Cada día, los riñones filtran unos 190 litros de sangre y eliminan los desechos del organismo a través de la orina. A pesar de su función esencial, estas estructuras en forma de frijol suelen pasar desapercibidas hasta que aparecen señales de daño avanzado.
La enfermedad renal crónica (ERC) afecta a más de cinco millones de personas en Argentina —uno de cada ocho adultos— y a más de 845 millones a nivel global. De mantenerse esta tendencia, podría convertirse en la quinta causa de muerte en el mundo para 2040, según estimaciones internacionales.
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La mayoría de los casos se diagnostica en etapas tardías, cuando ya hay pérdida significativa de función renal. Por eso, especialistas y organizaciones sanitarias insisten en la necesidad de adoptar hábitos diarios que ayuden a preservar la salud renal desde edades tempranas, especialmente en personas con factores de riesgo como hipertensión, diabetes, obesidad o antecedentes familiares.
Por qué cuidar los riñones es una urgencia sanitaria

Los riñones cumplen múltiples funciones críticas: filtran los productos de desecho, regulan el balance de líquidos y electrolitos, controlan la presión arterial y estimulan la producción de glóbulos rojos a través de hormonas. Cuando su funcionamiento se ve comprometido, el daño puede avanzar en silencio durante años y desencadenar complicaciones cardiovasculares, óseas o neurológicas.
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La enfermedad renal crónica se clasifica en cinco estadios progresivos. En los tres primeros, los pacientes no presentan síntomas. Recién en la fase 3b, cuando el daño es irreversible, pueden aparecer manifestaciones como orina espumosa, edemas o fatiga persistente. El diagnóstico se realiza mediante análisis de sangre y orina que miden niveles de creatinina y albúmina, marcadores clave del deterioro renal.
Los hábitos diarios que protegen la salud renal

Diversos organismos, entre ellos la Sociedad Argentina de Nefrología (SAN) y la National Kidney Foundation, coinciden en que el riesgo de daño renal puede reducirse de manera significativa si se incorporan determinadas prácticas cotidianas.
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Entre las principales recomendaciones se encuentran:
1 - Mantener una hidratación adecuada
Tomar entre 1,5 y 2 litros de agua al día favorece la eliminación de desechos a través de la orina, el control de la presión arterial y el equilibrio de electrolitos como sodio, calcio y potasio. En personas con enfermedad renal o condiciones especiales, el requerimiento hídrico puede variar. La observación del color de la orina —clara o ligeramente amarilla— es una herramienta práctica para evaluar el nivel de hidratación. También pueden incluirse líquidos como leches vegetales sin azúcar, jugos sin aditivos, caldos bajos en sodio y alimentos con alto contenido de agua. Según la National Kidney Foundation, estas alternativas son beneficiosas para los riñones si se consumen de forma adecuada.
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2 - Controlar la presión arterial
La hipertensión arterial es la causa más común de enfermedad renal crónica. Puede dañar los vasos sanguíneos renales y reducir la capacidad de filtración. Es fundamental medir la presión con regularidad y seguir las indicaciones médicas para mantenerla en rangos adecuados.
3 - Prevenir y monitorear la diabetes
Aproximadamente la mitad de las personas con diabetes desarrolla daño renal. La nefropatía diabética es la principal causa de ingreso a tratamientos sustitutivos como diálisis o trasplante. Los controles de glucemia y el monitoreo de la función renal permiten detectar alteraciones a tiempo.
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4 - Reducir el consumo de sal y alimentos ultraprocesados

El exceso de sodio aumenta la presión arterial y sobrecarga los riñones. Se recomienda limitar el consumo de embutidos, snacks, conservas y productos procesados. Una dieta equilibrada, rica en vegetales y baja en sodio y azúcares simples, contribuye a preservar la salud renal y cardiovascular.
5 - Hacer ejercicio con regularidad
La actividad física ayuda a mantener un peso saludable, reduce el riesgo de hipertensión y diabetes, y mejora la función endotelial. Se aconseja realizar al menos 30 minutos diarios de actividad moderada, cinco veces por semana.
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6 - No fumar y limitar el alcohol
El tabaquismo reduce el flujo sanguíneo renal y acelera el deterioro de la función. El alcohol, por su parte, puede provocar deshidratación, aumento de la presión arterial y daño renal a largo plazo. Limitar su consumo o evitarlo es clave para quienes tienen antecedentes de riesgo.

7 - Evitar el uso indiscriminado de analgésicos
El consumo frecuente de antiinflamatorios no esteroides como ibuprofeno, diclofenac o naproxeno puede resultar tóxico para los riñones. Los especialistas coinciden en que “pueden dañar los riñones si se consumen frecuentemente o en altas dosis”. Estos fármacos deben utilizarse solo bajo indicación médica.
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8 - Elegir bebidas que cuiden los riñones
El tipo de bebida también influye en la salud renal. Se recomienda optar por agua, jugos naturales sin azúcar, leches vegetales sin fósforo añadido y caldos bajos en sodio. En cambio, es preferible evitar: refrescos con fosfatos (las colas oscuras contienen ácido fosfórico, asociado a un mayor riesgo de daño renal), bebidas energizantes (combinan cafeína, azúcar y aditivos como sodio y fósforo), alcohol en exceso (deshidrata y sobrecarga la función renal), bebidas azucaradas (su consumo diario se ha vinculado con un mayor riesgo de ERC).
9 - Hacerse controles médicos periódicos
Los análisis de creatinina y albúmina permiten detectar alteraciones antes de que aparezcan síntomas. Deben integrarse a los chequeos rutinarios, especialmente en personas con diabetes, hipertensión, obesidad o antecedentes familiares. Según el ex presidente de la SAN, Carlos Bonanno, “cuando comienzan a aparecer síntomas, ya estamos ante un estadio 3b, que marca un daño irreversible”.
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Qué enfermedades pueden afectar los riñones

La enfermedad renal crónica puede originarse por múltiples causas. Entre las más frecuentes figuran:
- Nefropatía diabética
- Hipertensión arterial
- Glomerulonefritis
- Obstrucciones urinarias crónicas
- Infecciones urinarias a repetición
- Enfermedades autoinmunes como lupus o vasculitis
- Nefropatías hereditarias o intersticiales

El doctor Víctor Lorenzo Sellarésa, del Hospital Universitario de Canarias, señaló que la ERC es “el destino final común a una constelación de patologías que afectan al riñón de forma crónica e irreversible”.
Los síntomas suelen aparecer en estadios avanzados e incluyen náuseas, fatiga, trastornos del sueño, edemas en piernas, disminución de la agudeza mental, presión arterial elevada y dificultad respiratoria si hay acumulación de líquido.
Frente a estos signos, la detección precoz es clave para evitar complicaciones. Consultar a tiempo y realizar estudios adecuados puede mejorar el pronóstico de una afección que, aunque silenciosa, es prevenible en gran parte de los casos.
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