
Las alergias alimentarias aumentaron drásticamente en las últimas décadas, sobre todo entre niños, según detalló el profesor Adam Fox, especialista en alergia pediátrica de King’s College London, en el ZOE podcast. Este fenómeno, que antes era una rareza, se ha vuelto central en la agenda sanitaria actual.
En las últimas décadas, el auge de las alergias a los alimentos se atribuye a una combinación de genética, cambios en el microbioma y alteraciones en los hábitos de vida. Las investigaciones muestran que existen diferencias sustanciales entre la flora intestinal de quienes presentan alergias y quienes no.
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Los tratamientos de desensibilización inmunológica aportan nuevas alternativas para quienes enfrentan estas enfermedades, cambiando el pronóstico y manejo de las alergias.
La alergia alimentaria en niños y el auge del maní
Al referirse a la alergia al maní, Fox explicó su protagonismo: “Aproximadamente uno de cada 50 niños en el Reino Unido, es decir, un 2%, tiene alergia al maní”. Sin embargo, el conjunto de alimentos involucrados suele ser reducido: leche, huevo, nueces de árbol, trigo y sésamo forman el núcleo principal de alérgenos.
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El maní destaca por su capacidad para causar anafilaxia grave y por la persistencia de la alergia a lo largo del tiempo, en contraste con la leche o el huevo, que habitualmente se superan con la edad.
“La causa más frecuente de anafilaxia mortal en niños pequeños es la leche”, subrayó Fox, y sostiene que el entorno y la dieta familiar influyen en los perfiles regionales de alergia. “En India, los garbanzos y lentejas son más frecuentes como alérgenos; entre familias asiáticas británicas, es habitual el anacardo o el pistacho; y en Medio Oriente, el sésamo, debido al consumo de hummus”, explicó.
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La exposición precoz a ciertos alimentos en casa es un factor esencial. “No solemos desarrollar alergia a lo que nunca probamos, sino a lo que está presente en nuestro entorno familiar”, agregó. Los bebés con eccema y contacto a través de la piel con proteínas alimentarias, especialmente si el entorno incluye consumo frecuente de maní o hummus, tienen mayor riesgo de desarrollar una reacción inmunológica inadecuada.

Fox sostiene que la mayoría de las alergias alimentarias en niños provienen de aquellos con eccema. “Cuanto más grave y temprano sea el eccema, mayor será la probabilidad de desarrollar alergia a los alimentos”, explicó al conductor del podcast, Jonathan Wolf.
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El papel del microbioma y factores de riesgo en las alergias
Según el especialista en alergia, el microbioma es clave en el origen de las alergias. “Consistentemente, encontramos diferencias en la flora intestinal de personas alérgicas y no alérgicas. Necesitamos bacterias intestinales adecuadas para establecer una relación apropiada con el entorno”, señaló.
La llamada “hipótesis de la higiene”, que plantea que los ambientes excesivamente limpios dificultan el desarrollo normal del sistema inmunitario, no alcanza por sí sola para explicar el aumento de las alergias. El riesgo alérgico surge de una combinación de factores como la genética, el eccema, la alimentación materna y la diversidad del microbioma.
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Distintas investigaciones muestran que un microbioma más diverso se asocia con menor probabilidad de desarrollar alergias, aunque todavía no está claro si las alteraciones bacterianas son causa o consecuencia del problema.

Fox señaló que, en estudios con ratones criados en condiciones estériles, los animales desarrollaban reacciones alérgicas a cualquier alimento, mientras que la incorporación de determinadas bacterias les permitía generar tolerancia inmunológica.
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La dieta materna durante el embarazo y la variedad de alimentos introducidos en la infancia son otros factores que pueden influir: “Mujeres con dieta más diversa y niños que prueban más alimentos tienden a tener menos alergias”.
Alergia vs. intolerancia: diferencias clave
La distinción entre alergia alimentaria e intolerancia alimentaria es fundamental, según Fox. “La diferencia principal es que la alergia involucra el sistema inmunológico y la intolerancia, no”, enfatizó en el ZOE podcast.
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Un ejemplo clásico es la intolerancia a la lactosa, causada por la carencia de la enzima lactasa. “En este caso, el azúcar de la leche no se descompone y provoca gases, hinchazón y malestar, pero no implica riesgos graves”, explicó. La mayoría de personas pierde la capacidad de digerir lactosa con la edad, lo que explica las diferencias dietéticas entre regiones.

Respecto al gluten, aclaró que algunas personas presentan alergia real al trigo o gluten, pero la celiaquía es una enfermedad autoinmune distinta. Además, hay personas con hipersensibilidad no celíaca al gluten, que tienen síntomas, aunque sin una alteración inmunológica definida.
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La severidad de las reacciones también marca la diferencia: “Las intolerancias no son peligrosas. Las alergias pueden ser potencialmente mortales. De hecho, la anafilaxia es una emergencia médica y requiere adrenalina inmediata”.
Fox afirmó que gran parte de las personas diagnosticadas como alérgicas a la penicilina en realidad no lo son y sostuvo que solo el 10% de quienes recibieron esa etiqueta presentan evidencia clínica de una alergia verdadera.
Nuevos tratamientos de desensibilización inmunológica
La aparición de la desensibilización inmunológica transformó el abordaje de las alergias. “Ahora somos capaces no solo de diagnosticar con eficacia, sino de ofrecer tratamientos que modifican la tolerancia al alimento”, resaltó en el ZOE podcast.

La desensibilización consiste en exponer al paciente a dosis crecientes del alérgeno, entrenando su sistema inmunológico para que lo tolere. “Funciona especialmente bien en niños, cuyo sistema inmunológico es más adaptable. Podemos lograr que algunos pasen de reaccionar a pequeñas migas a tolerar el alimento sin riesgo”, indicó.
También destacó la inmunoterapia sublingual, en la que el alérgeno se coloca bajo la lengua en cantidades mínimas. “En adultos, los resultados no son tan impresionantes como en niños, pero alcanzar cierta tolerancia ya supone una gran mejora en la vida diaria”, explicó.
En países como Alemania, la desensibilización ya forma parte habitual del tratamiento de las alergias. Estas terapias, que pueden administrarse por vía oral o sublingual, requieren supervisión médica especializada y no deben realizarse sin control profesional.
Fox sostuvo que los avances recientes abren un panorama prometedor para pacientes y familias, ya que hoy existen alternativas que años atrás eran impensadas. Aunque la desensibilización suele ofrecer resultados temporales en algunos casos, destacó que la investigación continúa avanzando y que cada vez surgirán más opciones para controlar e incluso prevenir las alergias.
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