
El Niño instalado frente al litoral peruano desde marzo de 2026 elevó las temperaturas del agua del mar entre 5 y 6 °C por encima de lo normal en la costa central y norte, y convirtió este invierno en el más cálido registrado en décadas para Lima. El 13 de julio, la estación del Callao marcó 27,3 °C —la temperatura máxima más alta jamás medida en esa fecha en Lima-Callao—, mientras que La Molina alcanzó 28,5 °C y Jesús María llegó a 28 °C, según datos del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi). Las temperaturas nocturnas se mantuvieron elevadas durante 70 noches consecutivas, y la ola de calor diurno acumuló 41 días al 13 de julio.
El fenómeno no es aleatorio ni pasajero. Responde a una cadena de mecanismos oceánicos y atmosféricos que los especialistas vienen monitoreando con creciente preocupación, y cuyas proyecciones apuntan a que la anomalía persistirá al menos hasta el verano de 2027.
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¿Qué está ocurriendo y por qué?
El ingeniero José Mesía, especialista del Senamhi, lo explicó con precisión: “Ahorita tenemos el Niño Costero, que es justamente lo que está generando todas estas condiciones, porque tenemos anomalías del agua de mar entre 5 o 6 grados por encima de lo normal”. Detalló que la estación de Campo de Marte —donde la temperatura máxima normal para esta época ronda los 19 °C— registró 25 °C en horas del mediodía y llegó a 28 °C el día anterior. En la estación de La Molina se observaron valores similares. “Las temperaturas están siendo por encima de lo normal, inclusive en 8 o 9 grados por encima de lo normal”, advirtió.
El mecanismo detrás de este calentamiento involucra al anticiclón del Pacífico Sur, el sistema de vientos que actúa como escudo natural frente a los eventos cálidos. Cuando ese sistema se debilita, las aguas calientes que normalmente se concentran cerca de Australia viajan hacia el este a través de ondas Kelvin —pulsos energéticos que transportan masa de agua a través del océano— y se acumulan frente al litoral peruano. A eso se suma el arrastre de las aguas más cálidas emposadas en el Golfo de Guayaquil. “El escudo, el sistema que nos protege de un Niño intenso o duradero es el anticiclón del Pacífico Sur, pero en estos días anda muy debilitado”, explicó Grinia Ávalos, directora de Meteorología y Evaluación Ambiental Atmosférica del Senamhi.
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Ávalos precisó además que el calentamiento no es solo superficial: “Hasta 200 metros por debajo de la superficie hay núcleos cálidos de hasta 8 o 9 grados de calentamiento. Por lo tanto, por mucho que soplen los vientos, difícilmente puede cambiar”.

¿Por qué Lima siente más el calor que otras ciudades?
La costa central frente a Lima es, en condiciones normales, una de las zonas más frías del litoral peruano. Esa característica climática hace que cuando entra una anomalía térmica, el contraste sea mayor que en otras latitudes. “Esta porción frente a la costa central frente a Lima es más fría. Entonces, cuando entra esa anomalía, ese bolsón de aguas cálidas se nota más ese incremento de las temperaturas”, explicó Ávalos. En el norte del país, la temperatura del agua del mar debería rondar los 20 °C en esta época; en la costa central, entre 15 y 16 °C. Hoy, ambas zonas registran entre 4 y 5 °C por encima de esos rangos.
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El Informe Técnico N.° 54-2026 del Senamhi, elaborado por la Dirección de Meteorología y Evaluación Ambiental Atmosférica, confirma este diagnóstico: durante el invierno 2026, las temperaturas del aire en la costa norte y central superan los valores normales en al menos 2 °C en promedio, con picos que alcanzan los +5 °C, asociados a la persistencia de El Niño Costero. El documento señala que los eventos extraordinarios de 1982–1983 y 1997–1998 produjeron anomalías diurnas de hasta +5,0 °C y nocturnas de hasta +5,5 °C durante el otoño e invierno, y que el evento actual sigue un patrón comparable.
