“Tropezamos una y otra vez con la misma piedra, que es la famosa restricción externa”, (falta de divisas)
“Tropezamos una y otra vez con la misma piedra, que es la famosa restricción externa”, (falta de divisas)

La economía argentina no logra consolidar un proceso de crecimiento sostenido, porque nunca termina de revertirse los defectos que en algún momento fueron coyunturales, pero que con el correr de los años se convirtieron en estructurales, como la alta inflación, el desequilibrio de las finanzas públicas, la restricciones externas por no haber ocupado y preocupado la dirigencia política por alentar y sostener la formación de un mercado de capitales y fomentar los acuerdos de libre comercio.

Cada vez que se intentó algo parecido aparecieron los "iluminados" en el Poder Ejecutivo de turno, con el natural respaldo de un cuerpo legislativo más preocupado por cuidar su banca y la del partido que por el futuro del país y sus habitantes, que votaron con con mayor entusiasmo la confiscación del ahorro privado y la creación y extensión de impuestos de emergencia, que el incentivo a las exportaciones y la inversión, para construir el camino sólido que conduzca al crecimiento sustentable del PBI, el empleo y el consumo.

El resultado de las faltas de consensos para transitar ese proceso, y la alta debilidad de la dirigencia política que la lleva recurrentemente a caer en la tentación del atraso cambiario y tarifario, fue que con la apuesta al dólar como reserva valor el gran perdedor haya resultado en los últimos 70 años la sociedad en su conjunto, mientras que muy pocos pudieron ganar, o al menos escapar a las garras de un Estado gastador y con alta inclinación por crear impuestos mal llamados de emergencia.

Frente a una nueva crisis cambiaria que entró en el quinto mes, forzada por el mercado ante la negativa del Gobierno a oír las voces de alertas de muchos economistas, no sólo de la oposición, sino también de la gran legión de profesionales independientes muy consultados por las empresas, inversores internacionales y también de organismos de crédito mundial, aunque en los últimos días algo parece haber comenzado a cambiar, Infobae entrevistó a Lorenzo Sigaut Gravina, economista jefe de la consultora Ecolatina, que forma parte de la nueva camada de jóvenes y que junto con uno de sus maestros de post grado, Roberto Frenkel, escribió un paper sobre "la inflación en los años 2000", en el que se analizaba los factores determinantes de ese proceso y las salidas.

"Roberto Frenkel "es ¡de lejos! uno de los economistas que más claro predijo lo que iba a pasar, por el problema del atraso del tipo de cambio real", dijo en la breve charla previa a la entrevista.

Justamente, en una entrevista con Infobae Frenkel explicó su modelo econométrico que anticipa con notable precisión la inflación del mes siguiente, y cómo la denominada inflación núcleo que tanto miraba el ex presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, era "contaminada" por la variación previa de los precios regulados y también los estacionales. No sólo eso, había advertido "en algún momento la autoridad monetaria va tener que intervenir para pararlo cuando el tipo de cambio empiece a subir".

– Su padre, cuando fue ministro de Economía, desde el 1 de abril de 1981 hasta el 20 de diciembre de ese año, grabó en la historia económica argentina la frase: "el que apuesta al dólar pierde", la cual se interpretó del lado de los inversores como un pésimo consejo; pero desde el lado del efecto sobre la economía en su conjunto puede considerarse como un lamentable acierto, porque refleja la constante huida del peso de las garras de un Estado que se ha mostrado confiscador del ahorro en la moneda nacional y que ha sido el principal responsable del estancamiento del país. ¿Usted qué opina?
– Cuando mi padre dijo esa frase aún no había nacido. Pero si puedo ver que sistemáticamente para la Argentina el problema se centra en la cuestión cambiaria, de hecho decimos "subió el dólar", cuando en realidad lo que ocurre es que se devalúa el peso. Y la verdad es que tropezamos una y otra vez con la misma piedra, que es la famosa restricción externa (falta de divisas). Por eso digo que muchas veces hay varios economistas que ponen gran énfasis en el déficit fiscal, porque en casi todas las crisis estuvo presente el desequilibrio de las finanzas públicas, también en todas estuvo presente la cuestión cambiaria. Y, o casualidad, siempre hemos tenido que recurrir a prestamistas de última instancia, porque se han generado repetidamente problemas de financiamiento de la deuda pública, y que están vinculado con la escasez de divisas. El endeudamiento también es en moneda dura.

