
“Exportar saca a la pyme del contexto local y la obliga a pensar en otra dimensión”, afirma Fernando. En esta entrevista, reflexiona sobre el potencial del ecosistema exportador argentino, el impacto de la logística y la necesidad de políticas que favorezcan a las empresas de menor escala.
¿Cuál es tu mirada sobre la relevancia actual y el potencial exportador de Argentina en el contexto global?
Argentina es un jugador menor. Hoy representa apenas el 0,36% de las exportaciones internacionales, con una fuerte concentración en productos primarios. Esa es la realidad actual, y quizás lo que deberíamos empezar a transformar.
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Cuando hablamos de competitividad, hablamos de muchas cosas: reglas claras, certidumbre y entorno operativo. Todos esos factores son clave para la inversión. Argentina ha estado bastante rezagada en los rankings de competitividad, aunque hay una leve mejora.
En su momento, se trabajó una estrategia nacional exportadora con 144 propuestas concretas. Hoy, cerca del 70% no se implementaron y solo un 12% se ejecutaron parcialmente.
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Se avanzó en temas de desregulación e importaciones, pero el exportador sigue operando bajo cepo. Tiene que liquidar divisas en plazos impuestos por el Estado, no puede usar libremente sus recursos. Eso genera distorsiones. Por ejemplo, los costos financieros que no pueden absorber ciertas empresas terminan trasladándose a precios, lo que encarece servicios logísticos y reduce competitividad.
¿Qué otros aspectos afectan esa competitividad?
El atraso en los reintegros y el recupero del IVA. En el mundo no se exportan impuestos. Existen mecanismos para recuperar los indirectos y el IVA, pero hoy están demorados. Las empresas grandes y medianas no cobran reintegros desde enero. Y en el caso del IVA, hay atrasos similares. Esto impacta directamente en los costos del exportador.
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¿Cómo ves la evolución de los distintos rubros exportadores este año?
Se proyectan exportaciones por más de 81.000 millones de dólares. Es una suba interesante, impulsada principalmente por petróleo. El gas hacia Brasil aún es incipiente. También hay buenos números en minería, pero con precios que juegan en contra. El 80% de la exportación minera es oro y plata: menor volumen, mayor precio. En cambio, el litio creció 70% en volumen respecto al año pasado, pero el precio cayó, lo que limita su impacto.
Otros sectores muestran caídas o estancamientos. En agro, la cosecha será récord, pero los precios no acompañan. En automotriz o carne bovina, la tendencia también es menor.
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¿Cómo impacta todo esto en las pymes exportadoras?
El año pasado tuvimos el tercer peor registro de empresas exportadoras en 30 años. Solo la pandemia y la sequía generaron números más bajos. En 2023, las pymes explicaron apenas el 7% de las exportaciones. Hoy estamos en 6,3%. Para dimensionar: el promedio de los países menos desarrollados es 7% y el de los países en desarrollo ronda el 11%.
Las pymes no tienen espalda financiera. Si enfrentan un problema, lo tienen que cubrir con capital propio, y muchas veces no pueden. El incentivo para exportar no alcanza. Además, el promedio de valor por tonelada exportada es muy bajo: unos 600 dólares. Productos con valor agregado superan ampliamente ese número. El poroto de soja, por ejemplo, vale 314 dólares por tonelada. Ahí se ve claramente que estamos lejos del potencial.
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¿Qué rol juega la logística en este escenario?
Es central. Argentina transporta largas distancias en camión y utiliza puertos obsoletos, donde no ingresan buques modernos. Hay mucho por hacer. Seguimos sin una licitación finalizada para la hidrovía. Se están dando fenómenos preocupantes, como la pérdida de correlación entre el precio del flete y el valor de los productos exportados, como la harina de soja. Eso significa pérdida de competitividad.
Otro ejemplo: los costos portuarios en Buenos Aires. El exportador termina pagando el doble de lo que cuesta realmente mover un contenedor, si lo comparamos con modelos como el del Canal de Panamá. Y no hay un esquema de cobro transparente: las navieras cargan sobreprecios que no quedan en el país. Todo eso encarece.
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¿Por qué creés que estos temas no se resuelven ni se priorizan?
Es difícil de entender. En el caso del Puerto de Buenos Aires, se prorrogó una concesión hasta 2027 sin evaluar eficiencia, y se liberaron tarifas bajo la premisa de que había competencia. Eso derivó en aumentos. Hoy somos de los más caros de la región.
También sorprende que en los comités de frontera, que se vienen reuniendo, no se priorice la facilitación del comercio. Mientras tanto, en otros países se avanza. En Perú, Chancay es una realidad. Chile, Brasil y China están trabajando en una red ferroviaria que busca ser alternativa al Canal de Panamá. Nosotros quedamos afuera. Sería estratégico trabajar más con Chile para tener una salida al Pacífico.
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¿Cómo ves la evolución del equilibrio entre exportaciones e importaciones?
Se avanzó en un rumbo de simplificación. Se eliminaron retenciones, restricciones y se facilitaron procesos. Eso hay que reconocerlo, sobre todo en un contexto difícil. Pero la simplificación fue más fuerte en las importaciones. El crecimiento fue muy alto, especialmente en bienes de consumo.
Esto afecta a la industria local. Hay que considerar que estamos en un entorno competitivo global complicado. No sabemos qué pasará con países clave como Brasil, México o Canadá.
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¿Qué mensaje le darías al empresario pyme?
Que se anime. Exportar es clave para el país y también para la propia pyme. La competencia externa brinda oportunidades: acceso a tecnologías, nuevas miradas y otros estándares. Ese tránsito que va de ser una empresa local a ser global, cambia la lógica. Cuando una pyme empieza a ver al mundo como su mercado, ahí tenemos una Argentina verdaderamente exportadora.
La Argentina necesita más pymes y más pymes exportadoras. Y para eso, primero hay que eliminar las trabas estructurales. El cepo, por ejemplo, genera distorsiones. Si una pyme cobra en dólares y quiere conservar ese valor para futuros pagos, no puede. Y si intenta protegerlo, paga impuestos locales como ingresos brutos. Así, muchas terminan fuera del juego.
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