El resultado se mantuvo firme tras ajustar por variables como edad, sexo, grupo étnico, escolaridad, presencia de depresión y enfermedades crónicas. Además, el trabajo validó que esta asociación se replica tanto en las poblaciones blancas no hispanas como en las afroamericanas analizadas dentro del conjunto nacional estadounidense.
¿El optimismo protege al cerebro o la demencia provoca pesimismo?

Desde el punto de vista psicológico, Schenk afirmó que se juegan los dos caminos: “Por un lado, una vida más optimista puede colaborar muchísimo en sostener una buena calidad de vida y en la manera en que se sobrellevan algunas enfermedades. Por el otro lado, la demencia a veces se lleva puesta la posibilidad de ser optimista”.
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Como neurólogo, Andersson señaló que probablemente la relación sea bidireccional: “El optimismo puede proteger el cerebro y, a su vez, el deterioro cognitivo temprano puede erosionar la capacidad de anticipar el futuro con esperanza, algo que en realidad tiene sentido neurobiológico porque las áreas prefrontales que sostienen el optimismo son precisamente las que se ven afectadas en estadios iniciales de la demencia. Ambas flechas apuntan en la misma dirección, pero la evidencia sugiere que al menos una parte de la protección es real".
Por qué el optimismo protege las neuronas

Las investigaciones sugieren que los optimistas no solo protegen su salud cerebral, sino que también viven más tiempo. Los estudios demuestran que las personas optimistas viven entre un 11% y un 15% más que los pesimistas y tienen una alta probabilidad de alcanzar una longevidad excepcional, superior a los 85 años.
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En sus explicaciones, los autores del estudio señalaron que “identificar el optimismo como un factor psicosocial protector subraya su potencial como recurso dentro de las estrategias de envejecimiento saludable”.
En términos biológicos, la investigación sugiere que un estado mental optimista podría beneficiar la salud cerebral porque facilita la gestión del estrés y reduce la exposición prolongada al cortisol, la hormona del estrés.
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Andersson explicó que la neurobiología del optimismo y el pesimismo es fascinante. “El mecanismo más estudiado pasa por el cortisol. Las personas pesimistas tienden a percibir más amenazas y a mantener activada la respuesta de estrés por más tiempo. El cortisol crónico elevado es neurotóxico: daña el hipocampo -la estructura central para la memoria- e interfiere con la neurogénesis, la sinapsis y la eliminación de desechos metabólicos cerebrales, incluida la proteína beta-amiloide que se acumula en el Alzheimer".
El optimismo, en cambio, amortigua esa cascada y genera comportamientos saludables, destacó el neurólogo. “Los optimistas tienen más probabilidades de dormir mejor, hacer ejercicio, mantener vida social activa y sostener conductas saludables, todos factores con evidencia robusta de neuroprotección. El optimismo no solo actúa directamente sobre el cerebro; también como una especie de director de orquesta de la salud cerebral a largo plazo. Podría decirse, metafóricamente, que el optimismo es un entrenamiento del sistema nervioso tan real como salir a correr", remarcó el experto.
Según Schenk, tener menos estrés y mejorar las conductas de salud influye de forma positiva. “El optimismo posibilita que, si un paciente necesita un tratamiento, mejore la adherencia. Porque el optimista cree que las cosas pueden mejorar, y eso genera un circuito que posibilita una mejor calidad de vida".
Estrategias para cultivar el optimismo

De acuerdo a Schenk, el optimismo se puede aprender y trabajar a través de diferentes conductas: terapia, meditación, actividad física regular y conexión social. Todo esto puede ayudar a fortalecer el optimismo que tiene cada persona y a sobrellevar de una manera mucho más eficaz y saludable cualquier problemática que surja en la vida.
Para Andersson, la buena noticia es que el optimismo es heredable solo aproximadamente un 25%. El resto lo moldean el entorno y los hábitos. “No es un rasgo fijo. Se puede entrenar”, afirmó el médico y brindó las siguientes recomendaciones:
- Reestructuración cognitiva: aprender a identificar catastrofizaciones automáticas y reencuadrarlas. “No se trata de negar problemas sino de no amplificarlos. Esto se puede trabajar mediante la terapia cognitivo-conductual y funciona bien incluso en adultos mayores”, señaló el médico.

- Ejercicio de “el mejor yo posible”: escribir o imaginar una versión futura de uno mismo en la que las cosas salieron bien. “Parece simple, pero varios ensayos clínicos muestran que eleva el optimismo de manera sostenida”, afirmó Andersson.
- Gratitud activa: “No como slogan, sino como práctica deliberada de atención: anotar tres cosas concretas que salieron bien cada día cambia gradualmente el sesgo atencional del cerebro”, dijo el especialista.
- Contacto social y propósito: las personas que sienten que forman parte de algo -un proyecto, una comunidad, una causa- tienen niveles de optimismo más altos y más estables. “El aislamiento, al contrario, es uno de los mayores factores de riesgo para demencia”, advirtió el doctor.
“Los investigadores destacan que el optimismo es un ‘activo modificable’ que podría convertirse en objetivo de iniciativas de salud pública para reducir la incidencia de demencia. Estamos acostumbrados a hablar de prevención en términos de dieta, ejercicio, control de hipertensión. Que la forma en la que miramos el futuro, como el optimismo, tenga el mismo peso que un medicamento antihipertensivo es, en sí mismo, una noticia extraordinaria", concluyó Andersson.
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