Siempre hemos tenido que recurrir a prestamistas de última instancia, porque se han generado repetidamente problemas de financiamiento de la deuda pública, y que están vinculado con la escasez de divisas

Brasil tiene también un problema de magnitud de la deuda pública, pero ha logrado en los 90 emitir bonos en su moneda. Eso lo pone en un escalón más arriba que la Argentina, porque en última instancia cuando se debe en moneda extranjera la mayor parte se genera un doble problema, no sólo hay que tener superávit fiscal para pagar los compromisos en la moneda nacional, sino que además se requiere lograr disponibilidad de dólares a través del saldo del comercio exterior.

– ¿Cree que la dependencia del financiamiento externo es producto de que en la Argentina no nos hemos  ocupado y preocupado por generar un mercado de capitales, y cuando se lo intentó recrearlo con el sistema de ahorro privado para la jubilación, con el sistema de AFJP no se lo dejó que madure?
– Primero, creo que lo que se puede decir es que lo que más falló en la Argentina fue sistemáticamente encontrar una salida exportadora, porque a medida que se genera déficit comercial se necesita más entrada de capitales financieros. Incluso si hubiese un mercado de capitales interno desarrollado, se seguiría teniendo la preocupación por obtener ingreso de dólares financieros para pagar el exceso demanda de divisas. Por eso insisto con que la restricción externa la veo primero por el exceso de importaciones sobre exportaciones, porque si tuviéramos, por lo menos, superávit en ese flanco, no sería tan grave el rojo de la cuenta corriente, por el pago de intereses de la deuda pública externa elevados.

La realidad es que, salvo en algunos períodos especiales en los que se logró tener un tipo de cambio real competitivo y estable, no hemos podido obtener superávit comercial permanente. Eso nos pone en una situación en la que se empieza uno a cero abajo, y no alcanzaría con tener un mercado de capitales razonable, como el de Brasil o Chile, porque aún así la Argentina necesitaría del ingreso de capitales del exterior, o del endeudamiento en divisas del sector público, para compensar el déficit externo.

– ¿Con la fuerte corrección cambiaria de los últimos meses que impuso el mercado, porque el Gobierno no quiso, no supo o no pudo, se llegó a una relación entre el peso y el dólar competitivo, o aún es prematuro saberlo, porque resta ver cuál será el traslado a precios?
– Dada la crisis de confianza que existe en materia económica, e incluso en la conducción de la Argentina, es difícil pensar que el tipo de cambio se vaya a apreciar significativamente en términos nominales. La pregunta es ¿si el Gobierno firma un segundo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que le permita adelantar mucho financiamiento, que el tipo de cambio no se quede quieto en términos nominales.

– ¿Porque la inflación de los próximos meses seguirá alta…?
– Si, sabemos que la inflación de septiembre y octubre, e incluso hasta fin de año, va a venir con niveles todavía muy altos. Septiembre en torno de 6%; octubre un 4%, y en noviembre y diciembre también será elevada.

