
La revista Time dedica su nueva portada al fenómeno de la longevidad y sus efectos transformadores sobre la vida moderna.
La extensión de la esperanza de vida está rediseñando las dinámicas sociales, laborales y urbanas en ciudades pioneras de Estados Unidos y Alemania.

Impacto demográfico y desafíos institucionales
El incremento sostenido de la esperanza de vida mundial impulsa una revisión de los modelos tradicionales de educación, trabajo, jubilación y vivienda.
En Estados Unidos, la esperanza de vida alcanza los 79 años, frente a los 68 de 1950, lo que llevó a que 70 millones de estadounidenses tengan 65 años o más, una cifra equiparable a la población combinada de España y Portugal, según datos de Time. Para el año 2050, se proyecta que 2.100 millones de personas, es decir, uno de cada cinco habitantes del planeta, tendrán al menos 60 años.
El envejecimiento poblacional se asocia a una baja de las tasas de natalidad, ya por debajo del nivel de reemplazo generacional, lo que genera una estructura demográfica inédita. En Japón, un tercio de la población pertenece al grupo de mayores y se estima que, en los próximos 25 años, otras 60 naciones alcanzarán proporciones similares. Este fenómeno exige replantear instituciones esenciales.
“Lo que tenemos es un cambio fundamental en la estructura por edades”, afirmó a Time John Rowe, profesor en la Universidad de Columbia. Rowe señaló que los pilares centrales —educación, trabajo y jubilación— no se adaptaron a la nueva distribución demográfica y requieren una profunda reconfiguración social.

Nuevos modelos de aprendizaje y convivencia intergeneracional
El aumento de la longevidad abre la puerta a rediseñar el ciclo vital tradicional. Martha Deevy, subdirectora del Stanford Center on Longevity, sostuvo que “la vida en tres etapas está superada”.
Plantea repartir la formación y el desarrollo profesional de forma continua a lo largo de toda la vida. De acuerdo con Time, los expertos proponen aprendizaje constante y mayor flexibilidad para quienes superan los 60 años, facilitando así transiciones entre distintas etapas vitales.
Experiencias residenciales innovadoras
Un ejemplo de estos modelos es Mirabella, la residencia universitaria para mayores en Arizona State University. Allí, jubilados conviven con estudiantes en un edificio de veinte plantas dentro del campus.
Los residentes toman clases, orientan a jóvenes y colaboran como asistentes de docencia. Profesores universitarios imparten conferencias en la residencia y varios estudiantes de doctorado en música viven gratuitamente a cambio de enseñar y ofrecer conciertos semanales. Esta convivencia genera un flujo de conocimientos bidireccional.
“Pudimos aportar una riqueza de información incluso mayor que la del profesorado”, relató a Time Caleb Bailey, estudiante de guitarra que compartió aula con dos enfermeras jubiladas.

La integración intergeneracional resulta ventajosa para todas las partes. El doctor Richard Kramer, retirado de la Universidad Stanford, fundó un programa de mentoría para estudiantes de pre-medicina. “Siempre sentí que el mejor empleo posible era aquel que deseaba hacer, sin importar la remuneración”, expresó Kramer, según Time.
Considera que acompañar a los jóvenes es una de sus experiencias más gratificantes. Por su lado, los universitarios valoran el contacto espontáneo con más de 300 vecinos longevos, que les transmiten nuevas energías y experiencias de vida.
Ya existen cerca de 100 instalaciones similares en 30 estados estadounidenses, y la experiencia despierta el interés de promotores inmobiliarios y universidades dispuestas a responder a la demanda de modelos residenciales intergeneracionales.
El objetivo es que el intercambio de experiencias, conocimientos y apoyo emocional fluya entre generaciones, contribuyendo a combatir la soledad social, un desafío para jóvenes y mayores.

Transformaciones en el mundo laboral
En el ámbito laboral, el envejecimiento impulsa cambios relevantes. En Japón, empresas como Hitachi y Mitsubishi implementaron iniciativas para integrar a empleados sénior después de la jubilación formal, asignándoles tareas menos exigentes o espacios sociales en la oficina.
Según Time, esta estrategia reconoce la experiencia acumulada y facilita la transferencia de conocimientos a empleados jóvenes. Los especialistas consideran que invertir en estos trabajadores incrementa también la fidelidad de quienes están aún en activo.
La tendencia es prolongar la vida laboral, pero con mayor flexibilidad. David Rehkopf, codirector del Stanford Center on Longevity, explicó a Time que ya no es indispensable cumplir jornadas de 50 o 60 horas semanales para aportar valor: “Se podría trabajar 20 horas si se desea”.
Países como Singapur promueven la recualificación de empleados sénior mediante incentivos a las empresas y formación para que los adultos mayores adquieran nuevas habilidades.
A pesar de estos avances, la adaptación empresarial es limitada. Cuatro de cada diez compañías mantienen una edad obligatoria para la jubilación, y más de la mitad de los directivos no considera la edad en sus políticas de diversidad. La flexibilidad y el acceso a formación para trabajadores sénior continúan siendo excepcionales.
Voluntariado y participación social de los mayores
El voluntariado intergeneracional surge como alternativa de participación y apoyo social. La iniciativa Experience Corps, creada en los años 90 por la doctora Linda Fried, directora del Columbia Aging Center, conecta a jubilados con escuelas públicas para que apoyen la educación de niños y maestros.
“Fue concebido para beneficiar a todas las partes”, explicó Fried, citada por Time. Sin embargo, actualmente el programa apenas opera en 16 ciudades estadounidenses por falta de recursos y compromiso público. Fried pide diversificar programas y convertirlos en política estructural.

Vivienda intergeneracional y calidad de vida
El diseño de la vivienda también evoluciona. Las viviendas intergeneracionales, donde cohabitan personas de distintas edades, se extienden en Alemania y Estados Unidos como alternativa al aislamiento y deterioro propios de los entornos institucionalizados.
En Nueva York, el edificio One Flushing reúne a más de 200 residentes de varias edades, con huerto comunitario y comercios útiles. Jóvenes ayudan a mayores a usar computadoras y perfeccionar el inglés. “Con diferentes generaciones en el edificio, recibo más energía”, declaró Irene Ng, residente de 75 años, a Time.
Desigualdad, políticas públicas y el futuro de la longevidad
No obstante, la desigualdad social limita el acceso a estos beneficios. Una parte significativa de la población estadounidense enfrenta una vejez más vulnerable que la de sus progenitores, con peores condiciones de salud y menos recursos, advirtió Rowe.
Por eso, las políticas públicas deben garantizar una vida más digna y prolongada para la mayoría, no solo para una minoría selecta.
Las soluciones existen, pero la respuesta colectiva a los desafíos del envejecimiento avanza con lentitud. Que la longevidad se transforme en oportunidad para todos dependerá de la capacidad de las sociedades para redefinir valores y prioridades.
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