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La reflexión de León Tolstoi, escritor ruso, sobre el aprendizaje: “La verdadera sabiduría no reside en el conocimiento absoluto, sino en el saber qué cosas son necesarias”

Durante 15 años, el autor de ‘Ana Karenina’ recopiló reflexiones de grandes pensadores con el objetivo de “reunir la sabiduría de los siglos en un solo libro”

Leon Tolstoi
Leon Tolstoi
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León Tolstói (1828-1910) pasó los últimos 15 años de su vida reuniendo pensamientos de filósofos, escritores y grandes pensadores con un objetivo: ofrecer una reflexión para cada día del año que ayudara a sus lectores a vivir mejor. Así, el 15 de marzo de 1884, el escritor ruso conocido por Ana Karenina o Guerra y paz registró por primera vez el concepto en su diario: “Tengo que crearme un círculo de lectura: Epicteto, Marco Aurelio, Lao-Tzu, Buda, Pascal, el Nuevo Testamento. Esto también es necesario para todo el mundo”. Un año después le escribió a su asistente, Vladímir Chertkov: “Me gustaría crear un libro en el que pudiera hablarle a una persona de su vida y del buen modo de vida”. Además de las citas históricas, añadió alrededor de 800 pensamientos propios, los cuales fueron redactados de sus años de meditación o extraídos de las entradas previas de su diario.

El resultado fue A Calendar of Wisdom (Calendario de la sabiduría), donde reunió una reflexión para cada día del año. Entre ellas figura una de las más representativas de su pensamiento: “La verdadera sabiduría no es el conocimiento de todo, sino el conocimiento de qué cosas en la vida son necesarias, cuáles son menos necesarias y cuáles son completamente innecesarias de conocer”. El libro fue escrito entre diciembre de 1902 y enero de 1903, cuando el autor, ya en la setentena, cayó gravemente enfermo, aunque continuó revisándolo hasta el final de su vida.

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Un calendario de sabiduría.
Un calendario de sabiduría.

La cita forma parte de la entrada correspondiente al 16 de marzo, donde Tolstói sostiene que el conocimiento por sí solo no basta. “La ciencia moderna no puede estudiarlo todo; sin el respaldo de la religión, la ciencia no sabe qué debe estudiar”, escribió antes de defender que la verdadera sabiduría consiste en distinguir qué merece realmente la pena conocer. De hecho, en el mismo texto añade que el conocimiento más importante es aquel que enseña “cómo vivir bien”, es decir, como causar “el menor mal posible y el mayor bien”.

La reflexión concluye con una adaptación de un pensamiento de Jean-Jacques Rousseau, autor de El contrato social: “A quien sabe poco le gusta hablar, y quien sabe mucho suele guardar silencio. Esto se debe a que quien sabe poco piensa que todo lo que sabe es importante y quiere contárselo a todo el mundo. Quien sabe mucho también sabe que hay mucho más que desconoce. Por eso solo habla cuando es necesario hacerlo y, cuando no le hacen preguntas, guarda silencio”.

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La obra conoció varias versiones a lo largo de la vida de Tolstói. La primera se publicó en 1904 bajo el título Pensamientos de hombres sabios, mientras que la segunda, revisada y ampliada entre 1905 y 1907, adoptó el nombre de A Calendar of Wisdom (Calendario de la sabiduría) y reorganizó las reflexiones por temas para cada día del año. En 1910, pocos meses antes de su muerte, el escritor publicó una tercera edición, simplificada y rebautizada como El camino de la vida, pensada para que pudiera ser leída también por campesinos y niños. Tras la Revolución Rusa, el régimen soviético prohibió su publicación por su marcado contenido espiritual y sus numerosas referencias religiosas. No volvió a editarse en Rusia hasta 1995, cuando reapareció con gran éxito y superó los 300.000 ejemplares vendidos.

El origen de la cita

Nacido en 1828 en la finca familiar de Yasnaia Poliana, en el seno de una familia aristocrática rusa, estudió en la Universidad de Kazán, aunque abandonó los estudios antes de graduarse. En 1851 se alistó en el ejército junto a su hermano Nikolái y combatió en el Cáucaso y, posteriormente, en la guerra de Crimea, una experiencia que inspiró sus Relatos de Sebastopol y consolidó su rechazo a la guerra. “Las cuestiones que no resuelven los diplomáticos menos aún las resuelven la pólvora y la sangre”, escribió.

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En 1852 publicó Infancia, el primero de los textos autobiográficos que, seguido de Adolescencia (1854) y Juventud (1857), le hicieron famoso. Tras viajar por Europa en 1857, regresó a Yásnaia Poliana y fundó una escuela para hijos de campesinos, una muestra de la preocupación social que marcaría buena parte de su vida.

La publicación de Guerra y paz (1865-1869) y Ana Karénina (1873-1878), consideradas dos de las grandes novelas de la literatura universal, lo consagró definitivamente como escritor. Sin embargo, el éxito no evitó que atravesara una profunda crisis espiritual, plasmada en Mi confesión (1878-1882), donde defendió un modo de vida inspirado en el Evangelio, el trabajo manual, la castidad y la renuncia a la violencia.

A partir de entonces centró su producción en ensayos, tratados morales, cuentos y obras de teatro, aunque todavía publicó la novela Resurrección (1899). En 1901 fue excomulgado por la Iglesia ortodoxa rusa. Nueve años después, en 1910, murió en la estación ferroviaria de Astápovo.

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