
En medio del éxito por su participación en la nueva serie de Moria Casán, Leticia Bredice habló sobre las secuelas que le dejó la presión por su cuerpo y su dificultad para aceptarse frente al espejo. Así las cosas, en una entrevista en la que también relató por qué pidió participar en la miniserie sobre La One, contó cómo terminó interpretando a Susana Giménez.
Durante la conversación con Catalina Dlugi, en La Once Diez Radio Ciudad, la actriz trazó un recorrido entre su historia personal, su vínculo con Susana y una confesión sobre el impacto que tuvo en su vida la exigencia física dentro del medio artístico. Bredice sostuvo que todavía arrastra ese conflicto de percepción corporal, pese al paso del tiempo y a su trayectoria en cine, teatro y televisión.
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En el tramo más íntimo de la entrevista, Leticia Bredice recordó que en sus primeros años de carrera recibió mensajes directos sobre su aspecto físico. “Con dos kilos menos este vestidito te quedaría perfecto”, señaló al mencionar una de las frases que escuchó. También citó otra sentencia que definió como parte de esa lógica de época: “Las actrices no son gordas”.
A partir de esa presión, la actriz contó que comenzó a consumir anfetaminas cuando era muy joven. Según su relato, llegó a pesar 40 kilos y, aun en ese estado, seguía percibiéndose fuera de los parámetros que le imponían. “Es el día de hoy que me miro y no me acepto en el espejo”, afirmó. Luego aclaró que no atraviesa una situación crítica en el presente, aunque reconoció que esa marca persiste.
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El testimonio expuso un problema de larga duración. Bredice explicó que no logra verse “ni como una mujer linda, ni como una mujer con un buen cuerpo”, y planteó que esa vivencia no responde a una exageración ni a un recurso discursivo. La actriz indicó que, después de hacer pública esa experiencia, recibió una gran cantidad de mensajes de personas que atravesaron situaciones similares.
En ese punto, Catalina Dlugi remarcó la gravedad de una falta de aceptación que puede afectar la creatividad y el desarrollo profesional. Bredice respondió que aquella etapa dejó una huella profunda, en un contexto en el que, según su relato, el consumo de anfetaminas aparecía naturalizado entre muchas mujeres del ambiente, más allá del riesgo para la salud.
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La entrevista también se detuvo en su presente laboral y en su participación en la producción dedicada a Moria Casán. Bredice reveló que fue ella misma quien llamó a la conductora para pedirle un lugar en la miniserie, incluso en un papel mínimo. “Abro la puerta de un auto, estoy sentada, lo que quieran, pero quiero estar por lo menos un día”, recordó que le dijo, movida por la idea de no quedar afuera de un proyecto ligado a una figura central de su vida y de su carrera.
Ese pedido terminó con un resultado mayor al que imaginaba. La actriz quedó a cargo de interpretar a Susana Giménez, una figura a la que vinculó con su propia infancia. En su recuerdo, la presencia televisiva de la conductora funcionaba como un alivio en medio de un contexto familiar difícil. Bredice describió a Susana como una presencia asociada a la alegría y dijo que su aparición en pantalla detenía todo lo que ocurría a su alrededor.
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También repasó el vínculo personal que mantuvo con Giménez fuera de cámara. Contó que compartieron salidas, celebraciones de Año Nuevo y trabajos, y destacó la cercanía que tuvo con ella en momentos importantes de su vida. En ese repaso, mencionó la ayuda que recibió tras el nacimiento de su hijo, con regalos como ropa, pañales, un carrito y otros elementos para el bebé.
A la hora de explicar por qué hizo público su pedido para sumarse a la serie, Bredice lo vinculó con su manera de atravesar la profesión. “Los sueños no hay que abandonarlos en ningún momento. En ningún número de la vida”, dijo. También defendió la vigencia laboral de las intérpretes de todas las edades y rechazó la idea de que exista un momento límite para seguir actuando.
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La actriz definió ese gesto como parte de una actitud de exposición y valentía personal, lejos de cualquier cálculo. En la misma entrevista, esa decisión quedó enlazada con otra exposición más difícil: la de hablar sobre la presión estética en el mundo actoral y las secuelas que todavía reconoce cuando se mira al espejo.
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