Octavio Paz, escritor mexicano: “Sin libertad la democracia es despotismo, sin democracia la libertad es quimera”

Un recorrido por la importancia de esta gran frase, el contexto de una época convulsionada por los autoritarismos y la vigencia de un axioma político que define la obsesión intelectual del único Premio Nobel de Literatura de México

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Fotografía de Octavio Paz
Octavio Paz, escritor mexicano: “Sin libertad la democracia es despotismo, sin democracia la libertad es quimera”

En un presente global marcado por la polarización extrema, el auge de los populismos de todo signo y el progresivo desmantelamiento de los contrapesos institucionales desde el propio corazón de las urnas, la voz de Octavio Paz suena con lucidez: “Sin libertad la democracia es despotismo, sin democracia la libertad es quimera”. Recorramos este axioma político y filosófico que encapsula la gran obsesión teórica de un escritor que pagó altos costos por negarse a comulgar con los dogmas de su tiempo.

Corría el 23 de abril de 1981. El Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares albergaba la entrega del Premio Miguel de Cervantes, el máximo galardón de las letras hispanas. Al subir al estrado, Octavio Paz no optó por el refugio seguro de la complacencia estética. En su discurso, partiendo de la etimología de la palabra “liberal” y de la figura del propio Miguel de Cervantes, desató una profunda reflexión sobre las tragedias políticas que asolaban a Occidente y, muy especialmente, a América Latina.

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El contexto continental era asfixiante: la región se debatía entre el horror de las dictaduras militares de derecha —con el Cono Sur bajo el yugo de regímenes como el de Jorge Rafael Videla en Argentina o Augusto Pinochet en Chile— y la fosilización de los autoritarismos de izquierda. Si bien la frase resonó en las paredes de Alcalá de Henares, su genealogía conceptual remite de forma directa a la producción ensayística que el autor venía madurando desde los años 70.

Las actas de aquel discurso fueron publicadas de inmediato en revistas de la época, pero el pensamiento quedó inmortalizado en los volúmenes de ensayos políticos que marcaron su madurez, fundamentalmente en el libro El ogro filantrópico (1979) y, posteriormente, en las recopilaciones de Pasión crítica (1985). El ogro filantrópico es, sin lugar a dudas, un texto fundamental para entender la evolución ideológica del escritor. En esta obra, Octavio Paz desmenuza la naturaleza del Estado moderno.

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Octavio Paz durante una visita a España en 1990 (Foto: EFE/J.J. Guillen)
Octavio Paz durante una visita a España en 1990 (Foto: EFE/J.J. Guillen)

El autor ce centra particularmente en el Estado mexicano, encarnado en el régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI). A este sistema de poder lo define como una maquinaria gigantesca que, bajo la promesa de la beneficencia social y el progreso, devora las iniciativas individuales y adormece la capacidad crítica de la sociedad. La importancia de este libro radica en que desmitificó el romanticismo estatista de la izquierda de la época, consolidando un espacio de pensamiento liberal-democrático.

Esta frase no es una declaración aislada; resume de manera perfecta la biografía intelectual de Octavio Paz. En su juventud, el poeta había coqueteado con el antifascismo y las causas socialistas, llegando a viajar a la España de la Guerra Civil. Sin embargo, el descubrimiento de los crímenes del estalinismo y los horrores del Gulag provocaron en él una ruptura temprana y definitiva con los totalitarismos.

Su compromiso con la libertad no fue solo de tinta. En 1968, siendo embajador de México en la India, renunció a su cargo de manera fulminante tras la matanza de estudiantes en Tlatelolco perpetrada por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. Paz entendía que el intelectual debe ser el fiscal del poder, nunca su cortesano. A través de la fundación de las revistas Plural y Vuelta, se convirtió en el faro de una corriente que exigía pluralidad en tiempos de monólogos ideológicos.

En definitiva, la máxima de Octavio Paz funciona hoy como un espejo incómodo para nuestro presente. Nos recuerda que la salud de una sociedad no se mide únicamente por la frecuencia con la que acude a las urnas, sino por la vigencia real de las libertades que se respiran al día siguiente de la votación. Una lección de 1981 que el siglo XXI haria bien en no olvidar.

Octavio Paz nació en la Ciudad de México el 31 de marzo de 1914 y murió un 19 de abril de 1998. Fue poeta, ensayista, escritor, diplomático, y Premio Nobel de Literatura (FOTO: ARCHIVO CONACULTA / FRANCISCO SEGURA / CUARTOSCURO.COM)
Octavio Paz nació en la Ciudad de México el 31 de marzo de 1914 y murió un 19 de abril de 1998. Fue poeta, ensayista, escritor, diplomático, y Premio Nobel de Literatura (FOTO: ARCHIVO CONACULTA / FRANCISCO SEGURA / CUARTOSCURO.COM)

¿Quién es Octavio Paz?

Octavio Paz Lozano nació en la Ciudad de México el 31 de marzo de 1914, en pleno apogeo de la Revolución Mexicana, en el seno de una familia de fuerte tradición intelectual y política. Creció rodeado por la vasta biblioteca de su abuelo paterno, lo que despertó su temprana vocación por las letras, publicando sus primeros poemas en la adolescencia. A lo largo de su vida, combinó su brillante carrera literaria con la diplomacia, representando a su país en Francia, Japón y la India.

Fundador de revistas culturales clave como Plural y Vuelta, se convirtió en un faro del pensamiento crítico y el debate ideológico en Hispanoamérica, lo que le valió el Premio Miguel de Cervantes en 1981 y el Premio Nobel de Literatura en 1990. Su vasta y polifacética obra transitó con igual maestría la poesía experimental y el ensayo profundo. Entre sus títulos líricos más célebres destacan Libertad bajo palabra y el monumental poema Piedra de sol, estructurado bajo la cosmogonía azteca.

Como ensayista, transformó la comprensión de la identidad latinoamericana con El laberinto de la soledad, exploró la teoría poética en El arco y la lira y realizó una minuciosa biografía histórica en Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. Tras padecer un cáncer prolongado, el célebre escritor falleció el 19 de abril de 1998 en la misma ciudad que lo vio nacer, dejando un legado imperecedero como uno de los máximos referentes de la literatura universal del siglo XX.

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