“Sabemos que la inflación de septiembre y octubre, e incluso hasta fin de año, va a venir con niveles todavía muy altos. Septiembre en torno de 6%; octubre un 4 por ciento”
“Sabemos que la inflación de septiembre y octubre, e incluso hasta fin de año, va a venir con niveles todavía muy altos. Septiembre en torno de 6%; octubre un 4 por ciento”

– ¿Eso quiere decir que el "borrador" con el que comenzó a trabajar el ahora Ministerio de Economía de 42% a fin de año y que el nuevo Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central (REM) subió a 40,3%, no serían techo, sino un piso?
– Es un piso. Hoy en Ecolatina estamos estimando un cierre de año con una tasa de inflación del 44%. También falta que transcurra el proceso, porque hay acontecimientos que son bastantes recientes, e incluso aún no sabemos dónde se va a estabilizar el tipo de cambio. La proyección para el último cuatrimestre es de un alza de los precios al consumidor promedio de 15%, de ahí que si se estabilizara el tipo de cambio en $39, significaría una pérdida de casi 15% del tipo de cambio real.

– En ese caso, ¿se perdería competitividad respecto de escenario de un mes atrás, o habría que dar marcha atrás con el aumento de las retenciones, con alcance generalizado?
– Creo que, y espero que el Gobierno esté pensando en esto, que lo que le tiene que pedir el Banco Central al Fondo Monetario Internacional no sólo es que le permita usar reservas para intervenir en el mercado cambiario, sino tratar de crear una regla. Porque en tiempos de crisis, y cuándo se ha logrado tener un tipo de cambio que diría es competitivo sin incluir el efecto de la inflación elevada que preveo para los próximos meses, ahora es cuando hay que cristalizar este tipo de cambio real competitivo.

– ¿Qué significa eso?
– Primero, no establecer una regla nominal de tipo de cambio, porque así no va a funcionar, sino que en términos reales, que acompañe el ritmo de la inflación. Para eso se requiere un doble compromiso, por ejemplo que el acuerdo con el FMI contemple que si, por ejemplo, el tipo de cambio real se deprecia más de un 10% del nivel de cierre de agosto, tiene que permitir que la autoridad monetaria pueda vender reservas, porque el peso volvería a estar sobredevaluado, y si, comprar si ocurre el fenómeno inverso.

– Antes de seguir avanzando en el razonamiento, ¿cree que en ese escenario las necesidades de financiamiento de la Argentina deberían ser mayores, no alcanzaría con adelantarlas, porque recursos que estaban pensados para pagar vencimientos de deuda se utilizarían para estabilizar el mercado de cambios? ¿No es eso lo que inquieta a los mercados, porque podrían pensar que la asistencia del FMI no alcanza y que el Gobierno apelará a más impuestos?
– No. Cerrando, el otro compromiso es que el Banco Central compre divisas si el tipo de cambio real cae un 10% del nivel de referencia. Es decir, fijar un criterio de compra y de venta que ayude a estabilizar el mercado de cambios. En ese escenario creo que incluso no haría falta vender muchas reservas. Le pongo el ejemplo concreto. Cuando en mayo el Banco Central puso a disposición del mercado USD 5.000 millones con un dólar bastante más bajo que el actual ($25), y logró estabilizarlo, simplemente con esa oferta. Y no tuvo que vender muchas divisas. Ahora no sólo hay un tipo de cambio competitivo, mejor que entonces.

Por eso creo que lo más relevante para frenar la desconfianza contra el peso, no es ya  subir las tasas de interés, sino que el Banco Central pueda mostrar poder de fuego con el uso de las reservas, es decir capacidad para frenar la suba constante de la cotización del dólar. Para eso se requiere contar con más divisas  y poder usarlas.

Creo que lo más relevante para frenar la desconfianza contra el peso, no es ya  subir las tasas de interés, sino que el Banco Central pueda mostrar poder de fuego con el uso de las reservas, es decir capacidad para frenar la suba constante de la cotización del dólar

– Sin embargo, desde el 22 de junio cuando ingresaron los USD 15.000 millones del FMI hasta ahora, las reservas brutas del Banco Central se derrumbaron en más de USD 12.000 millones, en su mayor parte por ventas fuertes de intervención al mercado…
– No llegó a intervenir "fuerte", eso es lo que hizo Federico Sturzenegger. De hecho, cuando se levantó la barrera de la subasta diaria de USD 5.000 millones, y se vio que el Banco Central tenía reservas pero no que las usaba en la magnitud necesaria para vencer al mercado, sino a medias, demostró que no sirvió.

