
Los cambios económicos que atravesó la Argentina durante el Gobierno de Javier Milei transformaron el mercado laboral. En los últimos dos años, “uno de los rasgos más sobresalientes de las reconfiguraciones que está sufriendo el mercado de trabajo es el crecimiento de puestos ligados a la informalidad, fundamentalmente en la modalidad de cuentapropismo”, según señaló un informe del Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires.
“Nueve de cada diez puestos generados en este período son precarios, sin relación de dependencia, sin protección social y con ingresos que promedian el 45% de lo que percibe un trabajador registrado. No hay creación de empleo genuino; hay sustitución de empleo de calidad por ocupaciones de subsistencia”, afirmó el reporte titulardo “Derrame invertido: la cascada regresiva”, elaborado por los investigadores Eduardo Chávez Molina, Mariana Sosa y José Rodríguez de la Fuente.
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El título del informe alude a que el escenario actual muestra lo inverso a a “teoría del derrame”, que postula que el crecimiento en los estratos superiores de la sociedad se traslada progresivamente a los inferiores. En este caso, ocurre lo inverso, ya que lo que se derrama no es riqueza sino deterioro: “El resultado es una cascada regresiva: un proceso escalonado donde la precariedad se propaga de forma encadenada. Los ocupados de ingresos insuficientes no son una anomalía del sistema, parecen ser el destino actual de ese derrame invertido”.
El informe muestra que entre el cuarto trimestre de 2023 y el de 2025, el saldo neto de puestos de trabajo es casi nulo (-18.764), pero esa aparente estabilidad oculta “una metamorfosis profunda”: se destruyeron 253.543 puestos asalariados formales y se crearon 288.765 nuevos cuentapropistas de baja calificación.
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La totalidad de los puestos netos generados en el período correspondeal “autoempleo”. De cada 10 empleos creados, 7 corresponden a cuentapropistas precarios mientras que los 3 restantes son monotributistas. En otras palabras, la totalidad de los puestos creados en estos dos años se concentra en modalidades de trabajo independiente, mayoritariamente por fuera de la protección social y de bajos ingresos.
En los últimos 9 años, los asalariados formales cayeron de 50% al 46% de las inserciones laborales, un mínimo histórico según el informe. Esos 4 puntos porcentuales reflejan el cambio estructural, ya que esa misma porción de la torta es la que ganó el cuentapropismo de baja calificación.
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Este último segmento muestra el núcleo de la investigación del Instituto Gino Germani. Los cuentapropistas de baja calificación representan 2,6 millones de trabajadores, “consolidándose como la categoría ocupacional de mayor crecimiento desde el cambio de gobierno en 2023″.
El informe describe su composición y las diversas debilidades que posee ese universo de 2,6 millones de argentinos que cuenta con un empleo que apenas le alcanza para subsistir. Se trata de una masa laboral con un perfil socioeconómico estructuralmente vulnerable. El 61% son varones, el 51% son jefes y jefas de hogar, y el 46% reside en el conurbano bonaerense, “el epicentro de la destrucción del empleo formal”.
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En términos educativos, el 47% no supera el secundario incompleto, lo que restringe severamente sus posibilidades de reinserción en empleos de calidad. La precariedad no se limita a su condición de cuentapropistas: el 73% se desempeña en puestos informales, y el 55% se concentra en dos ramas de baja productividad (comercio y construcción), mientras que sus ocupaciones más frecuentes son la venta directa (30%), los oficios de la construcción (19%) y la producción industrial informal (13%).
La sobrecarga laboral y la insuficiencia de ingresos “operan como dos caras de la misma moneda” entre los cuentapropiastas de baja calificación. El 44% de este grupo está sobreocupado (trabaja más de 45 horas semanales) y el 33% subocupado, “una paradoja que evidencia que trabajar más horas no garantiza salir de la precariedad”.
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En promedio, “sus ingresos laborales alcanzan los $720.000 mensuales, un 45% por debajo de lo que percibe un asalariado formal. El 86% no logra superar el valor de la Canasta Básica Total (Línea de Pobreza) y el 42% el valor de la Canasta Alimentaria (Línea de Indigencia)”.
Dentro de este universo de trabajadores autónomos y precarios, la investigación destacó que no se reducen a quienes trabajan en plataformas online, como Uber o Rappi. Quienes están arriba de un auto, una moto o una bicicleta trasladando pasajeros o repartiendo pedidos “suelen estar alcanzados por la obligación de inscribirse en el monotributo, lo que los ubica, al menos transitoriamente, dentro de la formalidad laboral. Esa no es la situación de la mayoría de los cuentapropistas de baja calificación”.
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Un 73% de quienes integran este grupo social se desempeña por fuera de todo registro, es decir, en la informalidad total: “Son trabajadores por cuenta propia sin derechos laborales, sin acceso a obra social ni a jubilación futura, sin días pagos por enfermedad y cuya reproducción cotidiana depende de ingresos que ni siquiera alcanzan a la línea de indigencia”.
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