El meteorólogo y climatólogo Abraham Levy describió el fenómeno en términos directos: “El Niño Costero continúa obliterando el invierno”. Levy atribuyó el salto abrupto de temperaturas registrado el 13 de julio al debilitamiento del anticiclón y a los vientos del norte que ingresaron aire cálido a lo largo de toda la costa: “Este súbito salto es producido por las bajas presiones que se vienen sobre el centro de Chile, que nos dejan sin el efecto del anticiclón y vientos sostenidos del norte que han producido el ingreso de aire cálido”.
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La señal del ENFEN y la alerta roja
La Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) mantiene, mediante su Comunicado Oficial N.° 11-2026, el estado de “Alerta de El Niño Costero”. Las proyecciones indican una mayor probabilidad de que el evento alcance intensidad fuerte durante el periodo junio-setiembre y continúe hasta el verano de 2027 con una magnitud entre fuerte y moderada. En el Pacífico central, se prevé el desarrollo de condiciones cálidas hasta el verano de 2027, con la mayor intensidad hacia finales de 2026.
El Senamhi emitió además un aviso meteorológico de nivel extremo rojo vigente hasta el 17 de julio, especialmente para las regiones de Piura y La Libertad. En la estación de Chulucanas, Piura, se registraron 35,2 °C cuando lo normal para esta época oscila entre 26 y 27 °C, según detalló el ingeniero Mesía.
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Para los próximos días en Lima Metropolitana, el Senamhi proyectó temperaturas de entre 26 y 27 °C en los distritos del sector este de la capital, con posibilidad de llegar a 29 °C en Carabayllo. A partir del 16 de julio se esperan vientos con posible levantamiento de polvo; desde el 19 o 20, cobertura nubosa y tendencia a lloviznas, aunque sin que las temperaturas desciendan a niveles propios de un invierno normal.

Un evento diferente al de 2017
La directora Ávalos fue precisa al trazar la diferencia entre el evento actual y el Niño Costero de 2017: “El 2017 tuvimos un Niño Costero que empezó en enero y ya a finales de marzo, inicios de abril, ya el evento estaba terminando. No es un evento local que irrumpe en verano, de manera que en el otoño al invierno del 17 ya estábamos en transición de una condición neutra. Este evento es diferente. Este evento se parece más bien al Niño 2023-2024, a los Niños que han durado aproximadamente entre 12 a 18 meses, que es el promedio de este tipo de eventos de gran magnitud o envergadura”.
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El informe técnico del Senamhi respalda esta distinción. El evento 2017, de intensidad moderada, produjo anomalías térmicas de hasta 3,3 °C y fue de menor duración; durante su invierno, las temperaturas máximas y mínimas disminuyeron progresivamente y las anomalías cayeron a entre +0,5 °C y +1,5 °C, evidenciando una transición hacia condiciones más neutras. El evento actual no muestra esa tendencia de retroceso.
La dimensión global: NOAA eleva la alerta al 81%
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) elevó al 81% la probabilidad de que se presente un El Niño muy fuerte durante el período de octubre a diciembre de 2026, comparable a los mayores eventos registrados desde 1950. La agencia estima además un 97% de probabilidad de que las condiciones persistan hasta comienzos del otoño de 2027 en el hemisferio sur.
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Ávalos subrayó el peso de esa cifra: “La NOAA advierte de un evento muy fuerte en la zona central del Pacífico —Niño 3.4— comparable a los mayores desde 1950”. El ENFEN, por su parte, proyecta que el Niño Costero alcanzará su máxima intensidad entre agosto y noviembre, cuando podría llegar a categoría muy fuerte, para luego descender brevemente a moderada en diciembre y repuntar hacia el verano.
El oceanógrafo y climatólogo Gino Passalacqua describió la dinámica con una imagen directa: “Las predicciones de constantes e intensos WWB para El Niño son como tirar 5 galones de gasolina a una gran fogata. Los niveles de contenido de calor en el Pacífico son extraordinarios y los WWB van a continuar, echando más combustible al fuego”.