“Cuando se levantó la barrera de la subasta diaria de USD 5.000 millones, y se vio que el Banco Central tenía reservas pero no que las usaba en la magnitud necesaria para vencer al mercado, sino a medias, demostró que no sirvió”
“Cuando se levantó la barrera de la subasta diaria de USD 5.000 millones, y se vio que el Banco Central tenía reservas pero no que las usaba en la magnitud necesaria para vencer al mercado, sino a medias, demostró que no sirvió”

– Pese a la sostenida caída de las reservas, los depósitos en dólares en el sistema bancario se mantienen en ascenso, salvo los clásicos movimientos de fines y principios de mes por urgencias financieras de las empresas. A partir de ahí comenzaron a surgir voces que alentaban la dolarización de toda la economía. ¿Usted que piensa?
– Como primer punto, a diferencia de la crisis de 2001/2002,hoy hay un sistema bancario en general más sólido, que claramente tiene muchísimo más depósitos en dólares que en pesos, porque con prudencia y con el aprendizaje de la Convertibilidad, que no sólo terminó con una crisis financiera, sino también social y política, todo junto, claramente el problema que había era de muchos préstamos en dólares a quienes sólo generaban pesos. Hoy no hay ese descalce de monedas, pese a que la anterior autoridad monetaria flexibilizó el régimen de crédito en divisas a empresas vinculadas directamente con el negocio de exportación.

Eso permitió que se haya producido un notable ajuste del tipo de cambio real sin que se desatara una crisis en el sistema financiero local. ¿Va a haber stress?, seguro. Porque una cosa es comprar dólares a través del sistema de banca electrónica que quedan encajados en el Banco Central, por decirlo de una manera simplificada, y otra es si la incertidumbre y la desconfianza se profundiza, y se a comprar por ventanilla del banco o de una casa de cambio, porque eso significa que es para retirarlo del sistema. Es un riesgo, pero aún no se ve. Lo que preocupa es que las reservas siguen cayendo.

– Dicho eso, y considerando que el mercado quiere dólares, aún dentro del sistema bancario, ¿cree que sería conveniente optar por la dolarización y abandonar el sistema bimonetario, con un peso que se deprecia constantemente?
– No, sobre todo si se piensa que algún día la Argentina puede volver a ser un país en serio, con una política monetaria y cambiaria, y no perder la soberanía monetaria. Y habiendo tanto grandes economistas en el país parece que sería una solución extrema en busca de dejar de tropezarnos siempre con la misma piedra. Pero confío en que se puede evitar eso, superar el obstáculo y tener una política monetaria sólida.

– ¿Usted cree que el mercado cree en esa posibilidad de que los políticos y economistas consensuen políticas que conduzcan a restablecer las instituciones de la estabilidad de las reglas monetarias, cambiarias y fiscales, o lo ve descreído, porque en los últimos años han predominado las políticas confiscatorias y suba de impuestos para financiar a un Estado que cada vez gasta más y nunca le alcanza, y que ha llevado al estancamiento de la economía?
– Lo que pasa es que optar por la dolarización tiene el costo de que es irreversible, muy irreversible. Ya la Convertibilidad era muy difícil de desandar, y cuando se la abandonó fue muy traumática y con alto costo social. Por eso no estoy de acuerdo, y creo que los argentinos deberíamos, aspiracionalmente, esquivar la piedra.

De hecho, una de las mayores críticas que le hago a este Gobierno fue el de subestimar la restricción externa de falta de divisas sistemáticamente, y pensar que con un tipo de cambio de $20 era competitivo y mal gastó más de USD 10.000 millones tratando de defender esa paridad. Quizás ahora uno podría decir que habría dejar que el tipo de cambio avance hasta $30 y ahí intervenir, y ahora que está en torno de $40 que es muy competitivo debería haber hecho esa política.

