
"Hay poques diputades que están indecises. Queremos demostrarles que a nosotres no nos va a pasar por al lado que decidan que sigan muriendo mujeres", dijo la vicepresidente del centro de estudiantes del colegio Pellegrini a un notero en un móvil de TN.
Faltaban horas para la votación de la ley del aborto en la Cámara de Diputados y los pañuelos verdes invadían uno de los secundarios universitarios más prestigiosos del país, que había sido tomado por un grupo de estudiantes en apoyo a la despenalización.
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En ese contexto, la estudiante salió a defender la decisión y eligió hacerlo haciendo uso de una nueva modalidad: el leguaje inclusivo que remplaza las "o" de los masculinos genéricos por la "e", una vocal neutra que no se identifica con ningún género y –a diferencia de la "x" o el @– puede trasladarse al habla sin inconvenientes.
El debate por el lenguaje inclusivo ganó territorio con explicaciones y posturas enfrentadas.
¿LENGUAJE QUE REFLEJA O CONSTRUYE?
"Creo que es conveniente tomar lo que sucede con el lenguaje como síntoma de una demanda que excede a la lengua", dice el ensayista, poeta, traductor, filósofo y miembro correspondiente de la Real Academia Española, Santiago Kovadloff, y completa: "La cuestión central es la demanda que se lleva adelante mediante estas propuestas experimentales. Esa demanda no es otra que la de ser considerados como iguales, la de ser estimados como pares por parte de quienes se sienten excluidos", explica.
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Para Kovadloff, la lógica de apelar al masculino en referencia a los grupos mixtos tuvo que ver con que durante años, muchos de los ámbitos profesionales o relacionados con la vida pública eran casi exclusivamente de ese género. Modificada esa realidad y sumergidos en un contexto en el que las mujeres habitan la mayoría de los ámbitos, el cuestionamiento de la regla le parece válido y razonable, independientemente de sus posibilidades de éxito.

En la misma línea, la profesora de la Univeridad Torcuato Di Tella y doctora en Lenguas y Literaturas Romances de la Universidad de Harvard, Karina Galperín, prefiere evitar interpretaciones ideológicas al analizar el fenómeno: "Estamos en dos ámbitos dinámicos que son la realidad y la lengua, y en esto, la lengua necesita responder a una realidad que ya cambió. Para mí, esto no es ideológico: si sólo fuera una cuestión reivindicatoria, nunca hubiera llegado a donde llegó", dice Galperín.
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Lejos de las posturas más reaccionarias de las instituciones como la Real Academia Española, para Galperín, la modificación de la lengua nos acercaría a un lenguaje más preciso y adecuado.
"El uso de la letra «e» como supuesta marca de género es ajeno al sistema morfológico del español, además de ser innecesario, pues el masculino gramatical funciona como término inclusivo en referencia a colectivos mixtos o en contextos genéricos o inespecíficos", es la respuesta con la que la RAE se refiere al tema en todas las consultas a través de las redes sociales.
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NECESIDAD O CAPRICHO. "La discusión del lenguaje inclusivo no es algo nuevo: hace más de veinte años que la UNESCO sugirió que se hablase de niños y niñas en vez de apelar al masculino genérico, algo que desde entonces llegó incluso a cuestionarse por sexista", explica la licenciada en Letras y profesora de Lingüística en la Universidad del Salvador Nuria Gómez Belart. y agrega: "La realidad es que en los últimos años, hemos tenido tantos intentos de modificar el lenguaje que a mí me cuesta no ver a éste como uno más", analiza.
"Yo creo que es difícil que esto se sostenga en tanto no tiene que ver con un sentimiento, sino con un fundamento político y una declaración de principios: dos cosas que cuesta más que se sostengan en el tiempo, sobre todo, en grupos de adolescentes", explica.
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Gómez Belart entiende la necesidad de buscar un lenguaje más inclusivo que contemple a una nueva realidad más compleja. "Si me preguntan, lo que mejor soluciona el problema –por lo menos en este momento– es reformular las oraciones evitando el género", opina.
"Yo prefiero decir 'quienes trabajan' que hablar de 'los trabajadores y las trabajadoras' o 'les trabajadores', porque siento que es lo más inclusivo. Excluir a quien es más conservador, que seguramente va a rechazar este modo de hablar, es igual de poco inclusivo que usar un masculino plural", reflexiona.
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Entre reacciones y aceptación, el tiempo tendrá la última palabra.
Textos: Lucía Benegas (lbenegas@atlantida.com.ar)
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