
Hubo un tiempo en el que la presencia de los peces migratorios en el río Guadalquivir era significativa. Entre ellos, los anádromos —nacen en agua dulce, viven la mayor parte de su vida en el mar y regresan al río para reproducirse— formaban una parte fundamental de la fauna del río.
Todo cambió en 1931, cuando se construyó la presa de Alcalá del Río, reduciendo drásticamente el acceso de estas especies a sus zonas de reproducción. Es el caso de la lamprea marina (Petromyzon marinus), una extraña especie con boca en forma de ventosa que se encuentra en peligro crítico de extinción en nuestro país.
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En Galicia y en Asturias ha menguado de forma alarmante en los últimos años, también en la vertiente mediterráneo y el sur peninsular, donde la tendencia regresiva comenzó mucho antes. En la cuenca del río Guadalquivir, la lamprea apenas ha sido detectada en el siglo XXI —su último registro es de 2014—, llegando al punto de que se consideraba prácticamente extinta en esta zona.

Sin embargo, un equipo científico de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) ha localizado recientemente un ejemplar adulto, de casi un metro de longitud, en Rivera de Huelva, uno de los principales afluentes del río Guadalquivir.
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“No estamos acostumbrados a las buenas noticias cuando trabajamos con peces de ríos y humedales, así que tenemos que celebrar que la especie aún exista en el Guadalquivir”, ha explicado Miguel Clavero, investigador de la EBD–CSIC. “Pero la noticia realmente buena sería que empezáramos a recuperar para los peces migradores parte de la enorme cantidad de hábitat que le hemos quitado con barreras”.
El peligro de las presas en los ríos
Tal y como señala la EBC-CSIC, continúa siendo fundamental ampliar el conocimiento sobre los peces migratorios, que son uno de los grupos de animales más amenazados en España y a nivel global. De hecho, según el reciente informe de la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres (CMS) de Naciones Unidad, las poblaciones de peces migratorios de agua dulce han disminuido aproximadamente un 81 % desde 1970.
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Al igual que la lamprea, otras especies necesitan moverse entre los ríos y el mar, por lo que se enfrentan a la fragmentación de los ríos por barreras como presas, azudes y otras estructuras. Es el caso de la anguila europea o el salmón atlántico, entre otros.
La presa de Alcalá del Río ya ha provocado con anterioridad otras desapariciones. “El sollo (Acipenser sturio), al que hoy llamamos esturión, se extinguió debido a la presa, combinada con la sobrepesca, y lo mismo ocurrió con los sábalos (Alosa alosa) que en el pasado se pescaban en Sevilla”, expone Clavero.
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Claves para evitar la desaparición de la lamprea
Tal y como han señalado los investigadores del EBD-CSIC, la Rivera de Huelva es un enclave “excepcional por ser el principal ecosistema fluvial de la cuenca del Guadalquivir que mantiene contacto directo con el estuario y, a través de él, con el mar. Así, en este tramo coexisten anguilas y albures con especies típicamente fluviales como barbos, camarones de río y tres especies de náyades.
“Es seguramente el tramo más importante para la conservación de los peces y otra fauna acuática de toda la cuenca del Guadalquivir”, afirma Miguel Clavero. Sin embargo, las figuras de protección de ríos, como las reservas fluviales, suelen establecerse en zonas de montaña. “Se tiende a proteger ríos con aguas limpias y bien oxigenadas, que tienen pocos impactos y están bien conservados. Pero eso no implica que sean los más importantes para la conservación de la biodiversidad. A menudo, lo prioritario no coincide con lo más bonito”.
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La fragmentación no es la única amenaza a la que se enfrentan estas especies. El cangrejo rojo americano y la jaiba azul, ambos invasores, se han instalado en el tramo bajo de la Rivera de Huelva, así como ocho peces que pueden impactar a todos los elementos de la fauna del río, como el siluro. “De establecerse una población bien asentada podría depredar sobre los elementos más valiosos de esta zona, como la anguila o, ahora lo sabemos, la lamprea”.
Así, se debe controlar la expansión de estas especies invasoras o incluso eliminarlas del medio natural. Además, los investigadores del EBC-CSIC abogan por eliminar las barreras que forman las presas de Alcalá del Río y Cantillana. “Son estructuras antiguas, pequeñas, con una producción eléctrica muy pequeña, pero con un impacto gigantesco. Si se eliminasen, el tramo que estudiamos en la Rivera de Huelva no sería tan excepcional y daríamos una oportunidad a varias especies de peces que están a punto de desaparecer”.
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