
Un nuevo estudio realizado en Israel reveló que los pacientes con apnea obstructiva del sueño (OSA, por sus siglas en inglés) presentan mayor masa muscular relativa a su estatura, pero una densidad muscular reducida, lo que podría afectar su fuerza y la función metabólica de sus músculos a largo plazo, informó la cadena estadounidense Fox News. Estos resultados, publicados en la revista científica Sleep and Breathing, sugieren que la apnea del sueño no solo implica dificultades respiratorias nocturnas, sino que puede estar asociada a un deterioro progresivo de la salud muscular.
En la investigación, liderada por Ariel Tarasiuk, profesor del Departamento de Fisiología y Biología Celular de la Universidad Ben-Gurión del Néguev, se analizaron 209 adultos que participaron en estudios de sueño durante la noche y se sometieron a tomografías computarizadas de tórax o abdomen. Un hallazgo relevante del estudio fue que tanto la edad avanzada —especialmente en personas mayores de sesenta años— como la obesidad (índice de masa corporal superior a 30) mostraron vínculos considerablemente más fuertes con la baja densidad muscular que la apnea del sueño por sí sola, según explicó el profesor.
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Músculos más grandes pero de peor calidad
Los datos recogidos diferenciaron a las personas con OSA del grupo control: tenían mayor edad promedio, eran mayoritariamente hombres y presentaban mayor peso. Además, mostraban una prevalencia más alta de hipertensión y enfermedades cardiovasculares, así como peores niveles de oxígeno mientras dormían.
El estudio identificó una asociación significativa entre OSA y un índice muscular más alto. La gravedad de la apnea obstructiva del sueño guardó relación con una menor densidad muscular esquelética y un índice muscular esquelético más elevado, lo que indica la presencia de músculos más grandes pero menos densos. Esta combinación puede resultar confusa: aunque la imagen corporal aparente un mayor desarrollo muscular, la calidad funcional estaría deteriorada por una mayor infiltración de grasa en el tejido muscular.
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De acuerdo con Wendy Troxel, psicóloga clínica y científica sénior en el think tank RAND, “las personas con OSA pueden tener más masa muscular, pero ese músculo puede estar menos sano porque contiene más grasa, lo que puede reducir la fuerza y la función metabólica”. Troxel, que no participó en la investigación, equiparó este fenómeno a la sarcopenia, una condición clínica en la que el músculo pierde eficiencia y fuerza incluso cuando no disminuye significativamente su volumen.
Impacto de la edad y el sobrepeso
Según los resultados presentados, factores como el envejecimiento y el exceso de peso superan en impacto negativo a la apnea del sueño en la calidad del músculo. En los participantes mayores de 60 años y en quienes tenían un índice de masa corporal superior a 30, la reducción de la densidad muscular fue mucho más notoria que en quienes solo padecían OSA.
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El profesor detalló que, aunque la apnea del sueño puede tener influencia en la alteración muscular, “la edad y la obesidad parecen ejercer una influencia más poderosa sobre la salud muscular que la apnea por sí misma”. Esto implica que el tratamiento de la OSA no debe limitarse a mejorar la respiración nocturna, sino tener en cuenta un abordaje metabólico integral.
La psicóloga expresó que, en términos clínicos, “la OSA es mucho más que un trastorno respiratorio nocturno. Puede estar asociada a alteraciones metabólicas que afectan a múltiples sistemas, incluida la salud muscular”. También señaló que la relación observada entre la gravedad de la OSA y la calidad muscular, aunque relevante, fue “modesta en comparación con los conocidos factores de riesgo, como la edad y la masa corporal”.
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Implicaciones y recomendaciones para pacientes
Tarasiuk explicó que las personas con apnea del sueño deben comprender que la patología supone un riesgo global para la salud y no se reduce a los síntomas de ronquidos o a la fatiga diurna. El diagnóstico y tratamiento adecuados, como la utilización de la terapia de presión positiva continua (CPAP), mejoran la respiración y la calidad del sueño, pero abordar el peso y la actividad física también protege la función muscular a largo plazo.
El especialista indicó que el tamaño muscular puede resultar confuso, ya que “algunos músculos pueden estar infiltrados de grasa, lo que podría disminuir su fuerza y desempeño”. Por este motivo, recomendó su evaluación basada no solo en volumen, sino en calidad, para lo cual la imagenología rutinaria, como las tomografías computarizadas, puede ser una herramienta útil.
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El estudio advierte limitaciones; los autores reconocen que los resultados pueden no extrapolarse a todas las poblaciones, puesto que la investigación se realizó en un solo centro, y carecieron de información sobre factores de estilo de vida —actividad física, dieta, consumo de tabaco o alcohol— que también influyen en la salud muscular.
Tarasiuk señaló que futuras investigaciones deberán incluir estudios multicéntricos y prestar especial atención a cómo la evolución de las alteraciones musculares influye en la vida diaria de los pacientes y en la respuesta a tratamientos como la CPAP.
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