La viveza criolla es, con pocas excepciones, una manifestación de la mundanidad de los argentinos. Como decimos en nuestra nota anterior, por mundanidad en general se entiende el tipo de vida donde el individuo lleva un vivir frívolo, inauténtico, absorbido por el mundo, dominado, arrastrado por el afuera y sometido a lo inmediato, lo temporal y lo finito. Se acomoda al mundo como sea que este es. La mundanidad puede ser netamente espiritual, referida a la práctica de lo religioso, inclusive padecida por los pastores.

El papa Francisco se refiere a ella en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (parágrafo nº 93 y en muchas de sus homilías), donde habla de la tentación de mundanidad a la que están sujetos los propios miembros de la Iglesia.

Fuera de la vida religiosa, igualmente una vida mundana supone un alejamiento de Dios. La "viveza" por la cual me enriquezco a costa del otro es el yoísmo, el ensimismamiento, la indiferencia por el otro, un vivir egoísta, sin sentido solidario y cristiano. Donde no hay espacio para el amor interhumano. Esto fue enarbolado como tipo "ejemplar" de vida. Y a ello nos referiremos tan brevemente como lo impone una nota periodística en un rápido vuelo sobre el campo político de nuestra historia a partir de la Organización Nacional.

En el tránsito aciago de la adolescencia a la madurez

La viveza criolla tiene sus raíces en la política del Río de la Plata del siglo XIX. Con análogas modalidades se extiende en el XX, y en el presente aparece y reaparece cual práctica recidivante.

La palabra "criollo"

Es una adaptación del portugués crioulo, "esclavo criado en la casa de los patrones", después "blanco nacido en las colonias". Cuando los borbones llegan a la Corona española, restituyen la vigencia de la prohibición de que los criollos ocuparan cargos de gobierno. Sin embargo, estos no conformaban una clase social de segunda. Muy por el contrario, eran parte de la élite de la ciudad de Buenos Aires desde la mitad del siglo XVIII. De profesionales, intelectuales, comerciantes y ganaderos. Hijos de militares y funcionarios españoles, muchos de ellos mirarían el mundo desde una perspectiva diferente a la de sus padres. Bajo el influjo de la Ilustración y los ecos de la Revolución francesa, son quienes pondrán en marcha el proceso de emancipación. Al mismo tiempo se forjará el camino identitario de los criollos del Río de la Plata, y con el transcurso del tiempo y el mestizaje el término criollo se irá extendiendo a las élites del interior primero y a todo aquel que compartiera el suelo, la lengua y la manera de vivir, después.

Y por "criollaje" se designó y se designa con orgullo a la reserva del pueblo de la Patria.

"Detrás del ruido del oro
caen los maulas como hacienda.
No hay flojo que no se venda
por una sucia moneda,
mas siempre en mi patria queda
criollaje que la defienda"

(Recitado de Atahualpa Yupanqui)

La palabra "viveza"

Esta palabra deriva de vivo, 'pronto', 'ágil', significa "prontitud o celeridad en las acciones, o agilidad en la ejecución, ardimiento o energía en las palabras, agudeza o perspicacia de ingenio".

La expresión "viveza criolla"

La expresión formada por estos términos cobra un sentido ambiguo, "agudeza o prontitud para sacar ventaja, aprovecharse de las circunstancias, por las buenas o por las malas" (Diccionario de la Real Academia Española).

Las "avivadas" en el campo político, que son expresión de la viveza criolla y tal como se dan en nuestra historia, apuntan por lo general a satisfacer las ansias de poder: ocupar un cargo, adueñarse de algo, enriquecerse, ganar una elección. En ello, no tiene que ver la idea, la posición social, el partido político, la etnia del criollo "vivo". Tiene que ver con la cultura política del pueblo.

Claro que la historia nos enseña que esas formas de mediocridad, si bien suelen estar presentes en todos los tiempos y en todos los espacios, anidan principalmente en algunos.

En el ámbito político, la casuística es infinita. Unos ejemplos bastan: ocultar tras objetivos de bien común intereses particulares o de grupo, la apropiación de tierras, la desmesura en las promesas de campaña, las mentiras para conseguir sostenes monetarios, los ardides para inducir a los ciudadanos a participar de actos, la confección de fichas de afiliación falsas, la compra de votos, "hacer votar a los muertos", las amenazas al simpatizante del contrario, la venta de influencia desde la función pública o desde la amistad con el portador de poder, los casos de corrupción como los fraudes al fisco, la extorsión o los sobornos.

También formaron parte en nuestro país de esta forma de hacer política, el reparto de tierras, los golpes de Estado y la indiferencia frente al mal de la pobreza y, por qué no decirlo, esa cultura de que con la "guita" todo se obtiene que se fue difundiendo de arriba hacia abajo para que Enrique Santos Discépolo llegara a decir:

"Pero no ves, gilito embanderado

Que la razón la tiene el de más guita

Que a la honradez la venden al contado

Y a la moral la dan por moneditas

Que no hay ninguna verdad que se resista

Frente a dos pesos moneda nacional!"

La "viveza criolla" y el reparto de tierras públicas

Hay una gran diversidad de opiniones, ausencia de datos precisos, de leyes generales, de documentación pormenorizada y fundada respecto de los actos de arrendamientos y donación de tierras públicas en el siglo XIX.

