
Pese a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que la esperanza de vida ha aumentado de manera sostenida en Europa y, según sus proyecciones, para 2050, la proporción de personas mayores de 60 años en el continente seguirá en ascenso, un análisis advirtió una desaceleración significativa en este aspecto. De acuerdo a los científicos, este fenómeno, que afecta a la mayoría de los países del viejo continente, se vincula con factores como la obesidad, la inactividad física y las dietas poco saludables.
El estudio publicado en The Lancet Public Health fue realizado por un equipo de investigadores liderado por la Universidad de East Anglia y basado en datos del Informe Global Burden of Disease 2021. En el trabajo se muestra que, aunque la longevidad aumentó de manera constante entre 1990 y 2011, el ritmo de crecimiento se ralentizó drásticamente desde entonces (mucho antes de la pandemia de COVID-19).
La investigación analizó los cambios en la esperanza de vida, las causas de muerte y los factores de riesgo en 20 países europeos, incluyendo a Noruega, España y Alemania, entre otros. Asimismo, advierten que Inglaterra se destacó como el país con la mayor desaceleración en este indicador.
Cuáles son los factores clave detrás de esta desaceleración

De acuerdo con el profesor Nick Steel, de la Facultad de Medicina de Norwich de la Universidad de East Anglia, las reducciones en las muertes por enfermedades cardiovasculares y cánceres fueron los principales motores de las mejoras en la esperanza de vida durante las décadas anteriores a 2011. Sin embargo, tras ese año, los avances comenzaron a estancarse.
”Los principales riesgos, como la obesidad, la hipertensión arterial y el colesterol alto, aumentaron o dejaron de mejorar en casi todos los países”, explicó Steel. En ese sentido, el trabajo asegura que los tratamientos médicos, aunque efectivos, no han sido suficientes para contrarrestar los efectos negativos de los estilos de vida poco saludables.
Es por ese motivo que el investigador aseguró que “los mejores tratamientos para el colesterol y la presión arterial no han logrado compensar los daños causados por la obesidad y las malas dietas”. Asimismo, en el trabajo, los científicos resaltaron que entre 2019 y 2021, la pandemia de COVID-19 exacerbó la situación, con lo cual se provocó una disminución generalizada en la esperanza de vida en la mayoría de los países estudiados.

Sin embargo, algunos países como Noruega, Islandia, Suecia, Dinamarca y Bélgica lograron mantener o incluso mejorar ligeramente sus indicadores durante este período crítico. Aunque, en este caso, está vinculado, en gran parte, con políticas gubernamentales que redujeron los riesgos asociados con enfermedades cardiovasculares y cánceres, al igual que implementaron estrategias efectivas para reducir la exposición de la población a dietas poco saludables y baja actividad física.
Estas medidas, de acuerdo a los expertos, permitieron mantener un progreso constante en la longevidad, incluso en medio de desafíos globales como la pandemia. El profesor John Newton, del Centro Europeo para el Medio Ambiente y la Salud Humana de la Universidad de Exeter, señaló que los resultados del estudio son motivo de preocupación, pero también de esperanza.
”Deberíamos estar preocupados porque muchos países europeos, incluido el Reino Unido, están mostrando un progreso muy pobre, pero debemos ser optimistas porque abordar las causas subyacentes de las enfermedades graves parece ser eficaz si solo se pueden mantener las mejoras en los riesgos clave”, aseguró el experto en un comunicado de prensa.

Es que Inglaterra, al igual que otras naciones del Reino Unido, experimentaron algunos de los mayores descensos en la esperanza de vida durante la pandemia, además de altos niveles de exposición a factores de riesgo como dietas deficientes y obesidad, lo que agravó los efectos de la pandemia.
¿Un techo biológico?
A pesar de la desaceleración en las mejoras de la esperanza de vida, los investigadores aseguran que no se ha alcanzado un límite biológico para la longevidad humana. En ese sentido, el profesor Steel explicó: “La esperanza de vida de las personas mayores en muchos países sigue mejorando, lo que demuestra que aún no hemos alcanzado un techo natural de longevidad”.
Al tiempo que resaltó que “la esperanza de vida refleja principalmente la mortalidad en edades más tempranas, en las que tenemos mucho margen para reducir los riesgos nocivos y prevenir muertes prematuras”. Al comparar los países, las políticas nacionales que mejoraron la salud de la población se vincularon con una mayor resiliencia ante crisis futuras. Esto sugiere que se necesitan políticas gubernamentales más firmes para reducir los principales riesgos para la salud, como la obesidad, la mala alimentación y la escasa actividad física, a fin de mejorar la salud de la población a largo plazo.

Lo cierto es que, entre 1990 y 2011, todos los países mostraron mejoras anuales en la esperanza de vida (con un aumento promedio de 0,23 años por año), aunque la tasa fue menor en el período 2011-2019 (tan solo 0,15 años por año). En tanto, entre 2019 y 2021, hubo una disminución general en la esperanza de vida, con una caída en la mayoría de los países, excepto en Irlanda, Islandia, Suecia, Noruega y Dinamarca, que registraron mejoras marginales.
“Las muertes por enfermedades cardiovasculares fueron el principal motor de la reducción de las mejoras en la esperanza de vida durante 2011-19″, señalaron los expertos en el trabajo; mientras que las muertes relacionadas con el COVID-19 y otras infecciones respiratorias fueron responsables de la disminución de la esperanza de vida en 2019-2021, especialmente en países como Grecia y Reino Unido, donde las caídas fueron más pronunciadas. El informe, respaldado por la Fundación Gates y basado en el trabajo de casi 12.000 colaboradores en más de 160 países, subraya la necesidad de un enfoque coordinado y a largo plazo para garantizar que las generaciones futuras puedan disfrutar de vidas más largas y saludables.
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