Economía 2021: cuáles son los desafíos que deberá enfrentar la Argentina para volver a crecer

Presiones cambiarias, inflación reprimida, alto déficit fiscal, restricciones para bajar el gasto real en un año electoral y falta de financiamiento, pueden limitar el esperado rebote de la actividad productiva y comercial

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La economía argentina es una
La economía argentina es una de las que más cayó por la crisis del coronavirus.

Los analistas económicos prevén un rebote parcial del PBI en 2021, una reacción muy esperada luego de que la actividad padeciera tres años consecutivos de caída.

El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central cifra en 10,9% la contracción del Producto Bruto Interno (PBI) real para 2020, con puntual y profundo impacto por las medidas de aislamiento social para enfrentar el covid-19. Para 2021, el consenso de los analistas proyecta un repunte de la actividad económica en torno a 4,8% y de 2,5% para 2022, aun insuficiente para recuperar toda la caída del corriente año.

Los fundamentos para la reactivación en 2021 son evidentes: elevada capacidad ociosa, salarios en dólares deprimidos, mayor demanda por la recuperación global, tasas de interés internacionales cercanas a cero y precios de las materias primas en el mundo con sus mejores cotizaciones en siete años.

Si bien se da una alta probabilidad de expansión el año próximo, surgen una serie de obstáculos que deben tenerse en cuenta para comprender la series restricciones que enfrenta la Argentina para consolidar una senda de crecimiento sustentable.

1) Inflación en alza. A partir de junio último la inflación comenzó a crecer mes a mes, para ubicarse en diciembre cerca del 4%. Los analistas prevén para 2021 una inflación que podría acercarse al 50%, unos doce puntos porcentuales por arriba de la de 2020.

Un reporte del Grupo SBS precisó: “La aceleración se da en un contexto de ancla cambiaria, controles de precios y congelamientos de tarifas, reflejando que la emisión monetaria del último año empieza a presionar a medida que se va normalizando la actividad. Lamentablemente, una amplia gama de razones nos lleva a esperar que los registros de inflación se mantengan muy elevados. La continuidad del financiamiento con emisión de pesos, el aumento en la tasa de devaluación, los incrementos de tarifas y precios regulados, la normalización de la actividad, las actualizaciones en programas de precios controlados y las últimas aperturas de sectores aún cerrados son todas razones que sugieren que la inflación seguiría escalando”.

Un informe de Torino Economics puntualizó: “Para el cierre de este año es posible que la inflación sea mucho más baja que la del 2019, no obstante, para el 2021, dada la apertura de la economía una vez se vaya superando la pandemia, es posible que los precios se incrementen de forma importante, aunque no al nivel de 2019. En ese proceso, es clave que la economía crezca también, para evitar la profundización de la crisis”.

Un análisis de GMA Capital concluyó: “Si bien el 2020 finalizaría con una inflación ‘moderada’, el 2021 sufriría un aumento de 12 puntos porcentuales. La normalización de las tarifas, subas de los precios internacionales de alimentos e incrementos en bienes importados pondrían un piso inflacionario de 50,4% para el año entrante. Pero si a esto se suma una necesidad de financiamiento por 4,5% del PBI que sería cubierta con emisión, esta cifra podría ser incluso mayor”.

Lucas Navarro, director del Instituto de Investigaciones Económicas de la Bolsa de Comercio de Córdoba, recordó que “la inflación terminaría el 2020 en torno al 37%. Se viene una fuerte aceleración que comenzó en octubre y que continuaría en los próximos meses, llegando a un acumulado en enero-mayo del 2021, que sería superior al 20 por ciento. Argentina termina como una de las economías más golpeadas del mundo, con resultados muy magros tanto nivel económico como sanitario. La caída del 2020 estaría girando en torno a un 11% y el nivel de actividad cerrará el 2020, con un 9% inferior al nivel de actividad que teníamos en el 2010, es decir algo que prácticamente no es observado a nivel mundial”.

2) Presiones cambiarias. La relación entre el peso y el dólar evolucionó en el último año a la par de la inflación. Pero un mayor ritmo en el aumento de los precios obligaría en tal caso a acelerar el ritmo de devaluación oficial. La experiencia traumática de 2018 y 2019 deja en evidencia que un dólar que sube con fuerza promueve conductas defensivas de ahorristas e inversores y tiene consecuencias recesivas.

“El ancla cambiaria fue el principal recurso del equipo económico para postergar el impacto inflacionario de la emisión. No obstante, fue perdiendo efectividad a medida que cayeron las reservas netas y por eso la inflación de transables se aceleró, reflejando las expectativas de devaluación. Ahora, la tasa de devaluación deberá acelerar hasta estabilizar las reservas netas”, consideraron los expertos del Grupo SBS.

“Aunque las tensiones en los mercados paralelos se relajaron, las posibilidades de una devaluación continúan latentes: mientras que el ‘poder de fuego’ del Banco Central no se recupere, las chances de un salto cambiario permanecerán”, evaluó Ecolatina.

