
El relato de un pibe intoxicado que no puede decir te amo, o la historia de un padre muerto que regresa para hablar con su hijo. O una mujer que abandona a su marido, en el octavo mes de embarazo de mellizos. La visita a un ex amante internado en un manicomio, o el falso excombatiente de Malvinas que se aprovecha del dolor colectivo, embauca a todos y les cambia la vida (¿para mal?). En fin.
Nadar de noche (1991, Emecé), del escritor argentino Juan Forn es una antología de cuentos de gente que está triste, que está mal. Que no sabe ni qué decir ni qué hacer. De conversaciones largas, de silencios cortos, de preguntas simples. De relatos que enganchan porque son espejos donde mirarnos. El autor, fallecido en 2021, se queda en el nudo y lo hace casi en el límite de lo posible. Escribe para pensar y repensar vínculos porque – aunque pretenda despistarnos -es el amor, en todas sus expresiones, el eje central de la obra. Para Forn, el amor es complicado y no trae cosas buenas. “Yo creo que cada vez que nos toca nuestra ínfima ración de amor y belleza en esta vida, hacemos lo posible para que se combine con torpor y opacidad; la preferimos mezquinamente reducida. No resistimos la pureza de lo bello ni del amor. Nos aterra. Nos cansa. Nos aburre”. Y si bien se trata de una propuesta de otro siglo (el libro se editó hace 35 años) y muchas cosas cambiaron, hay emociones que se mantienen intactas, simplemente porque son atemporales.
Ocho historias y ninguna flor
Angustia. Hay bastante de esto en los relatos del creador del suplemento cultural Radar (Página12). De variados colores e intensidades. Como que a todos le sale todo mal, aunque por momentos pareciera que no. Buenas noticias hay casi ninguna y malas, muchas. Como sea, cada cuento tiene lo suyo y hay dos que se relacionan: Video y comida china y El borde peligroso de las cosas. Y son justo los dos que más me gustaron. Los personajes, Javier y Daniela son los mismos (salvo por un par que aparece en una de las historias, pero en la otra no), pero con un salto temporal de varios años. Los relatos no aparecen en orden de llegada – primero está el que tendría que estar al final y así- pero en seguida te das cuenta que son uno continuación del otro y que la historia no quedó trunca. Son las únicas dos que podríamos decir que tienen algún tipo de final. El resto: misterio absoluto. Son quiebres, pequeñas epifanías, que aplastan los sueños contra la realidad, y de las que los protagonistas a veces salen mejor o peor, listos para probar de nuevo, o no.

“Lo que más me gustaría es contar una buena historia de amor. Una historia maravillosa, con final feliz, que no pretenda en algún momento hacer sentir a nadie más inteligente de lo que es. Perfectamente sentimental, perfectamente meliflua. Una historia que consiga hacerme creer que todo es posible”, dice uno de los personajes de El borde peligroso de las cosas. Y creo que es el mismo autor el que habla y confiesa su propio deseo, pero no cumplido. Los protagonistas reman en dulce de leche. Están agotados y vacíos. No encuentran la salida, en el caso de que la hubiera. Juan Forn construye micro-mundos de alta intensidad. Hay conflicto, situaciones trabadas, que parece que se van a destrabar y no.
Pero la estrella del volumen es, sin duda, el último de los relatos, que lleva el título de la antología: Nadar de noche. Un padre muerto que regresa para visitar a su hijo. Y al mejor estilo Hamlet, el fantasma vuelve para decir algo. Y justo en el momento adecuado. No parece inesperado. Su presencia no sorprende, como si todos los días te visitaran los muertos. “Entonces oyó la puerta. No el timbre sino dos golpecitos suaves, corteses, casi conscientes de la hora que era. (…) Él no miró el reloj ni se sorprendió, ni pensó que los golpes eran imaginación suya. Simplemente se levantó, sin prender ninguna luz a su paso y cuando abrió la puerta se encontró con su padre parado delante de él. No lo veía desde que había muerto”.
En los cuentos de Forn vamos a encontrar mucho más de lo que está escrito. Y hasta a veces no vamos a entender de qué va. Tal vez sea esa confusión e incertidumbre de los personajes lo que nos atrape. Porque al final nosotros también andamos un poco perdidos, un poco hastiados, un poco rotos. Y no está mal. Somos humanos. Y en ocasiones, y al igual que ellos nadamos en la más absoluta oscuridad.

¿Quién fue Juan Forn?
Escritor, periodista, editor y traductor, nacido en Buenos Aires. Se inició en Emecé, donde fue telefonista, corrector y editor. Dirigió, para Editorial Planeta, las colecciones Biblioteca del Sur (ficción) y Espejo de la Argentina (no ficción). Su primer libro fue un poemario en 1979. Creador del suplemento Radar, de Página 12, publicó novelas y cuentos. También crónicas, como por ejemplo la conocida colección: Los viernes. Tomo uno y dos (2015), Los viernes. Tomo tres (2016), Cómo me hice viernes (2018) y Los viernes. Tomo cuatro, que recopila sus columnas publicadas en Página 12. Premio Konex de Platino 2007: Literaria. Premio Konex 2017: Literaria. Murió en 2021. Nadar de noche (1991) fue su segundo libro de cuentos.
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