4 señales que revelan un consumo insuficiente de proteína y sus efectos en la masa muscular y la energía

Expertas en alimentación consultadas por The Washington Post advirtieron que ciertos cambios físicos y hábitos cotidianos pueden anticipar un desajuste en la ingesta de este macronutriente clave, con implicancias en la fuerza, la recuperación tras el ejercicio y la regulación del apetito a lo largo del día

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
La creciente presencia de proteína en la alimentación diaria no garantiza una ingesta adecuada para cubrir las necesidades del organismo (Imagen Ilustrativa Infobae)

El protagonismo de la proteína en la alimentación cotidiana crece de forma sostenida. Aunque su oferta se multiplica en productos industrializados, desde snacks hasta bebidas, y se extiende la percepción de que su consumo está garantizado, esta disponibilidad no siempre asegura una ingesta adecuada para cubrir las necesidades del organismo.

Un reportaje realizado por The Washington Post, advirtió que, aunque la deficiencia clínica es poco frecuente en personas sanas con acceso a una dieta variada, existe un margen entre lo mínimo necesario y lo óptimo para sostener funciones esenciales como la masa muscular. Ese desfasaje puede pasar inadvertido y manifestarse mediante señales sutiles vinculadas con la alimentación.

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1) Cambios asociados a la edad

Uno de los factores más relevantes es el avance de la edad. Según explicó Emma Laing, nutricionista de la Universidad de Georgia, los adultos mayores tienden a experimentar una pérdida gradual de masa muscular debida a cambios hormonales relacionados con la edad, alteraciones en los hábitos alimenticios y disminución de la actividad física.

La especialista Kelly Jones, nutricionista deportiva, señaló que la masa muscular está relacionada con la longevidad: la capacidad para levantarse y cuidarse día a día depende de la masa muscular. En este contexto, una ingesta insuficiente de proteínas puede comprometer la independencia funcional en la vida diaria.

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Cuatro vistas de la anatomía del brazo humano sobre fondo azul. Se muestran los músculos y, en la última vista, también huesos del hombro y codo.
La masa muscular comienza a disminuir a partir de los treinta años, intensificándose con el paso del tiempo según expertos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las recomendaciones actuales elevan el consumo por encima de los valores históricos. Las guías alimentarias estadounidenses sitúan el rango entre 1,2 y 1,6 g por kilogramo de peso corporal, una cifra orientada a sostener la fuerza y la funcionalidad con el paso del tiempo.

2) Modificaciones en la dieta habitual

Otra señal frecuente aparece tras cambios en los hábitos alimentarios. Dietas hipocalóricas, restricciones o el uso de medicamentos para bajar de peso pueden reducir la cantidad de proteína ingerida.

Jones explicó que quienes toman inhibidores del GLP-1 pueden sentirse demasiado llenos con cantidades menores de proteína, lo que dificulta alcanzar los niveles recomendados.

También influyen sustituciones aparentemente menores. Reemplazar la leche de vaca por bebidas vegetales sin considerar el contenido nutricional puede disminuir el aporte proteico diario. Mientras una taza de leche tradicional aporta alrededor de 8 g, algunas alternativas contienen menos de 2 g.

Variedad de alimentos saludables en una mesa de madera, incluyendo carne, salmón, huevos, frutos secos, vegetales, frutas como arándanos, frambuesas y plátanos Saba
Dietas hipocalóricas, restricciones y medicamentos para bajar de peso pueden dificultar alcanzar los niveles recomendados de proteína en adultos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La nutricionista remarcó a The Washington Post que muchas personas terminan con deficiencias nutricionales simplemente por no pensar en llevar una alimentación equilibrada e insistió en incorporar fuentes de proteína en cada comida. Esto incluye tanto opciones animales como vegetales: huevos, yogur griego, tofu, legumbres o pescado.

3) Hambre frecuente entre comidas

El comportamiento del apetito también puede ofrecer pistas. La proteína cumple un rol clave en la saciedad, ya que su digestión es más lenta en comparación con otros macronutrientes. Según la especialista, la proteína es el macronutriente que más sacia, lo que contribuye a mantener la sensación de plenitud durante varias horas.

Cuando una comida contiene proteína insuficiente, el organismo procesa con mayor rapidez los carbohidratos y las grasas, lo que genera fluctuaciones en los niveles de energía. En esos casos, es común experimentar hambre poco tiempo después de comer o buscar alimentos dulces como respuesta inmediata.

Mujer abriendo la heladera - (Imágen Ilustrativa Infobae)
El consumo insuficiente de proteína reduce la saciedad, generando hambre frecuente y una mayor tendencia a buscar alimentos dulces entre comidas (Imágen Ilustrativa Infobae)

Una comida equilibrada debería proporcionar saciedad durante aproximadamente tres horas. Si ese efecto no se sostiene, podría tratarse de un indicador de bajo consumo proteico.

4) Recuperación muscular más lenta

El rendimiento físico y la recuperación tras el ejercicio constituyen otro punto de observación. La falta de proteína puede afectar la capacidad del cuerpo para reparar tejidos, lo que se traduce en molestias prolongadas o menor desempeño.

Las expertas indicaron que es posible no recuperarse tan rápido como se debería, situación que puede verse en dolor muscular persistente, lesiones más frecuentes o fatiga durante la actividad física. También se asocia con una menor capacidad para mejorar la fuerza o la resistencia.

Hombre sudoroso con camiseta sin mangas y pantalones cortos sentado en un banco de pesas con las manos en la cabeza en un gimnasio. Se ven equipos de entrenamiento y otras personas
Una recuperación muscular más lenta y la persistencia de dolores físicos tras el ejercicio indican posibles deficiencias en la ingesta de proteína (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este aspecto es especialmente importante en personas que realizan entrenamiento de fuerza, ya que la síntesis muscular depende de un aporte adecuado de nutrientes. Jones aclaró que la proteína no actúa de forma aislada y que el equilibrio general de la dieta resulta fundamental para el funcionamiento del organismo.

La distribución de la proteína a lo largo del día, con un objetivo cercano a los 20 g por comida, surge como una estrategia recomendada para sostener la energía y preservar la masa muscular.

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