Por otro lado, había cuestiones que empezaban a plantearse en la sociedad, como la necesidad de tener crédito  hipotecario en pesos indexado, a Chile le funcionó en el pasado. Ese es el camino que habría que andar. Obviamente, que antes de que asumiera este Gobierno se produjo la intervención del Indec que hizo imposible diseñar un esquema de depósitos ajustables por inflación, como intentó alentar el anterior presidente del Banco Central. Confío en que ojalá hayamos aprendido de esos eros y que esta sea la última crisis en este sentido, que nos encuentre tropezando con la misma piedra de la restricción externa.

Había cuestiones que empezaban a plantearse en la sociedad, como la necesidad de tener crédito  hipotecario en pesos indexado, a Chile le funcionó en el pasado. Ese es el camino que habría que transitar

– ¿Qué debiera hacer ahora el Gobierno para no tropezar con la misma piedra, a parte de cerrar un nuevo acuerdo con el FMI con reglas más claras de intervención en el mercado de cambio por parte del Banco Central, y hacer mejores previsiones macroeconómicas, porque en el último años quedaron negativamente superadas en menos de tres meses?
– Lo que sucede es que en abril el plan económico de Cambiemos comenzó a zozobrar y todo el gradualismo no prosperó, tuvo que acudir al Fondo Monetario Internacional, y aún con un préstamo inédito en magnitud y velocidad, y aún así no se  pudo estabilizar la situación; y se debió acudir a un segundo acuerdo.

– ¿Cree que el acuerdo con el FMI II, como lo bautizó Carlos Melconian, implicará de por sí diseñar un plan económico, o simplemente obtener los fondos para revertir la incertidumbre del mercado cambiario y de bonos?
– Justamente por eso, en la nota que escribí para Infobae, vinculada con el aumento de las retenciones, decía que no es cuestión sólo de poner un impuesto de emergencia y de bajar el déficit, sino de tener un plan integral, y aprovechar, quizás, esta última oportunidad, para tener un programa consistente.

– ¿Ese plan económico qué debería incluir para que ahora resulte creíble y no volver a tropezar con la misma piedra, como usted sintetiza la restricción externa?
– En primer lugar, comprometerse a un tipo de cambio real competitivo y estable, para que el sector exportador de la respuesta para salir de la restricción externa. Eso aún no lo sabemos, si que se ha propuesto acelerar la búsqueda del equilibrio fiscal primario, antes del pago de intereses de la deuda pública. La Argentina necesita lograr muchos años con superávit comercial de bienes, y sería ideal que también de servicios, esto es que la balanza muy deficitaria del turismo se de vuelta.

El plan económico del Gobierno debería comprometerse a un tipo de cambio real competitivo y estable, para que el sector exportador de la respuesta para salir de la restricción externa. Eso aún no lo sabemos

Y, si además, hay que cobrarle un impuesto a las exportaciones, por necesidad, si se requiere mantener un tipo de cambio real alto en el tiempo, para que haya incentivos claros para el sector transable, porque la Argentina necesita de esas divisas para comenzar a revertir la estructural restricción externa, que afecta a toda la economía.

– ¿Es suficiente proponerse lograr el equilibrio fiscal primario, o debería ser más exigentes y buscar también terminar con el déficit financiero, porque el mercado puede plantearse que el superávit comercial se destinará a pagar los intereses de la deuda pública, y en algún momento puede tornarse insostenible?
– Es ahí donde empieza a tallar muy fuerte la estrategia de crecimiento, porque el nivel de la deuda es sostenible si se generan divisas genuinas y si aumenta el PBI. Y justamente, como siempre tendemos ahogarnos por el sector externo es que el sector exportador es el que tiene que ser el motor de la reactivación.

De hecho la recuperación que vemos en Ecolatina para 2019 (muestra las proyecciones) indican que terminará con crecimiento cero o levemente negativo, va a venir de la recuperación del sector transable, el exportador, pero el no transable, como el de los servicios y la construcción que es el que pesa más va a seguir rezagado. Pero ambos podrían crecer en simultáneo hacia 2020, paro eso será necesario ya contar con un plan de mediano plazo.

