
La lucha contra el aumento de peso suele explicarse en términos de disciplina personal. Desde los laboratorios de la Universidad de Cambridge, una línea de investigación sugiere que el cerebro y la genética desempeñan un papel determinante en la regulación del apetito y el almacenamiento de energía.
El neuroendocrinólogo británico Giles Yeo, con más de tres décadas dedicado al estudio de la obesidad, sostiene que el problema no puede reducirse a una cuestión de voluntad.
PUBLICIDAD
En una entrevista publicada por The Times, explicó cómo las señales biológicas condicionan la conducta alimentaria y por qué algunas personas enfrentan mayores dificultades para perder peso.
La obesidad como condición cerebral
“Veo la obesidad como una enfermedad; una condición cerebral”, afirmó el especialista a The Times. Esta perspectiva coincide con la postura de la Organización Mundial de la Salud, que clasifica la obesidad como enfermedad. Además, precisó que una forma más clara de definirla es entenderla como “llevar demasiada grasa que empieza a afectar la salud”.
PUBLICIDAD

El investigador señaló que no todas las personas con mayor peso desarrollan alteraciones metabólicas, mientras que algunas con apariencia delgada pueden presentar diabetes tipo 2. Según indicó, “todo depende de cuánta grasa pueda almacenar de forma segura cada uno de nosotros individualmente”.
Señales internas que moldean el apetito
El eje de su trabajo se centra en cómo el cerebro interpreta la información energética del cuerpo. Para regular la ingesta, necesita datos sobre las reservas de grasa y sobre lo que se consume en cada comida.
PUBLICIDAD
Esos mensajes llegan por dos vías: señales a corto plazo procedentes del intestino y señales a largo plazo derivadas del tejido adiposo. El cerebro integra esa información y, según Yeo, luego influye en la próxima interacción con un menú, un refrigerador o un restaurante.

El problema surge cuando esa percepción no coincide con la realidad fisiológica. El neuroendocrinólogo ilustró un caso hipotético: si una persona acumula 20 kilos de grasa, pero el cerebro detecta solo 18, se genera un impulso para comer más hasta alcanzar el nivel que considera adecuado. Esa desalineación puede conducir a un aumento adicional de peso.
PUBLICIDAD
Algo similar ocurre cuando la percepción calórica tras una comida resulta menor de lo ingerido, lo que explica por qué dos personas que comen lo mismo experimentan distintos niveles de saciedad.
Medicamentos y cambios de hábitos
La investigación también abordó los fármacos basados en GLP-1, que modifican las señales intestinales relacionadas con el hambre y la saciedad. Yeo relató que alentó a su hijo de 24 años a iniciar este tipo de tratamiento después de ganar casi 23 kilos durante la universidad.
PUBLICIDAD
Subrayó al medio británico la necesidad de acompañar la medicación con cambios sostenidos en el estilo de vida. “No puede usarlo solo, pensando que la inyección por sí sola lo hará más saludable”, advirtió sobre su utilización.

Agregó que la reducción de peso no implica necesariamente una mejora integral si no se ajusta la alimentación. También indicó que el ejercicio adquiere mayor importancia cuando el peso disminuye, ya que facilita el movimiento y ayuda a sostener los resultados.
PUBLICIDAD
El “rango de peso establecido”
Otro concepto central en su análisis es el llamado rango de peso establecido, un intervalo en el que el cuerpo tiende a estabilizarse. “Hay un rango de peso con el que todos nos sentimos relativamente cómodos”, indicó. Cuando el peso desciende por debajo de ese umbral, el cerebro activa mecanismos de defensa: aumenta el apetito y reduce el metabolismo.
Según explicó a The Times: “En el momento en que eso sucede, tu cerebro empieza a hacerte sentir hambre y ralentiza tu metabolismo. Te arrastra de vuelta inmediatamente a ese peso”. Este fenómeno ayuda a entender por qué mantener la reducción de peso resulta más complejo que adelgazar inicialmente.
PUBLICIDAD
Proteína, fibra y metabolismo
En el plano nutricional, recomendó moderación en el consumo de proteínas. Recordó que “a diferencia de las grasas y los carbohidratos, no existe un depósito inerte de proteínas en nuestro cuerpo. Todas las proteínas de nuestro cuerpo son activas”.

Sin embargo, advirtió que el exceso se convierte en grasa y exige eliminar nitrógeno a través de los riñones, lo que puede generar sobrecarga. Para la mayoría de los adultos, señaló que la proporción adecuada ronda el 16% de la energía diaria.
PUBLICIDAD
La fibra ocupa un lugar destacado en su recomendación. Al digerirse lentamente, prolonga la sensación de saciedad. “Cuanto más tarda en digerirse algo, más avanza por el intestino, y cuanto más avanza por el intestino, más lleno te sentirás”, sostuvo.
Las declaraciones del especialista, reunidas por The Times, sitúan el debate sobre el peso corporal en el terreno de la biología y las señales cerebrales, donde la genética y la regulación interna condicionan el comportamiento alimentario mucho más allá de la simple determinación individual.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Cirugía inédita: por primera vez, colocaron un stent bioabsorbible en un bebé prematuro
El recién nacido de 49 días de vida fue tratado en el Hospital de Niños Santísima Trinidad de Córdoba. Le implantaron un dispositivo que evita futuras cirugías y permite que la arteria se desarrolle normalmente

Tularemia en Long Island: investigan tres casos probables de la "fiebre del conejo", una infección transmitida por garrapatas
Las autoridades sanitarias del condado de Suffolk siguen de cerca una enfermedad bacteriana poco frecuente que puede provocar fiebre alta, agotamiento extremo y lesiones en la piel tras la picadura de insectos

Infección urinaria y de vejiga: cuál es la diferencia y cuándo consultar
Aunque algunos síntomas parecen similares, el lugar de la dolencia puede indicar distintos niveles de urgencia. Especialistas advierten qué señales no conviene pasar por alto

¿Las bandas elásticas realmente sirven para desarrollar masa muscular? Qué dice la ciencia
Especialistas y estudios coinciden en que pueden dar resultados en fuerza y volumen, aunque existen otros ejercicios con mayores beneficios

Cómo potenciar el core con una variante de pullover de pie, según un entrenador
Un movimiento con pesa rusa o mancuerna, realizado sin recostarse ni flexionar el torso, permite fortalecer la zona media y mejorar la estabilidad en ejercicios compuestos



