
La fuerza muscular se consolida como un factor clave para la longevidad en mujeres mayores de 60 años, de acuerdo con un reciente estudio encabezado por la Universidad de Buffalo y publicado en JAMA Network Open.
Un análisis inédito y sus principales hallazgos
La investigación, que incluyó a más de 5.000 mujeres de entre 63 y 99 años durante un periodo de ocho años, constituye el análisis más amplio realizado hasta ahora sobre la relación entre fuerza muscular y vida prolongada en este grupo demográfico, según la Universidad de Buffalo.
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Los expertos determinaron que una mayor fuerza de agarre y rapidez al realizar sentadillas de silla sin asistencia se asocian con un menor riesgo de mortalidad, incluso luego de tomar en cuenta el nivel de actividad física o el tamaño corporal de las participantes.

Por cada siete kilogramos adicionales de fuerza de agarre, el riesgo de muerte se redujo, en promedio, un 12%. Además, las mujeres que lograron acortar en seis segundos el tiempo al ejecutar las sentadillas de silla experimentaron una disminución del 4% en la mortalidad. Ambos indicadores demostraron ser significativos sin importar las variaciones en la actividad física recomendada o en la masa corporal.
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El equipo de la Universidad de Buffalo se basó en dos pruebas clínicas ampliamente reconocidas: la medición de la fuerza de agarre con un dinamómetro y la rapidez al levantarse y sentarse cinco veces de una silla sin usar los brazos. Estas pruebas destacan por su sencillez y accesibilidad, tanto en entornos médicos como fuera de ellos.
El profesor Michael LaMonte, investigador principal, afirmó que “la fuerza muscular, en muchos sentidos, permite el desplazamiento y facilita actividades aeróbicas como caminar, que es la más frecuente entre los adultos mayores de 65 años”.
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Más allá de la actividad física habitual
La investigación subraya que la fuerza muscular predice la longevidad más allá de la actividad física habitual. Incluso tras considerar factores como la velocidad de marcha, la presencia de proteína C reactiva —un biomarcador sanguíneo de inflamación relacionado con la pérdida de masa muscular y el envejecimiento prematuro— y la composición corporal, la asociación entre mayor fuerza y menor mortalidad permaneció constante.

LaMonte destacó que la relación entre fuerza muscular y longevidad se mantiene sin ser explicada por diferencias en el tamaño corporal o por el hecho de cumplir las recomendaciones de ejercicio. Este aspecto cobra especial relevancia ya que, incluso entre mujeres físicamente inactivas, quienes poseen mayor fuerza muscular presentan un menor riesgo de fallecimiento.
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Estrategias prácticas para fortalecer la musculatura
El estudio recalca la urgencia de intervenir en este ámbito, pues la población femenina mayor de 80 años crece rápidamente y enfrenta riesgos añadidos de complicaciones asociadas a la pérdida de movilidad. Para este segmento, la monitorización y mejora de la fuerza muscular resulta fundamental para prevenir disminuciones en la autonomía y la calidad de vida.
Entre las opciones recomendadas para potenciar la fuerza muscular no es indispensable recurrir a equipos sofisticados. Además del uso de pesas o máquinas, la utilización de objetos cotidianos —como latas o libros— constituye una alternativa viable para quienes tienen una movilidad reducida o acceso limitado a instalaciones deportivas.
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La inclusión de ejercicios con el propio peso corporal, como flexiones modificadas, presiones contra la pared y sentadillas de rodillas, se presenta como estrategia eficaz y de bajo costo. Los especialistas de la Universidad de Buffalo aconsejan consultar con un médico antes de iniciar cualquier programa de fortalecimiento, especialmente en personas mayores, para evaluar riesgos individuales y recibir orientación adecuada.
El acompañamiento profesional, ya sea de un terapeuta físico o de un especialista en ejercicio, es esencial para garantizar la seguridad y el logro de objetivos personalizados en quienes no tienen experiencia previa con rutinas de fuerza.
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El trabajo de la Universidad de Buffalo subraya la importancia de que las políticas y estrategias de salud pública incluyan tanto la promoción de la actividad aeróbica como el desarrollo de la fuerza muscular para favorecer un envejecimiento saludable. Perder la capacidad de levantarse de una silla y desplazarse compromete gravemente la autonomía y bienestar en la vejez, por lo que preservar la fuerza muscular es vital a lo largo de los años.
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