
La psicosis es un trastorno mental en el que la persona pierde contacto con la realidad y puede experimentar alucinaciones, delirios o pensamiento desorganizado.
Científicos de Estados Unidos y Canadá descubrieron que combinar cannabis y tabaco casi triplica el riesgo de desarrollar ese trastorno en jóvenes que ya muestran sus primeras señales. Eso ocurre especialmente cuando el consumo de cannabis es frecuente. Publicaron su estudio en la revista Nature Mental Health.
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El hallazgo implica que combinar ambas sustancias es más peligroso que consumir cualquiera de las dos por separado, y que ese riesgo aparece precisamente en la etapa en que todavía se puede intervenir para prevenir la psicosis. Para entender por qué ese hallazgo importa, hay que mirar lo que la ciencia sabía hasta ahora.
Dos sustancias, un vacío en la ciencia

El cannabis y el tabaco son las sustancias más consumidas entre personas con psicosis, y ambas se asocian con comorbilidades médicas graves y peores pronósticos. Su consumo, además, suele comenzar en la adolescencia, antes de que aparezca la psicosis.
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Los individuos con riesgo clínico elevado tienen más probabilidades de fumar que sus pares sin ese riesgo, y quienes usan cannabis desarrollan esquizofrenia dos o tres años antes que quienes no lo hacen.
Pese a eso, la comunidad científica había estudiado el efecto de cada sustancia por separado, sin considerar que muchos jóvenes las consumen juntas.
El co-uso va en aumento en la población general y, en personas con primer episodio psicótico, se asocia con un inicio más temprano de la enfermedad y un perfil de síntomas más grave.
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Seguir a mil jóvenes para encontrar una respuesta

Los investigadores analizaron los datos de 1.012 participantes del Estudio Longitudinal Norteamericano del Pródromo 2 (NAPLS2), un seguimiento prospectivo realizado en ocho ciudades de Estados Unidos y Canadá. De ese total, 734 tenían riesgo clínico elevado de psicosis y 278 eran controles sanos sin ese riesgo.
Los participantes fueron evaluados al inicio del estudio y luego cada seis meses durante dos años, o hasta que desarrollaran psicosis. Solo se usaron los datos de la evaluación inicial para este análisis.
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Según lo que consumían en el último mes, los investigadores los dividieron en cinco grupos: solo tabaco, solo cannabis, ambas sustancias a la vez, otras sustancias sin tabaco ni cannabis, y ninguna sustancia.
Los controles sanos, que tenían un consumo mínimo de sustancias, fueron tratados como un solo grupo de referencia.

Para medir el riesgo de desarrollar psicosis, los investigadores usaron modelos estadísticos de supervivencia que calculan cuánto tiempo tarda cada persona en convertirse, o no, al trastorno.
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Esos modelos se ajustaron por edad y sexo, y permitieron comparar el riesgo entre todos los grupos de consumo. Los resultados fueron más claros de lo que los propios investigadores esperaban.
El hallazgo que cambia cómo mirar el riesgo

El primer hallazgo de los investigadores fue que cuanto más frecuente era el consumo de cannabis o tabaco por separado, más graves eran los síntomas psiquiátricos. Más uso equivalía a más ansiedad, más depresión y más señales de psicosis.
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Al comparar los grupos de jóvenes con riesgo elevado entre sí, los síntomas no diferían según si consumían una o dos sustancias. Quienes fumaban cannabis y tabaco juntos no presentaban un cuadro más grave que quienes fumaban solo una de las dos.
El problema apareció al observar los datos de quiénes terminaron desarrollando psicosis. La combinación de uso intenso de cannabis con uso leve de tabaco elevó el riesgo a casi el triple frente a quienes no consumían ninguna sustancia.
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Los investigadores plantearon que el tabaco podría funcionar como un amplificador del efecto del cannabis. La nicotina podría incrementar la cantidad de THC que el cuerpo absorbe y hacer que su impacto en el cerebro sea más intenso.
El cannabis apareció como el principal factor de riesgo modificable. Su uso frecuente predijo la conversión a psicosis de forma independiente, aunque esa asociación se atenuó al controlar estadísticamente el efecto del tabaco.
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El período prodrómico es el momento en que todavía se puede intervenir. Si reducir el co-uso en esa etapa baja el riesgo de desarrollar psicosis, los investigadores liderados por Heather Burrell Ward plantearon que las implicaciones para la salud pública son directas y urgentes.

Los investigadores reconocieron que los datos se recolectaron entre 2009 y 2013, antes de que el cannabis se legalizara en varios estados, antes del auge del vapeo y cuando el THC era menos potente que hoy.
El diseño observacional tampoco permite afirmar que el co-uso cause psicosis directamente, ya que podría haber una tercera variable, como predisposición genética o trauma infantil, detrás de la asociación.
Los investigadores llamaron a repetir sus hallazgos con datos más recientes, que incluyan nuevas formas de consumo y las concentraciones actuales de THC. Solo así se podrá saber si el riesgo que encontraron se mantiene o es todavía mayor en el contexto actual.
Dos sustancias, un cerebro en formación y una trampa
En diálogo con Infobae, la médica psiquiatra Marcela Waisman Campos, directora médica del Centro Neomed y docente de neurosicofarmacología de la Universidad Favaloro, señaló que el estudio pone el foco en una combinación que la ciencia había ignorado.

“No es lo mismo consumir ambas sustancias el mismo día, en días distintos o en el mismo momento. Eso genera una variabilidad importante”, dijo.
La especialista explicó que el tabaco suele ser una puerta de entrada al consumo de sustancias en adolescentes, después de las bebidas energizantes.
“El tabaco modifica la poda sináptica y altera el desarrollo adecuado del cerebro en una etapa en que hay circuitos que deberían apagarse y otros que deberían encenderse”, advirtió.
Cuando un joven usa un estimulante de forma sostenida, explicó Waisman Campos, en algún momento busca un depresor para contrarrestar el malestar. “Ahí es donde agregan la marihuana”, dijo.
El cannabis potencia el impacto cognitivo rápidamente, mientras que el tabaco, al inicio, parece mejorar el estado cognitivo. Juntos, funcionan como un estimulante y un depresor que se compensan mutuamente.
“Es muy parecido a la combinación de tabaco con alcohol: durante un tiempo parece que minimizan los efectos adversos de cada uno”, sostuvo. Esa dinámica, advirtió, lleva a un consumo cada vez mayor y a una adicción más intensa cuando ambas sustancias se usan juntas.
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