– ¿Qué otro ingrediente debe tener ese plan, además de un tipo real competitivo?
– Quizá lo más importante es cristalizar un tipo de cambio real alto competitivo. No es lo mismo dar un incentivo transitorio que sostenerlo en el tiempo, sobre todo en un mundo complejo para colocar más productos en el exterior; y también se requiere de la sustitución de importaciones, porque tanto un dólar que sume, como otro que reste, ayudará a mejorar el balance de divisas. Y cuando la cotización del dólar no esté todo el tiempo bajo ataque, comenzará a recrearse la confianza en el pes, la inflación tenderá a desacelerarse; el tipo de cambio va tener que seguir el ritmo de alza de los precios, pero a menor velocidad. De ese modo, se podrá ver también un sendero descendente sobre el resto de las variables nominales.

– Luce muy simple, pero no lo es…
– Es claro que será difícil hacerlo, porque en el corto plazo el Gobierno va a enfrentar presiones sociales.

– Hacia ese punto iba mi pregunta siguiente: ¿cómo ve el proceso político para avalar una iniciativa de esa naturaleza que implica "cristalizar" una fuerte baja de los salarios en dólares y también del poder de compra, por la aceleración de la inflación, y el ingreso anticipado en la campaña electoral?
– Hasta ahora vimos medidas aisladas del Gobierno: un nuevo acuerdo con el FMI para reforzar el plan financiero y poner un impuesto de emergencia, o transitorio, a todas las exportaciones, para acercarse al déficit primario cero. Habrá que ver si se logra.

El segundo paso será que se termine de consolidar un modelo de política económica que no le gustaba a Cambiemos, que prefería el gradualismo, y se lo impuso la realidad. Eso debería consensuarlo con la oposición, si cree que así podrá superar la crisis cambiaria y hacia futuro, 2020 en adelante, al incorporarse a la reactivación el sector no transable podrá empezar a recuperarse el poder de compra de los salarios, sobre todo si la "oposición responsable" ve la oportunidad de no volver a repetir los errores del pasado. En situaciones de emergencia se pueden lograr consensos mínimos.

No veo aún clima pre electoral, si una situación social muy compleja, porque las respuestas a este deterioro rápido y aumento de la pobreza, han sido lentas. El primer semestre ya venía mal, y el segundo será mucho peor, porque se produjo el salto de los precios de los alimentos.

No veo aún clima pre electoral, si una situación social muy compleja, porque las respuestas a este deterioro rápido y aumento de la pobreza, han sido lentas

– ¿Cómo cree que se comenzará a acomodar eso?
– Con más gasto. El Gobierno ha anunciado algunas medidas compensatorias, con dos bonos, para la Asignación Universal por Hijo y otros programas.

– ¿Con eso no se atenúa el incremento de la pobreza que se proyecta simplemente por el efecto de la aceleración de la inflación?
– El problema es que eso no es todo. Aún amortiguando el efecto con un bono de emergencia, se agregará el efecto del crecimiento del desempleo. Las estadísticas oficiales del empleo registrado muestran cierto deterioro, eso se va a potenciar en el segundo semestre, por lo que será muy difícil cubrir a pérdida de un ingreso genuino por la vía del trabajo, y eso también impactará sobre el empleo informal y ocasional.

Creo que si el Gobierno se compromete a mantener un tipo de cambio real competitivo alto, no sólo en esta situación, sino de manera permanente, hasta fin de mandato, será el mejor seguro para evitar una nueva crisis cambiaria, y no volver a caer en la inestabilidad sistemática del sector externo. Eso será una herramienta muy poderosa para el mediano plazo, poder repetir el escenario de crecimiento que tuvimos entre 2003 y 2007. Pero falta mucho, una será la señal política que va a venir en octubre o noviembre cuando comience a tratarse el Presupuesto para el año próximo.

Fotos: Thomas Khazki