“Entramos a 2021 con una economía un poco menos golpeada, e incluso algunas perspectivas de recuperación por el lado real, pero con un stock de reservas netas por debajo de los USD 4.000 millones que provoca mucha incertidumbre. Asumiendo una rápida y efectiva campaña de vacunación, la suerte del año próximo dependerá de la batalla cambiaria: si la corrida no frena y hay una devaluación, las tibias señales de mejora desaparecerán una vez más; en cambio, si la estrategia del Banco Central termina siendo exitosa y se evita el salto del dólar oficial, es probable que la recuperación se fortalezca mes a mes”, agregó la consultora que dirige Lorenzo Sigaut Gravina.

3) El lastre del déficit fiscal. En este año de pandemia el déficit fiscal se incrementó hasta 8% del PBI, financiado principalmente con emisión monetaria del BCRA a través de Adelantos Transitorios y Transferencia de Utilidades giradas al Tesoro nacional. El Presupuesto 2021 establece un saldo deficitario de 4,5% del PBI, la mitad que en 2020, aunque con el horizonte de las elecciones legislativas en octubre se especula con un rojo presupuestario superior.

“Durante la pandemia, el Gobierno ha destinado un mayor número de recursos a los sectores vulnerables, con el objetivo de atenuar los efectos económicos del covid-19 y evitar una mayor crisis en la economía argentina. No obstante, lo anterior ha propiciado un aumento sustancial del déficit fiscal del país, el cual en este 2020 está muy por encima a los niveles registrados en 2019″, resaltó Torino Economics. “Todos los meses de este 2020, Argentina solo ha registrado déficits fiscales, generados en parte por la reducción de los ingresos primarios dada la pandemia y la caída de la recaudación tributaria”.

En este aspecto la unidad de análisis económico de Torino Capital destacó que “desde los mercados persisten las dudas sobre el ajuste fiscal: el proyecto de Presupuesto 2021, establece un saldo deficitario de 4,5% del PBI. Si bien (el ministro de Economía Marín) Guzmán ha dejado entrever que incluso procurará esfuerzos para lograr un resultado fiscal menos negativo, no está definido un plan claro para alcanzarlo. Parece que la apuesta del equipo económico apunta a un mayor crecimiento de la actividad para mejorar la recaudación y evitar un ajuste del gasto en pleno año electoral”.

Joaquín Bagüés, Head of Research de Portfolio Personal Inversiones, subrayó: “El año que viene será muy complejo para Argentina. Se vienen las midterm (elecciones de medio término) y la historia económica argentina dice que el gasto siempre se expande en años electorales. De ser así, esto no sería para nada favorable, partiendo de los actuales desequilibrios”.

4) Condicionamientos del FMI. El Gobierno argentino procura alcanzar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para establecer un cronograma menos exigente para el pago de USD 44.000 millones que el organismo desembolsó entre 2018 y 2019, en el marco del stand by firmado con la administración de Mauricio Macri. Superado con éxito el canje de deuda en moneda extranjera por más de USD 100.000 millones con privados en 2020, el ente multilateral es hoy el principal acreedor de la Argentina y es por eso que para sellar un acuerdo podría imponer condiciones de ajuste fiscal que minarán el margen de maniobra del Gobierno para inyectar pesos, promover el consumo y sostener los subsidios.

Joaquín Bagüés observó: “El FMI seguramente pedirá cambios en el sistema previsional. No obstante, el Fondo entendemos que no querrá estrangular al país, sino lograr un esquema sustentable en el tiempo. Mirando al 2021, las negociaciones con el FMI son ‘el’ evento a monitorear durante el verano, más que nada para poder ver hacia dónde va la dinámica cambiaria. Si hay deal, debería ser un evento positivo”.

“Luego de la visita técnica realizada por el equipo del Fondo al país, se dejaron entrever algunas recomendaciones, fundamentalmente dirigidas al ámbito fiscal. En particular, la necesidad de retomar el camino de la consolidación de las cuentas fiscales, así como disminuir la cuantía de financiamiento del déficit que tiene como origen al BCRA. Esta postura más cercana a la austeridad y el compromiso expresado por el gobierno para retomar la senda de la consolidación fiscal, se tradujo en una leve recuperación de la cotización de los bonos internacionales de Argentina en los mercados, los cuales registraron una estabilización luego de las declaraciones generadas por el Ministro Guzmán”, aportó Torino Economics.

5) Faltan fuentes de financiamiento. El año que viene el Gobierno tiene despejados los vencimientos de deuda. Pero faltarán dólares para crecer, con reservas del BCRA agotadas, nulo ingreso de divisas por inversión extranjera y una demanda de importadores que consumirá el superávit comercial.

La baja tasa de inversión es, justamente, una barrera para la expansión económica. Según datos del IERAL de la Fundación Mediterránea, “en el tercer trimestre de 2020 la tasa de inversión fue de 18,5% del PIB, un ratio similar al de igual período de 2019. Esto se debe a que, en términos interanuales, la inversión cayó a un ritmo semejante al del PBI (-10,3% versus -10,2 por ciento)”.

“De continuar las distintas brechas cambiarias afianzándose, es posible que los sectores exportadores reduzcan su influencia en los mercados, ya que caen en pérdidas que ninguno quiere enfrentar. Argentina no solo debe propiciar las exportaciones, también debe fomentar aumentos sustanciales en la inversión extranjera productiva”, resumió Torino Economics.

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