Todo hace presumir que tanto los arrendamientos como las donaciones —en general y sin dejar de reconocer que fue un proceso complejísimo— constituyeron una forma de "toma y traiga", donde el bien común estuvo por debajo de los intereses personales o de grupo. Y donde se careció de una planificación seria y articulada con una política de desarrollo. Bajo el acertado eslogan alberdiano de "gobernar es poblar" se hicieron infinidad de negocios al amparo del poder político. Y esto incluye la ley de enfiteusis de Rivadavia, la política de premios y donaciones de Juan Manuel de Rosas donde estos recursos "obraron como estrategias de disciplinamiento social y como una forma de captación de fidelidades en las luchas políticas que se consumaban en el ámbito local", afirma María Fernanda Barcos. También para premiar a los militares que participaron de las campañas al desierto de 1833 y 1834.

Pero la arbitrariedad en la anulación de lo hecho por Rosas y en la política de donaciones y arrendamientos de los gobiernos constitucionales no fue menor. En el trabajo titulado ¿Quién se quedó con el desierto? (1979) de Silvia Cristina Mallo (Conicet-Universidad de La Plata) se da un pormenorizado detalle de las familias y particulares que más se beneficiaron al término de la Campaña del Desierto (1878-1885). La mayoría, casi de modo excluyente, se distinguía por ser amigo o pariente del general Julio Argentino Roca.

"Algunas estimaciones permiten pensar que el valor de la tierra rural en la provincia de Buenos Aires se multiplicó por cuarenta entre 1870 y la Primera Guerra Mundial", dice el historiador Carlos Carballo.

La "viveza criolla" y el fraude electoral

Al cabo de la sanción de la Constitución Nacional, recién en 1857 la ley 140 reguló lo atinente al voto. Con la consagración del voto "masculino y cantado" la élite gobernante retuvo el poder por más de medio siglo. En efecto, tras esta gran "avivada" entre los años 1857-1912 rigió un fraude escandaloso. Felipe Pigna transcribe una carta de Sarmiento a Oro que es un reconocimiento claro y concreto de esa práctica vergonzosa.

La gran mayoría de los habitantes no se enteraba cuándo había elecciones, dónde se "cantaban" los votos. Por si eso era poco, los gobernantes de turno hacían valer las libretas de los muertos, compraban votos, quemaban urnas y falsificaban padrones.

Ante el temor a una explosión política y social, el fraude se suspendió con la ley Sáenz Peña (1912) de voto universal, secreto y obligatorio para los ciudadanos varones mayores de 18 años.

Del fraude al golpe

Sin embargo, después de 62 años ininterrumpidos de fraude, hubo más. Al cabo de tres gobiernos radicales dio a luz el período 1930-1946, que agregó al fraude otro recurso de la "viveza criolla" en el campo político: los golpes de Estado. Estos ocuparán cuatro años de gobiernos "de facto" y seis de gobiernos surgidos del "fraude patriótico" en ese mismo período.

A los cuales se sumarán más de 20 años de dictaduras militares entre 1955 y 1983. Las gestiones económicas de los militares estuvieron siempre a cargo de distinguidos representantes del liberalismo.

Síntesis

Desde la denominada Organización Nacional y la sanción de la Constitución de 1853 hasta 1916 la República Argentina fue gobernada por la clase alta. Esta llevó a cabo una conducta basada en la "viveza criolla" y con esa viveza construyó la escalera del poder político.

Este poder le permitió consolidar el enriquecimiento personal y familiar de sus miembros. Para eso se puso el ropaje de la ideología en boga en Europa. Sin embargo, el liberalismo criollo se despojó de la base religiosa que caracterizó el capitalismo europeo fundado en el calvinismo. Se dejó penetrar por la masonería, el secularismo y en importantes segmentos por un fuerte anticlericalismo. Creó un modelo liberal en lo económico y totalitario en lo político al confundir "la parte con el todo".

Los sectores que quedaban desplazados, cuando llegaron al gobierno solo aspiraron al ascenso social y económico de su segmento social. Hacer lo mismo. Tampoco supieron construir un proyecto de país diferente. Así ocurrió con los gobiernos de Yrigoyen y Alvear.

Como dice Carballo: "Cuando de la mano de Perón las clases populares acceden al poder político, su conducta (la de esas clases populares y la de los dirigentes que de ellas surgen, la aclaración es nuestra) no será sustancialmente distinta en tanto y en cuanto avanzarán hacia una mayor participación en la sociedad y no a su sustancial transformación".

Como reconocía el propio Perón a su regreso a la Argentina, "este es un país muy politizado, pero con muy baja cultura política".

¿Acaso la dirigencia empresarial y sindical y los gobiernos de estos últimos 35 años han aspirado a algo más que a mantenerse en el plano reivindicativo, tener una mayor participación corporativa, administrar la crisis y enriquecer sus patrimonios personales?

La mundanidad espiritual y moral de los argentinos nos impide tener una democracia saludable, una economía sana, unos gobiernos más o menos honestos, crecer y terminar con el espejo de nuestro fracaso: la pobreza estructural.

Todo indica que la Argentina no tiene remedio. Tal vez, como el médico de Molière, haya que esperar la muerte del paciente para examinar el cadáver y constatar la enfermedad.

El autor es abogado laboralista, docente.