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Dos escenarios opuestos para el país
El segundo semestre de 2026 presentará condiciones radicalmente distintas según la región. En la costa norte —Tumbes, Piura, hasta Ica—, las lluvias asociadas al Niño Costero se presentarán por encima de los rangos normales, con riesgo de activación de quebradas en cuencas medias de la vertiente occidental. Para Lima, las lluvias podrían presentarse entre diciembre y enero. “El sello del Niño son lluvias costeras”, precisó Ávalos, y recordó que en el año 97 la alta frecuencia de lloviznas entre el otoño y el invierno fue la antesala de las lluvias intensas de 1998 en la costa norte.
En el otro extremo, la sierra sur y gran parte de la Amazonía enfrentarán déficit de precipitaciones y mayor riesgo de sequías, patrón asociado al calentamiento del Pacífico central. “Vamos a tener esos dos escenarios diametralmente opuestos”, confirmó Ávalos. El informe técnico del Senamhi advierte que en los eventos extraordinarios de 1982–1983 y 1997–1998, los déficits de lluvias en la región andina sur alcanzaron entre -60% y -100%.
En la sierra sur ya se registraron temperaturas de -18 °C en zonas altas de Tacna y Moquegua, y de -22 °C en Puno. La combinación de cielos despejados, atmósfera seca y ausencia de viento eleva el riesgo de incendios forestales. El Senamhi emitió un aviso de condición atmosférica altamente favorable para la dispersión de focos de calor vigente entre el 10 y el 14 de julio.

Impactos en la pesca, la agricultura y la industria textil
El calentamiento del mar tiene consecuencias directas sobre la actividad económica. El biólogo Ángel Perea, especialista en reproducción de animales acuáticos e integrante del Instituto del Mar del Perú (Imarpe), documentó el impacto sobre la anchoveta: “El Niño Costero sigue desarrollándose. Los impactos en la principal pesquería nacional sostenida por el recurso anchoveta son evidentes; su no disponibilidad alcanza también a los depredadores superiores. No solo son las aves guaneras como pelícanos los afectados, se suman los pingüinos de Humboldt cuya población no es numerosa, pero con un Niño muy fuerte esta puede verse amenazada”.
Perea señaló que pescadores observaron animales muertos flotando cerca de la orilla en el litoral central. La anchoveta, acostumbrada a aguas frías, se profundiza o desplaza cuando el mar se calienta, lo que la vuelve inaccesible para aves no buceadoras como el pelícano. Las temperaturas del mar registraron entre 3 y 4 °C por encima de lo normal durante mayo y junio.
La directora de Senamhi amplió el alcance del daño: “La industria textil sí genera impactos y esta condición va a continuar en los próximos meses”. La agricultura en la zona costera y en la vertiente occidental también registra afectaciones importantes ante el estrés térmico prolongado. El Informe Técnico N.° 54-2026 del Senamhi recomienda a los sectores salud, agricultura, educación, energía y gobiernos subnacionales activar medidas frente al estrés térmico, incluyendo campañas de prevención por golpes de calor y deshidratación, y protección de cultivos sensibles.
¿Qué se puede hacer de aquí al 2027?
El Senamhi coordina con el Sistema Nacional de Gestión de Riesgos —a través del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred)— los escenarios de riesgo asociados tanto a lluvias intensas como a sequías. Ávalos subrayó que el mantenimiento de los cauces es una tarea prioritaria: “La coordinación muy intensa con los alcaldes para ver rutas de evacuación, cuando si es que se presentan estas lluvias intensas, la población pueda estar bien informada hacia dónde pueda resguardarse mejor”.
El informe técnico del Senamhi recomienda además reforzar la gestión del recurso hídrico en zonas con posible déficit de lluvias, considerando la alta probabilidad de desarrollo de El Niño en el Pacífico central durante el segundo semestre de 2026. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió una probabilidad superior al 90% de consolidación de El Niño global para ese período, proyectándolo como un evento de moderado a potencialmente fuerte con impacto en las pautas de temperatura y precipitación a escala mundial.
“Cuando ocurre esto impacta de manera importante en el clima mundial”, señaló Ávalos, y explicó que el nexo entre el calentamiento del Pacífico y las olas de calor registradas en Europa son las teleconexiones atmosféricas: ondas de calor y zonas de convección que trastornan el clima global.
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